Organizaciones resilientes: integrar perspectivas para enfrentar la incertidumbre

En esta columna, Ana Margarita Olivos, gerenta general de Humana Consultores y MSc en dinámicas organizacionales, propone mirar el 8M desde la resiliencia colectiva y organizacional. En un 2026 marcado por bajo crecimiento, transformación tecnológica e incertidumbre, plantea que integrar perspectivas diversas —incluida la de género— no es una agenda paralela, sino una condición estratégica para construir organizaciones más adaptables, cohesionadas y capaces de enfrentar la complejidad.

Por Ana Margarita Olivos. Gerenta general de Humana consultores. Msc Dinámicas Organizacionales

Este 8 de marzo la conmemoración del día de la mujer nos  invita a reflexionar el fenómeno de la resiliencia colectiva.

Las transformaciones históricas que surgen a partir del 8 de marzo de 1908 en Nueva York desde cuando se inicia una serie de demandas por mejores condiciones de trabajo, derecho a voto, la reivindicación de la igualdad de género, y la participación plena de las mujeres en sociedad. Todos fueron procesos sistémicos, y colectivos, sostenidos por redes de apoyo que se han ido articulando y potenciando la capacidad de adaptación frente a contextos adversos.

Porque 2026 no es un año neutro.  En Chile enfrentamos un escenario de bajo crecimiento económico, presión sobre la productividad, transformación tecnológica acelerada y una reforma laboral que continúa reconfigurando la gestión de personas.

A nivel global, la inteligencia artificial está modificando modelos de trabajo, las cadenas de suministro  siguen tensionadas y la incertidumbre geopolítica impacta decisiones estratégicas.

En este contexto, el llamado es a reinventarnos, tanto a nivel individual como organizacional 

Más allá de la diversidad declarativa hoy las mujeres representan cerca del 40% de la fuerza laboral en Chile. Sin embargo, su participación disminuye a medida que avanzamos hacia niveles estratégicos de decisión.  La participación de mujeres en directorios de grandes empresas en Chile bordea el 22%, un 42% de las empresas no tiene mujeres en sus directorios, y en el sector público (Alta Dirección Pública) alcanza cifras cercanas al 38%-41%, aún no paritario. (www.serviciocivil).


Las cifras nos hablan de cómo se distribuyen oportunidades, cómo se construyen trayectorias, cómo circula la influencia dentro de los sistemas empresa. Aquí emerge un concepto clave para 2026: dinámicas organizacionales resilientes con enfoque de género.

No se trata de una agenda paralela ni de una discusión ideológica. Se trata de la capacidad de dinamizar las organizaciones, con foco en los equipos colaborativos de trabajo.   Las organizaciones resilientes son aquellas capaces de integrar múltiples perspectivas sin tensionarse  hasta el quiebre. Son sistemas que aprenden de la diversidad, que revisan prácticas cuando detectan desbalances y que fortalecen sus redes internas para absorber la incertidumbre externa.

En entornos complejos, la homogeneidad reduce la capacidad de anticipación.  La integración amplía la inteligencia colectiva. La inversión en cerrar las brechas de género podría aumentar el PIB per cápita hasta en un 20% (ONU mujeres).

Resiliencia: del discurso a la práctica

Hablar de resiliencia organizacional implica ir más allá de la motivación o la cultura aspiracional, implica revisar prácticas concretas: cómo se diseñan los procesos de promoción y desarrollo, qué métricas se observan al evaluar talento, qué redes internas sostienen las trayectorias profesionales, potenciar metas y trabajos colaborativos, espacios reales de discusión, y cómo se gestionan las conversaciones estratégicas. 

Empresas que han incorporado mentorías cruzadas, patrocinio estratégico y criterios estandarizados de evaluación han logrado no solo mayor movilidad interna femenina, sino también mejoras en clima organizacional, retención de talento, capacidad de innovación, gestión de cambios y resultados operacionales sostenibles.

Cuando las redes internas se fortalecen, la organización distribuye mejor la carga frente a la incertidumbre, se vuelve menos dependiente de figuras individuales y más sostenida por su tejido relacional.  Y ese tejido es lo que permite gestionar las crisis.

Este año plantea desafíos simultáneos: automatización y reconversión de habilidades, exigencias de sostenibilidad y gobernanza, nuevas expectativas generacionales respecto al trabajo y presión por eficiencia y control de costos. La resiliencia organizacional no se construye reaccionando a cada crisis de forma aislada.  Se construye desarrollando sistemas internos capaces de adaptarse con rapidez y cohesión. 

Aquí el enfoque de género aporta una mirada clave: obliga a observar dónde están los nudos invisibles del sistema y cómo se distribuyen oportunidades en contextos de cambio.  Las organizaciones que integran esta mirada no solo avanzan en inclusión, aumentan su sofisticación estratégica.

Conmemorar el 8 de marzo es, por tanto, una instancia de reflexión organizacional que debe promover el diseño de los mecanismos que potencian la resiliencia, y promueve organizaciones comprenden que su fortaleza no está solo en la altura de sus estructuras, sino en la profundidad de sus conexiones.

En tiempos de tormenta, no sobrevive la estructura más rígida. Sobrevive la red mejor conectada.

Las palabras tejidas en esta columna son el eco singular del autor, sin ataduras ni corsés editoriales. Aquí, la responsabilidad recae en quien escribe, no en las creencias de RH Management

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