El problema de los problemas Opinión

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Por Gastón Suárez, ingeniero civil Industrial, Universidad de Chile. MBA Tulane University y Universidad de Chile; magíster en gestión pública Iede, Chile y Gastón Held, M.Sc. en sistemas de ingeniería y economía, Stanford University. Ambos académicos de Ingeniería Industrial, Universidad de Chile.


Los problemas son parte de nuestra vida. Surgen en las más diversas instancias de nuestro quehacer y dedicamos una parte considerable de nuestro tiempo y energía a hacernos cargo de ellos. Solucionar problemas nos motiva y desafía, y valoramos a las personas capaces de hacerlo bien. Solemos pasar rápidamente a la acción cuando los enfrentamos, lo que refleja la manera en que hemos sido educados. Incluso en la vida laboral solemos seguir actuando como estudiantes que resuelven problemas formulados por otros. El foco está puesto en la buena solución.

Muchas veces, sin embargo, el mayor aporte de valor al abordar un problema no es solucionarlo, sino reformularlo o incluso disolverlo.

Un problema siempre es un calce entre la realidad y una interpretación. Como tal, su formulación implica subjetividad, asociada al punto de vista de quien observa y formula. Lo que es presentado como un problema es incluso en realidad, con frecuencia, una solución encubierta (intencionalmente o no), resultado de una forma específica de interpretar la realidad. Concentrarse en la solución al abordar un problema implica asumir tácitamente como propia toda la carga interpretativa de quién lo planteó, sin explicitarla y menos aún cuestionarla. Con ello, se corre el riesgo de terminar dando una buena solución a un problema que, si lo reflexionáramos mejor, podríamos considerar distinto o incluso inexistente. En otras palabras, podríamos terminar respondiendo bien la pregunta equivocada.

Para hacerse cargo apropiadamente de una situación que deseamos modificar parece hacer más sentido partir por entenderla bien y formular correctamente el problema. Einstein planteaba que si tuviera una hora para resolver un problema, dedicaría 55 minutos a entenderlo y solo 5 a elaborar la solución, la que fluiría del entendimiento alcanzado. Un ejemplo de las implicancias que tiene la formulación puede encontrarse en el caso de la compleja convivencia entre peatones y ciclistas. Se podría entender que el problema es la falta de normativa clara, la ausencia de infraestructura adecuada o nuestra cultura de convivencia. En cada caso, tanto lo que hay que hacer, como los costos y los resultados, variará significativamente: no es lo mismo generar una normativa o construir ciclovías que cambiar una cultura.

Las habilidades requeridas para formular adecuadamente un problema son muy distintas de aquellas necesarias para solucionarlo. Para resolver un problema hay que poder compenetrarse del mismo y dominar la técnica que corresponda. Para entenderlo, por el contrario, hay que tomar distancia, no solo del problema, sino también de los propios prejuicios, sesgos y modelos mentales; es decir, salir de la subjetividad personal y estar abierto a considerar diversas visiones. Se debería apuntar a encontrar la interpretación más adecuada a cada situación (que no es siempre la primera; más bien, rara vez lo es), lo que requiere de reflexión y lucidez. Cuestionarse el problema es una situación abierta y desestructurada, en que la orientación la proveen la amplitud de criterio y los valores más que las competencias técnicas. El fortalecimiento de estas habilidades es un desafío no resuelto por nuestro sistema educativo ni la práctica profesional actuales, tanto en lo privado como en lo público.

La época en que vivimos, de frecuentes y significativos cambios, da lugar en diversos ámbitos a situaciones que son entendidas como problemas cuyas implicancias, así como las de las iniciativas que se emprendan para abordarlos -y los costos asociados a ellas-, pueden tener alcances globales. En ese contexto, adquiere una creciente relevancia fortalecer nuestra capacidad de discernir cuándo el problema es el problema y así responder las preguntas correctas que permitan tomar acciones realmente eficaces.