La tecnología y el trabajo: ¿amigos o enemigos?

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Conversamos con Gerson Volenski para reflexionar sobre la disrupción tecnológica y la gestión de personas. Con optimismo militante nos comparte sus miradas sobre las luces, más que las sombras, de la cuarta revolución tecnológica y su impacto en el trabajo. 

En 2017 el Foro Económico Mundial acuñó un concepto que define muy bien el mundo en el que nos encontramos ahora: la cuarta revolución industrial. Con ella llegan diversos tipos de tecnologías a transformar la cotidianeidad, impactando en todos los ámbitos de nuestras vidas. 

El trabajo es una de ellas, y frente al avance e incorporación de la disrupción tecnológica a las dinámicas del mundo laboral, existen dos visiones: quienes la apoyan y quienes mantienen sus distancias.

Gerson Volenski Burgos, director magíster en dirección de personas y organizaciones, en la UAI, conversó con RH Management acerca de las causas y consecuencias de la disrupción tecnológica en el trabajo.

Se ha debatido y conversado mucho sobre si la tecnología va a precarizar o perjudicar el trabajo humano. Existen muchos mitos y aprensiones con el avance tecnológico en el mundo laboral. Gerson nos hace mirar desde otro ángulo.

¿Qué pasaría si en vez de venir a impactar negativamente nuestras vidas nos la facilita? Nos ofrece dos reflexiones al respecto. Considera que categorizar algo como bueno o malo no suma e invita a  desprenderse de esa idea. “Y si miramos bien, es posible que nos demos cuenta que tiene más para entregarnos que para quitarnos”, afirma.

En torno a la precarización, Gerson reflexiona, “¿qué pasa si con la revolución tecnológica los humanos comienzan a hacer trabajo que les corresponde a humanos y máquinas a las máquinas?, ¿eso precariza el trabajo o lo dignificaría? Al analizarlo llegaremos a la conclusión de que quizás existan algunos procesos que siempre le pertenecieron a las máquinas, y dejarle esos procesos a la tecnología no supone precisamente precarización, sino dignificación y la posibilidad de ahorrar tiempo, aumentar la producción y liberar al humano de jornadas tediosas para ofrecerle tareas que realmente pueden desarrollar su potencial”. 

Ser o no ser

Volenski opina que hay una fuerte oposición, proveniente de una parte sindical y académica, en relación a destinar ciertos trabajos a máquinas, robots o inteligencia artificial. Asegura que es un estigma respecto a creer que la tecnología desplazará al humano. Y ahí se cae en la equivocación, nos explica, pues se apresura un pensamiento enfocado en la adquisición de la mejor tecnología sin antes analizar el cimiento: el factor humano. “Es un error ponerse a pensar en esto sin antes analizar qué significan las personas para la empresa (…) el pecado de poner la carreta antes de los bueyes”, comenta. 

Plantea que para eso es necesario abordar estos cambios desde la base, velando por un aprendizaje continuo, por tener claridad en la transformación de empleos y mantener a las personas al tanto, transparentando intenciones y anticipando realidades.

Para gestionar estas transformaciones, centrándose 100 por ciento en las personas, sostiene que existe la disciplina de gestión del cambio. “Las personas que pasan por cambios profundos, pasan por experiencias transformadoras y afloran emociones como el miedo. Para una persona es una pérdida que le digan que todo lo que ha hecho de una forma durante la vida, va a cambiar. Por eso se desarrolla esta disciplina para acompañar emocionalmente a las personas en momentos de cambio”, precisa. 

El académico de la Escuela de Negocios afirma que “cuando hay innovaciones tecnológicas, estos procesos no deben verse como algo aislado de otras áreas en las empresas, sino que junto a esas innovaciones llegan a trabajar expertos tecnológicos, psicólogos, y así se ofrecen fuentes de apoyo cruciales para las compañías. No hay un mapa ni una forma correcta de hacerlo, pero las tendencias que se han seguido por lo general dentro del país, se han observado e imitado de las multinacionales”.

Capacitar y reconvertir 

En vista de la avasalladora llegada de la tecnología como “par” a los trabajadores, en el  2018 el Foro Económico Mundial investigó sobre las competencias o habilidades que se valorizarán más en las personas a largo plazo. Así se ve cómo reconvertir a los trabajadores y anticiparse a las labores donde hay que poner ojo en un futuro para capacitar a las personas y entregarles nuevas oportunidades.:

Al respecto Gerson reflexiona: “si algo tendremos que hacer a futuro, es desaprender y aprender día a día, pues la era digital requiere de otras capacidades y sensibilidades.  Estas tienen que ver con ser capaces de aprender y desaprender, la creatividad, originalidad e iniciativa, programación tecnológica, resolución de problemas complejos, su análisis, influencias y liderazgos, inteligencia emocional. Y con esto el abanico de trabajos nuevos que comprenden el área de la especialización digital tienen que ver con manejo de datos, inteligencia artificial, e-commerce, marketing digital, especialistas en personas y cultura, entre otros”. 

El director del magíster enfatiza que la pandemia fue también un propulsor a nivel mundial de la transformación digital, comenzando con las modalidades de trabajo híbrido y teletrabajo. “Esto trajo incertidumbre, dificultades que impactaron a las empresas en torno a la productividad y el factor humano mismo, porque se volvió difícil generar compromiso entre trabajadores y respeto de rituales si estos no tienen instancias de estar cara a cara. Por otro lado, se luchó con una forma de hacer las cosas para adaptarse a una realidad completamente distinta, que en muchos casos dejó estragos en la salud mental de las personas. Pero también, nos enseñó que desde la tecnología muchos procesos pueden reemplazarse y seguir funcionando”, sostiene. 

“Se podrá acabar la pandemia, pero el covid nos dejó un legado. Nos mostró que podemos hacer muchas cosas de forma diferente, lo que permea los campos de trabajo, de educación, etc. (…) ya no vamos a volver atrás y la pandemia nos enseñó que había formas distintas de aproximarnos. Una de ellas es el trabajo remoto, trabajo híbrido, rol de la presencialidad y virtualidad, etc.”,  enfatiza Gerson.

Los desafíos

Y continúa su reflexión en torno a un gran desafío. “Nos obligará (la pandemia) a volver a mirar al ser humano como ser humano. Como una persona que tiene familia, hijos, familia, mascota, o que enfrenta pobreza o precariedad. Hoy esto nos hará mirar de forma sistémica a la persona. Ya no es alguien que nos va a dar horas de trabajo, es alguien con una realidad personal, que vive lejos, que prefiere jornadas desde casa para no perder tiempo de traslado, etc.”. 

En esta línea, Volenski nos plantea que tanto en el lado humano como en la transformación de los trabajos, existe un común denominador: “la tecnología nos hará tener una mirada más sistémica, completa y humana. Volver a mirar al humano como ser humano”.

Sin embargo, advierte que a pesar de la existencia actual de objetivos tecnológicos, el tema va más allá. “Hay otras cosas que no pueden quedar en el tintero: la experiencia del empleado, qué les está pasando a las personas en su trabajo, qué están viviendo, qué significa realmente la experiencia de trabajar. Para esto, hay que otorgarle un real significado a las personas”.

Y agrega un punto clave. Para él, la diversidad e inclusión al sumarle la tecnología tendrá más heterogeneidad, y esto será fuente creadora de valor. “Por ejemplo, en el caso de personas con discapacidad que han sido excluidas del mundo del trabajo, con la tecnología será mucho más probable encontrar un trabajo para ellos. Y al final, la unión de la tecnología y ciudadanía debería generar un mejor mundo desde las empresas”.

Y como reflexión final, Gerson medita: “el desafío que tienen las empresas en el país y mundo es acercarse más a las personas, romper esta distancia que pareciera mostrar que no hay una sintonía en ambos mundos, y esto con la tecnología podría ser posible. Yo soy un optimista en ese sentido”. 

 

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