Por Patricio Palacios P. Socio Director de TCS Capacita, psicólogo, filósofo, coach, docente del Magíster de Salud Pública de la Universidad Mayor y fundador de P.P. Piensa Positivo.
La llegada de la primavera suele celebrarse como un renacer: los días se alargan, las temperaturas se moderan y los paisajes se colman de color. Sin embargo, detrás del imaginario colectivo de vitalidad y alegría, la evidencia científica internacional y los registros de salud pública revelan una realidad paradójica y alarmante: es precisamente durante los meses de primavera cuando se registra un repunte significativo en las tasas de suicidio. El florecimiento climático oculta una sombría paradoja.
Este fenómeno, documentado durante décadas por diversas instituciones médicas, desmitifica la idea simplista de que el clima soleado es un remedio automático para el sufrimiento psíquico.
Durante años, la creencia popular ha asociado los meses de invierno —caracterizados por la oscuridad y el frío— con las mayores tasas de mortalidad por causas suicidas. No obstante, múltiples estudios epidemiológicos contradicen este mito.
Organizaciones de salud a nivel global han señalado que los índices de autoeliminación tienden a incrementarse hasta en un 10% durante la transición hacia la primavera, un patrón que se repite de manera constante tanto en el hemisferio norte como en el sur.
En regiones donde las estaciones están fuertemente marcadas, la salud mental experimenta sacudidas invisibles pero profundas. Este comportamiento estacional no es aleatorio; responde a una compleja red de factores biológicos, psicológicos y sociales.
La Organización Panamericana de la Salud (OPS) ha señalado reiteradamente que las Américas son la única región del mundo donde la mortalidad por suicidio continúa en aumento, a diferencia de lo que ocurre en otros continentes.
- El peso demográfico y estacional: Países del cono sur como Argentina, Chile y Uruguay presentan patrones estacionales claros en sus registros de mortalidad. Análisis presentados en congresos de salud pública chilena (Medwave, 2024) confirman que la estacionalidad del suicidio impacta de manera transversal en grupos etarios jóvenes, adultos y adultos mayores, mostrando concentraciones particulares en las macrozonas del centro y sur del país durante la transición de septiembre a diciembre.
- El factor de género en el Cono Sur: Los datos de la OPS y los observatorios de salud locales indican que entre el 71% y el 79% de los casos de suicidio en la región corresponden a hombres. No obstante, el incremento porcentual en los intentos y en la vulnerabilidad durante los cambios de estación también afecta de forma crítica a las mujeres jóvenes.
- El “Efecto Contraste”: Este concepto psicológico describe el choque emocional que experimenta una persona sumida en una depresión profunda cuando observa a su alrededor un entorno bullicioso, festivo y lleno de vitalidad. La disonancia entre la alegría externa percibida y el profundo sufrimiento interno intensifica la sensación de aislamiento, incomprensión y desesperanza.
- Aumento de la energía física: Durante las fases más agudas de la depresión clínica o el trastorno bipolar, la apatía y la fatiga extrema pueden privar al individuo de la energía motora necesaria para concretar un acto autolesivo, a pesar de la presencia de ideación suicida. Con el incremento de la luz solar y los cambios neuroquímicos estacionales, los niveles de energía física aumentan, lo que en algunos casos dota a la persona de la capacidad operativa para ejecutar planes que antes no podía llevar a cabo,
- Alteraciones neurobiológicas y del sueño: Las variaciones en la temperatura y la duración del día impactan de manera directa en los ritmos circadianos, alterando la producción de neurotransmisores asociados a la regulación del ánimo, como la serotonina y la melatonina. Esto puede exacerbar trastornos ansiosos y depresivos preexistentes.
El suicidio es un fenómeno multifactorial y prevenible. Cada 40 segundo alguien se suicida en el mundo. Conocer las banderas rojas durante los cambios de estación es vital para familiares y círculos cercanos. Entre los signos de mayor atención destacan:
- Expresiones verbales directas o indirectas sobre el deseo de desaparecer, la pérdida absoluta de sentido de la vida o sentirse una carga.
- Cambios drásticos de conducta, como una repentina e inusual impulsividad, irritabilidad o, por el contrario, una aparente calma inexplicable tras un periodo de profunda crisis.
- Aislamiento social prolongado y abandono de actividades que antes generaban interés.
Si tú o alguien que conoces atraviesa por una crisis emocional o ideación suicida, es fundamental recordar que existen canales de ayuda gratuita y confidencial disponibles las 24 horas del día. En Chile, por ejemplo, se puede acudir al servicio de atención telefónica especializado en salud mental del Ministerio de Salud marcando el *4141.
Las palabras tejidas en esta columna son el eco singular del autor, sin ataduras ni corsés editoriales. Aquí, la responsabilidad recae en quien escribe, no en las creencias de RH Management