¿Y por qué tenemos que adaptarnos nosotros sí las que llegan son ellas?

Las transformaciones culturales generan resistencia, malos tratos e incluso violencia. Esta manera de adaptarnos es la que, esperamos, ponga en juego la recientemente promulgada Ley Karin (21.642), que busca prevenir el acoso sexual, laboral y la violencia en el trabajo, visibilizando una realidad que muchas personas consideraban un mito.

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Por Ana Margarita Olivos, psicóloga experta en resiliencia organizacional. Fundadora y gerenta general de Humana Consultores.

Si bien la norma no garantiza el cambio de las dinámicas organizacionales, este nuevo marco regulatorio viene a redefinir las reglas del juego.  Para todos aquellos, hombres, mujeres y diversidades que han vivido situaciones de acoso o violencia en el mundo del trabajo, ahora al menos hay una ley que las regula, y esperemos funcione como desincentivo a las viejas formas de gestión, a la perpetuación de los grupos de privilegiados o al maltrato como forma de dirigir efectivamente.

La verdad es que todas las organizaciones deben adaptar sus dinámicas organizacionales en el contexto de cambio y crisis en el que vivimos. Si los equipos humanos no entienden eso como parte de los desafíos de la vida laboral, la norma no será más que letra muerta.  Vamos a salir bien en la foto, pero la realidad laboral seguirá siendo precaria.

Hace pocos días en una charla para una empresa ligada a la industria del transporte una de las cinco mujeres presentes en un grupo de veinte dice “Yo soy la única mujer en mi grupo y tengo claro que mis compañeros me ven como hombre más”, esa fue su manera de expresar lo que significa adaptarse a un trabajo tradicionalmente masculino, donde las diferencias prefieren no ser vistas y, por tanto, no se potencian en su máxima posibilidad. Por su parte, uno de sus colegas (hombre) explicaba cómo ese grupo de hombres “la cuida” para que pueda trabajar tranquila. 

¿Cómo se sentiría usted en un trabajo donde debe esperar que sus compañeros la cuiden?  Las formas de trabajar en forma inclusiva y resiliente nos permiten pensar espacios de trabajo más cordiales, desafiantes, donde todos y todas podamos realmente dar nuestro mejor aporte y a todos nos cabe la responsabilidad de promoverlo de esta forma. Recuerde, las empresas las hacen las personas.

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