martes, diciembre 1, 2020

Y llegó marzo

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Todos los años en nuestro país hemos caricaturizado el mes de marzo como el mes “sobrecargado”. Es un clásico el pago de colegios, patentes, el inicio de la rutina y el fin del verano. Este 2020 marzo viene siendo anunciado todavía más polémico.

“Marzo va a ser difícil”, es la frase que más he escuchado durante el verano en el círculo en el que me desenvuelvo pero, al parecer, marzo viene siendo difícil hace mucho tiempo y recién ahora algunos lo están notando.

¿Qué hicieron las empresas para prepararse? ¿Cómo han actualizado, difundido sus planes de contingencia? Tengo la sospecha que pese a que, así como sabemos que en Chile podemos tener un terremoto en cualquier momento y no tenemos la mochila de emergencia lista, las empresas, y sus trabajadores tampoco se han adaptado a la crisis que demoró tanto tiempo en estallar.

Seguimos viendo trabajadores haciendo malabares para llegar al trabajo, pidiendo permisos para irse más temprano e insistentemente tratando de llevar la “rutina”. Como dice una amiga querida “quiero tener una vida normal” ¡No pues! en período de crisis no es posible que usted mantenga su rutina, que lleve su vida normal. De hecho, la escisión de su entorno solo ahondará más la crisis.

Lo veo a diario, en el colegio privado donde mis hijas tienen el “privilegio” de asistir, donde padres, estudiantes, profesores y todos hacemos “como si no pasara nada”. Claro, en esas callecitas de Vitacura no hay protestas violentas… todavía. Y si no las vemos, no existen. Esa complicidad escindida no puede persistir. Están pasando cosas: empresas despidiendo gente, organizaciones cerrando, emprendedores -como nosotras- en extrema tensión por la falta de proyectos o por la incansable presión bancaria. Hay un discurso del apoyo a las Pymes pero que, en la práctica, no se traduce en ayuda real, sino que en burocracias que solo desgastan y no nos pagan las cuentas.

Para quienes no lo hayan notado, marzo fue un mes en el que desde hace más de un siglo las mujeres ya se habían organizado para a luchar por sus derechos laborales, por un trato justo, por visibilizar la diferencia. Si, así como usted lee ¡más de cien años! Y no solo en Nueva York ocurrían estas luchas. En Chile, desde la ciudad de San Felipe, ya se exigía el derecho a inscripción para conseguir el derecho a voto. Así es que no es que ahora “las mujeres estén cambiando” o “estemos sublevadas”. Por el contrario, las luchas actuales, sin duda, se gestaron desde hace mucho tiempo y tiendo a pensar que gracias a esas mujeres valientes y luchadoras habemos otras que hemos tenido más acceso a la educación (una elite todavía), al trabajo remunerado y el coraje para emprender, lamentablemente, no en igualdad de condiciones y menos con equidad.

Coraje, claro que sí. Coraje. Porque si en Chile es difícil ser empresario, les puedo dar fe que ser empresaria, originaria del norte de Chile, mayor de 40 años, con dos hijas, lo hace aún más difícil. Esto, por supuesto, no ha sido un impedimento. Solo doy fe de la carrera con obstáculos que corremos, y con desventaja.

En Humana hemos trabajado intensamente por promover dinámicas organizacionales que favorezcan relaciones interpersonales positivas, las que crean espacios de mayor sinergia y sostenibilidad de las organizaciones. Con este modelo de trabajo a la base, hemos creado un programa de Gestión de Crisis y Resiliencia que potencia a las empresas a mirar los ciclos organizacionales y las crisis que suceden en el contexto como verdaderos impulsores del cambio. Actualmente, las empresas están desafiadas a ser globales, de alta adaptabilidad y elevada exigencia hacia líderes y equipos de trabajo.

Nuestro modelo de Gestión de Crisis y Resiliencia, a su vez, reconoce la necesidad de los sistemas organizacionales por potenciar espacios colaborativos, creativos y positivos de trabajo y, en esa tarea, no nos cabe duda de que la incorporación de la mujer en el trabajo se hace cada vez más relevante.

Claro, incorporar a la mujer al mundo laboral es muy diferente a delegarles el trabajo precario, o las tareas domésticas (aseo, cocina). Muy por el contrario, hablamos de una real decisión de equidad y paridad en los puestos laborales. Sostenemos -como ya debería haber sido comprendido por los y las empresarios y empresarias-, que las mujeres deben ocupar cargos de jefatura, que los sistemas sociales deben adecuar sus políticas de conciliación y, por tanto, que la tarea paralela de hacer familia (cualquiera sea ésta) no sea la excusa para relegar a mujeres capaces, talentosas e inmensamente comprometidas con su desarrollo profesional.

Este 8 de marzo, conmemoramos entonces esta lucha permanente por reivindicar una historia escrita por hombres y culturas organizacionales empeñadas en dividir, separar y competir cuando el mundo de hoy exige colaborar, unir y potenciar la integración de talentos, almas y voluntades. Este 8 de marzo es un nuevo grito, un grito intenso, profundo, de aquellos que se escapan al parir, un grito desalmado, por acelerar los procesos, porque a este paso no lo vamos a lograr no, al menos, para la generación de nuestras hijas.

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