Los oficios manuales, que alguna vez se consideraron menos deseables, parecen tener un futuro más asegurado en el mercado laboral frente a la creciente automatización y el avance de la inteligencia artificial (IA). De acuerdo con un análisis entregado por Latinamérica21, la IA tiene el potencial de reemplazar una gran parte de las tareas de «cuello blanco», mientras que todavía enfrenta limitaciones significativas para ocupar roles manuales y personalizados, lo que podría conllevar a una reivindicación inesperada de la clase obrera.
Las profesiones tradicionales de «cuello blanco», como la enseñanza y la psicología, están comenzando a ser desafiadas por modelos de lenguaje grande (LLM) como ChatGPT, que pueden realizar tareas repetitivas de manera eficiente. Latinamérica21 reporta que el uso de estas tecnologías podría reducir la demanda de profesionales que se desempeñan en áreas donde la comunicación y el análisis de datos son esenciales, generando una vulnerabilidad en estos sectores. No obstante, la interacción humana compleja, característica de oficios manuales, sigue siendo un reto difícil de superar para la inteligencia artificial.
Por otro lado, profesiones como la plomería, la enfermería y la partería parecen más robustas ante la automatización, ya que requieren habilidades prácticas que involucran motricidad fina, intuición y adaptabilidad a situaciones cambiantes. Según Latinamérica21, estos trabajos manuales se mantienen resistentes, al menos a mediano plazo, debido a que las capacidades de la IA y la robótica no han avanzado lo suficiente para ejecutar estas tareas con éxito. En consecuencia, la tendencia actual sugiere que el mercado laboral podría ver un cambio de protagonismo hacia estas profesiones, que por muchos años fueron menos valoradas.
A pesar de los avances tecnológicos, la capacidad de la IA para reemplazar habilidades humanas está limitada en entornos que requieren flexibilidad y respuestas creativas. Los padres de hoy, que alguna vez incentivaron a sus hijos a evitar los trabajos manuales, podrían comenzar a reconsiderar el valor de habilidades prácticas en un entorno laboral cada vez más automatizado.