Vicente Huidobro; Gesto Lingüístico del Vértigo y la Praxis

En su columna, Pedro Felipe Sánchez ofrece una lectura apasionada y profunda de Vicente Huidobro, destacando su gesto lingüístico radical, su Creacionismo como proyecto de vida y su vigencia como poeta que desafió los límites del lenguaje y la realidad.

Por Pedro Felipe Sanchez.

El poeta se hace vidente
vicente
vigente.

Nicanor Parra

Vicente Huidobro escribe con un paracaídas roto, su poesía no desciende; se precipita en espiral, como quien explora el vértigo para sobrevivir a la altura, leerlo es oír estrellarse  un ángel que construye el cielo mientras cae. No camina en línea recta; su biografía se quiebra, su palabra se adelanta.

Intentar la revisión del gesto lingüístico de Huidobro con la mirada del ser histórico heideggeriano parece un desafío no menor, se vuelve clara la necesidad de atisbar la emoción del fenómeno en el momento analítico clave del ánimo del lenguaje. En lógica de La Palabra Quebrada, propuesta por mi maestro Martín Cerda, este texto asume su forma fragmentaria; no busca encerrar, sino irradiar, a Huidobro no se lo explica; se lo incendia. Porque como él mismo dijo, “los verdaderos poemas son incendios”, y su obra es ese incendio aún humeante que desafía las academias.

 

El Hombre como Manifiesto; Biografía y Génesis de la Rebeldía

 

Para comprender la génesis del proyecto de Huidobro, es imperativo situarse en su punto de partida; el Santiago de Chile parroquial de comienzos del siglo XX, una sociedad en la que una modernización  de influencia europea coexistía con las arraigadas y rígidas tradiciones chilenas, nacido en el seno de una de las familias influyentes del país heredero del marquesado de Casa Real y propietario de vastos bienes, (incluida la famosa Viña Santa Rita),  Vicente Huidobro utilizó su origen no como  resignación sino como un pilar para su incontenible rebeldía. Estudio en el  San Ignacio y posteriormente Literatura en el Pedagógico de la U de Chile, la influencia jesuita y su temprana inmersión en las tertulias literarias de su madre, María Luisa Fernández Bascuñán.”(Monna Lisa)”, le entregaron capital social, las herramientas intelectuales y la exposición a la cultura francesa que más tarde serían cruciales, pero que también le generaron el profundo malestar neurótico que catalizaría su disrupción épocal.

Analizar a Huidobro implica, por tanto, desentrañar la coherencia fundamental que subyace en su proyecto; una búsqueda incesante por trascender la realidad dada, primero a través de una biografía vivida como manifiesto, luego mediante la creación y diseño de una rígida y vanguardista doctrina estética , el Creacionismo y finalmente, a través de una evolución poética que constantemente puso a prueba y superó sus propios postulados, culminando en una compleja síntesis de arte, profunda angustia existencial y compromiso político.

Su vigencia, como señalo proféticamente Nicanor Parra, radica en la vigencia de sus exploraciones; la fragmentación del sujeto, la expansión de la conciencia a una escala cósmica, la relativización de la realidad intervenida por la técnica y, sobre todo, la interrogación radical sobre la capacidad y los límites del lenguaje. El concepto de “antipoeta”aparecerá  primigeniamente en el texto Altazor.

El itinerario de su vida y su obra no fue lineal; fue una sucesión de rupturas y reinvenciones, desde su rebelión juvenil contra el orden aristocrático y literario de Santiago, hasta su inmersión en el epicentro de la vanguardia parisina, su posterior compromiso político antifascista y su lúcida meditación final sobre el destino de la poesía.

Es en su libro de crónicas y comentarios  Pasando y pasando (1914)   donde, Huidobro critica de forma mordaz a la Iglesia, especialmente a los jesuitas y a la clase alta, desde una perspectiva irónica y vanguardista.

La obra, fue publicada en un momento de gran actividad literaria y crítica social en Chile, presenta una visión provocadora y cuestionadora de la sociedad de la época,  Huidobro, desde una postura vanguardista, no solo critica sino que también explora temas como la moral, la educación y la política, utilizando un lenguaje directo y a veces irreverente , esta obra que su familia,  escandalizada intentó destruir decía  con una contundencia avasalladora; “Dejemos de una vez por todas lo viejo… Odio la rutina, el cliché y lo retórico… Amo todos los ruidos de las cadenas que se rompen... Admiro a los que perciben las relaciones más lejanas de las cosas…”, haciendo un discreto guiño al delirio anarquista.

Su conferencia “Non Serviam” fue leída en el Ateneo de Santiago, Huidobro articula el núcleo de lo que será el Creacionismo, proclamando la necesidad de una poesía que cese de ser esclava de la naturaleza (“Natura, non serviam“), que no se limite a imitar, sino que cree mundos propios. Es fundamental subrayar la fecha,  1914,   su teoría es anterior a su llegada a París, lo que elimina cualquier prejuicio respecto de su vanguardismo, no fue  un mero producto reflejo de su experiencia en la ciudad luz, esto  lo posiciona como un pensador original y precursor.

Su biografía, a partir de entonces, se convierte en la puesta en escena de esta filosofía, su fuga romántica de Chile con su joven concuñada, Ximena Amunátegui, en una fuga digna de un guion cinematográfico, con persecución en automóvil y disparos….no es una anécdota trivial, sino un acto creacionista en sí mismo; la violenta imposición de una realidad deseada sobre una realidad dada y restrictiva.

El Arte de Construir Mundos

En el impulso rebelde de Vicente Huidobro, la vida misma pedía una forma, un cauce para su torrente, su Creacionismo no fue un simple estallido de ideas sueltas, sino el proyecto de construir un arte con la claridad de una ciencia, deseaba levantar un marco sólido que diera al arte una libertad total y al poeta las herramientas para ser un verdadero creador, un framing artístico en tiempos actuales.

Su famosa orden: “la primera condición del poeta es crear; la segunda, crear, y la tercera, crear”, es la base de todo, nace de la idea de que el poeta es como un “pequeño Dios”, alguien con el poder de dar a luz realidades nuevas solo con la palabra, sin tener que copiar el mundo que nos rodea. Su “horizonte cuadrado” no es solo una bella imagen; es el acto de fundar un mundo distinto, uno que no le debe nada al que ya conocemos.

Para dar orden a este universo, Huidobro desarrolló un mapa, un esquema claro que organizaba los caminos del arte, con esto, se alejaba del sentimentalismo y también del automatismo de los surrealistas, a quienes criticaba por entregarse pasivamente a los sueños. Para él, el acto de crear era un “delirio poético”, sí, pero un delirio guiado por una “conciencia extrema”, era un fuego fatuo que se debe dirigir.

En el vibrante París de su tiempo, su Creacionismo conversó y se distinguió de otras corrientes, del Cubismo, gracias a su amigo pintor,  Juan Gris, tomó la idea de romper la realidad en pedazos para construir algo nuevo, pero Huidobro aplicó esa lección al lenguaje,  aunque participó en la aventura de Dadá, celebrando su libertad para jugar, nunca abandonó su convicción de que un poema es una construcción deliberada, no un producto del azar.

Este diseño de control y esta ambición de crear un sistema propio le dan al Creacionismo un perfil singular en el paisaje de las vanguardias, no es solo un grito, es la arquitectura pensada y sentida de un mundo nuevo.

Altazor; La Caída como Apogeo y Crisis del Creacionismo

Altazor o el viaje en paracaídas (1931) es su puesta a prueba definitiva, su apogeo y simultáneamente, su crisis terminal, fue considerada unánimemente su obra maestra, este largo poema en siete cantos representa una de las contribuciones más significativas de la lengua española a la poesía universal del siglo XX.  Huidobro lleva sus postulados hasta sus últimas consecuencias, explorando el poder del lenguaje para crear, pero también para autodestruirse.

El poema se articula en torno a la metáfora central de una caída,  Altazor, el protagonista un “animal metafísico”, un ángel caído, un pastor de aeroplanos, aviador, pájaro o mago, un Ícaro moderno que se precipita desde las alturas, esta caída no es meramente física, sino fractal; es una caída en el espacio del multiverso sideral, en el tiempo histórico, en el abismo interior del yo,  crucialmente, en el propio lenguaje, resuenan las palabras de Blake sobre “las puertas de la percepción” mientras Altazor cae en una luz sin noche. El mundo se ha quedado huérfano de certezas, es una búsqueda desesperada por construir un cimiento propio sobre las ruinas de un universo donde “Dios ha muerto” y ya no quedan grandes relatos que nos sostengan.

Los primeros cantos mantienen una estructura relativamente coherente, aunque ya impregnados de una profunda angustia existencial que resuena con el Ser y Tiempo de Heidegger, su contemporáneo, Altazor interroga al cosmos, a la muerte y al amor, en un intento por asirse a algo sólido mientras somos arrojados a la muerte. A medida que la caída se acelera, la estructura del poema comienza a desintegrarse, reflejando la desaparición  del sujeto y de su capacidad para ordenar el mundo a través de la palabra.

Aquí se revela la fractura íntima del Creacionismo,  el ideal del poeta-demiurgo, dueño de su creación con “extrema conciencia”, para  nombrar el todo, descubre su propio límite y su fracaso. Es el arte convertido en fantasma de sí mismo,  arrastrado por la fuerza destructiva del propio lenguaje. Altazor es la revelación y confesión de ese fracaso; el fracaso de la poesía para nombrar lo absoluto; una “cosa que nunca es, pero que debiera ser”.

Poesía, Compromiso Político y el “Hombre Total”

La década de 1930, marcada por la crisis económica mundial y el ascenso del fascismo en Europa, lo impulsó a revaluar el rol del artista en la sociedad, su manifiesto o panfleto  “Total”, publicado en 1932, es el documento clave de este giro,  Huidobro impugna las “pequeñas voces sutiles” de los poetas ensimismados en su “yo mezquino” y proclama la necesidad de “el canto del ser realizando su gran sueño, el canto de la nueva conciencia, el canto total del hombre total”.

Este llamado a una “gran síntesis” no implicaba una renuncia a la vanguardia, sino su ampliación, se trataba de integrar la angustia metafísica y la exploración formal con una decidida voluntad de cambio social, este nuevo proyecto se materializó en un intenso compromiso político, Huidobro fundó periódicos de denuncia en Chile como Acción y La Reforma, fue proclamado candidato simbólico a la presidencia, y  adhirió a la causa de la República Española,   durante  la Guerra Civil el bravo general republicano Lister le recomendó combatir en el frente cultural y no en las duras batallas del Ebro… Huidobro participo activamente en el Congreso de Intelectuales Antifascistas de Valencia en 1937. ….Su militancia, que lo acercó fugazmente al Partido Comunista, demostraba su convicción de que la palabra poética debía ser también un instrumento de transformación histórica. Un gesto importante de entender será su fuerte  identificación  con la cultura francesa, frente al triunfo en las elecciones del Frente Popular en 1938 en Chile señalo “estoy orgulloso de este triunfo…. siempre he dicho que Chile es mi segunda patria”

 Volvería al país solamente después de la Segunda Guerra Mundial, asentándose  en Cartagena,  la pugna con Neruda y De Rokha, que se extendió en todos  los campos de batalla ideológicos debe entenderse en este contexto; era una lucha por la hegemonía de distintos proyectos poéticos y políticos en un siglo que exigía al artista la militancia. Neruda lo llamaba “el poeta de cristal, su obra brilla por todas partes, en toda su poesía hay un resplandor europeo que el cristaliza y desgrana en un juego pleno de gracia e inteligencia”. Pese a las serias diferencias que ambos poetas sostuvieron, Neruda escribió en sus memorias “Me es difícil hablar mal de Huidobro, quien me honro durante toda su vida con una espectacular guerra de tinta” Poco antes de morir el año 1948, Huidobro lo visito en su casa junto al escritor Gonzalo Losada, Neruda recordaría que “hablaron como poetas, como chilenos y como amigos!

Vigencia del Cadáver Sublime

Si ocupamos la memoria policrónica como una concepción no lineal del tiempo vemos que al final de su vida, en una carta de una lucidez sobrecogedora dirigida a su amigo Juan Larrea, Vicente Huidobro reflexionaba sobre las proyecciones  de su arte; “Seguramente vendrá otra clase de poesía… (Nosotros somos los últimos representantes irresignados de un sublime cadáver) sic… El nuevo ser nacerá, aparecerá la nueva poesía, soplará  un gran huracán y entonces se verá cuán muerto estaba el muerto”. Esta capacidad para proyectarse  en la historia crea conexiones temporales entre eventos y experiencias que rompen su línea vital, le permite  dimensionar su rol  y ceder el paso al futuro sin renunciar a  su propia épica.

Su obra, por cierto es continuamente revisitada e interpretada, lejos de ser un “sublime cadáver”, ha demostrado una vigencia asombrosa, en tiempos como los nuestros, marcados por estar arrojados a la intemperie metafísica,  ese desamparo que resulta de haber perdido las certezas sin haber encontrado aún nuevas islas para naufragar, la obra de Huidobro resuena con una claridad inesperada. Fue capaz de ver,  antes que muchos, que el sujeto moderno estaba fragmentado, disuelto en la multiplicidad de máscaras que la técnica, los medios y la cultura proliferante imponen. Pero no se detuvo en la constatación de esa fractura; su respuesta fue el salto hacia lo desconocido, la afirmación de un yo creador capaz de reinventarse  en cada palabra, como si cada poema pudiera crear y fundar un nuevo mundo.

El poeta genero un estallido que expandió los límites del lenguaje, revelando su potencia creadora y su capacidad para producir realidades. En esto, se anticipa no solo a las vanguardias estéticas, sino también a los dilemas contemporáneos del pensamiento, donde el lenguaje ha dejado de ser un mero instrumento para convertirse en el territorio mismo del ser.

El ser habita  en el lenguaje, la potente reflexión de Heidegger, compartida por cierto también por Huidobro sigue vigente, el lenguaje es una forma de revelación!

Así, al cerrar este homenaje, no nos despedimos de Vicente Huidobro; lo invocamos, porque su “cadáver sublime” no fue sepultado, sino sembrado en la imaginación del porvenir.

Y desde ahí, como siempre, desde Cartagena, acecha, revela y fulgura.

Las palabras tejidas en esta columna son el eco singular del autor, sin ataduras ni corsés editoriales. Aquí, la responsabilidad recae en quien escribe, no en las creencias de RH Management

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