Según un informe de OIT Cono Sur, las encuestas de uso del tiempo permiten mirar el mercado laboral de América Latina con una amplitud que las mediciones tradicionales no captan: además del empleo remunerado, incorporan los traslados, las tareas domésticas y de cuidado no remuneradas, el ocio y el descanso, y con ello ofrecen una base más completa para discutir jornada laboral, organización del tiempo de trabajo y bienestar.
El documento analiza evidencia reciente de Argentina, Brasil, Chile, Colombia, México, Paraguay y Uruguay, aunque aclara que las diferencias metodológicas entre países impiden comparaciones estrictas. Aun así, identifica tendencias consistentes y de alto valor para las políticas laborales de la región, en especial para entender cómo las personas distribuyen sus horas entre trabajo remunerado, trabajo no remunerado, traslados, ocio y cuidado personal.
La principal conclusión es que el tiempo de trabajo no puede analizarse de manera aislada. Cuando se consideran en conjunto la jornada paga, los desplazamientos y las responsabilidades no remuneradas del hogar, aparece con más claridad cómo se configura la calidad de vida cotidiana y por qué el debate laboral no debería limitarse a las horas dentro del puesto de trabajo.
Tiempo total
Las encuestas muestran que, entre quienes participan en el mercado laboral, el trabajo remunerado y los desplazamientos asociados ocupan una porción central del día. En los siete países considerados, las horas de trabajo remunerado se ubican en torno a ocho horas diarias para los hombres y siete para las mujeres, lo que confirma una distribución desigual del tiempo pago por sexo.
Pero el informe añade un elemento decisivo: los traslados también deben ser leídos como parte de la experiencia laboral. En la región, esos tiempos son elevados, especialmente en grandes ciudades, y su peso no solo reduce las horas disponibles para otras actividades, sino que además incrementa el riesgo de accidentes y enfermedades, con impacto directo en el bienestar físico y mental de los trabajadores.
A eso se suma la persistencia de una fuerte desigualdad en el trabajo no remunerado. Las mujeres destinan hasta el doble de tiempo que los hombres a tareas domésticas y de cuidado, una brecha que se mantiene en todos los grupos de edad y se profundiza entre quienes viven en hogares de menores ingresos. Incluso cuando trabajan de forma remunerada a tiempo completo, siguen dedicando más horas a actividades del hogar, de cuidado y voluntarias.
Bienestar diario
Ese reparto desigual del tiempo repercute sobre la conciliación entre vida laboral y personal. El informe sostiene que cuanto más horas se destinan al trabajo remunerado y a los traslados, menos tiempo queda para actividades esenciales para el desarrollo saludable de las personas, como el ocio, la vida social, la actividad física, la formación y el autocuidado.
La evidencia citada para Chile refuerza esa relación. Allí, 46% de quienes trabajan 46 horas o más declara que le falta tiempo para actividades de ocio y vida social, frente a 31% entre quienes trabajan menos de 30 horas. En Argentina, la población que trabajaba más de 46 horas semanales dedicaba 18 minutos menos por día a convivencia y actividades recreativas que quienes trabajaban menos de 35 horas.
El informe también vincula este fenómeno con la pobreza de tiempo, entendida como la insuficiencia de horas disponibles para cubrir todas las actividades necesarias de la vida cotidiana. En Colombia, por ejemplo, la encuesta 2020-2021 permitió identificar que casi 11% de las mujeres y 7% de los hombres percibía no tener tiempo suficiente para realizar todas sus actividades. El documento agrega que esta situación afecta negativamente la percepción de bienestar, la salud mental, el rendimiento en el trabajo, la creatividad y la calidad de las relaciones interpersonales.
En la misma línea, la información de Chile sobre bienestar subjetivo muestra que la satisfacción con la conciliación entre vida laboral y personal cae a medida que aumentan las horas de trabajo remunerado. Mientras 73% de las personas que trabajan entre cero y cinco horas al día dice estar satisfecha con esa distribución, la cifra baja a 50,6% entre quienes trabajan nueve horas o más. También disminuye la satisfacción con el tiempo disponible para realizar actividades de interés.
Qué mirar
A partir de estos datos, el documento plantea que las encuestas de uso del tiempo entregan insumos directos para diseñar políticas sociales y laborales más precisas. Entre las áreas que pueden orientarse con esta evidencia aparecen la regulación de la jornada y las horas extra, los esquemas de flexibilidad horaria, el derecho a desconexión, la organización de pausas y tiempos de recuperación, el teletrabajo, los servicios de cuidado vinculados al empleo y medidas de movilidad como horarios escalonados o subsidios de transporte.
La señal de fondo es clara: discutir jornada laboral en América Latina exige mirar el uso del tiempo de manera completa. No solo cuánto se trabaja, sino también cuánto se tarda en llegar, cuánto tiempo insumen los cuidados y cuánto margen queda para descansar, vivir y sostener el bienestar.