Por Mauricio Atzeni, académico de la Facultad de Economía y Negocios, Univeridad. Alberto Hurtado.
La propuesta de introducir la negociación ramal en Chile, planteada como parte del programa del gobierno, representa un cambio estructural profundo en la forma en que se llevan a cabo las relaciones laborales en el país. Esta reforma busca permitir la negociación colectiva por sector económico o por “rama”, en lugar de limitarla a nivel de empresa, como ha sido históricamente en Chile. Esta propuesta, aunque compleja, es esencial para avanzar hacia un modelo laboral más equitativo y eficiente.
La viabilidad de esta reforma está intrínsecamente ligada al poder político del gobierno, que se encuentra en una fase descendente de su mandato. Pero la sola inclusión de la idea en la agenda política ya es un logro significativo porque permite abrir el debate sobre la necesidad de reestructurar las organizaciones sindicales y modernizar las relaciones laborales en Chile.
Uno de los argumentos más comunes en contra de la negociación ramal es que representa un retroceso al siglo XX; una visión limitada y engañosa. Porque en realidad es el sistema actual, que fragmenta a los sindicatos a nivel de empresa, lo que mantiene a Chile anclado en el pasado. La centralización de la negociación colectiva a nivel sectorial no solo es una práctica moderna adoptada por muchos países de la Ocde, sino que fortalece la capacidad de los trabajadores para negociar condiciones laborales dignas y justas.
La fragmentación actual, donde una sola empresa puede tener múltiples sindicatos, debilita la capacidad de negociación de los trabajadores. La negociación ramal permitiría a los sindicatos unirse y formar confederaciones fuertes, capaces de enfrentar a los empresarios en igualdad de condiciones. El cambio estructural no solo es lógico desde el punto de vista de la eficiencia organizativa: también es fundamental para garantizar derechos laborales básicos y mejorar las condiciones de trabajo.
El proceso de cambio implicará cambios estructurales y un cambio de mentalidad, donde los sindicatos deberán empezar a pensar más allá de sus intereses inmediatos y colaborar con otros sindicatos del mismo sector. Por donde se mire es una oportunidad para fortalecer el movimiento sindical y construir una base más sólida para la defensa de los derechos laborales.