La Ley Karin, aspira a ser un hito en la lucha contra el acoso laboral y la violencia en el lugar de trabajo en Chile. Con un enfoque que trasciende lo legal para abarcar lo cultural y organizacional, esta nueva normativa representa un paso significativo hacia la erradicación de prácticas abusivas y la promoción de un ambiente laboral saludable.
En el marco de la promulgación de la Ley Karin, Pedro Leiva, director del magíster en gestión de personas y dinámica organizacional de la Universidad de Chile, expuso su visión sobre la relevancia y los desafíos que conlleva esta nueva legislación. Según Leiva, “los cambios en la estructura de poder en las organizaciones del mundo han tenido que implementarse, porque el cambio cultural es muy difícil y lento”.
El experto en dinámica organizacional destaca que, aunque la legislación es un paso importante, el verdadero desafío radica en generar un cambio cultural profundo. “El cambio legal no va a funcionar si no hay un cambio organizacional y cultural”, afirma. En este sentido, enfatiza que la Ley Karin debe servir como catalizador para que las empresas adopten prácticas más inclusivas y respetuosas, reconociendo y erradicando el acoso y la violencia laboral desde sus raíces culturales.
Uno de los puntos más críticos que menciona Leiva es la necesidad de que las organizaciones evolucionan hacia estructuras menos jerárquicas y más colaborativas. “Las estructuras organizacionales que funcionaron en el pasado, hoy día pueden ser vistas como violentas por el ejercicio del poder”, explica. En lugar de un modelo de supervisión estricta, propone un liderazgo que se centre en el apoyo y el desarrollo de las competencias de los empleados, fomentando su autonomía y participación activa.
En relación con la implementación de la Ley Karin, Leiva observa que las gerencias de personas deberán desarrollar y afinar protocolos específicos para la denuncia, investigación y penalización de conductas violentas en el trabajo. Sin embargo, insiste en que el aspecto más crucial es la educación y la concientización de los empleados respecto a qué constituye acoso y violencia laboral. “Hay mucha normalización del maltrato que las personas empiezan a reconocer cuando se empieza a hacer público”, comenta.
La Ley Karin también se enmarca dentro de un contexto global de cambios paradigmáticos en cuanto a la equidad de género y la estructura de poder. “El paradigma de que hay clases y grupos dominantes que ejercen su poder sobre los grupos minoritarios está cambiando”, dice Leiva, subrayando que esta legislación es una respuesta a la demanda social por un entorno laboral más justo y equitativo.
En conclusión, la Ley Karin representa un avance significativo en la legislación laboral chilena, pero su éxito dependerá de la capacidad de las organizaciones para adaptarse y transformar sus culturas internas. “Esperemos que este cambio legal genere un impacto, no solo en las prácticas, sino también en las formas en que las personas vemos el tema del acoso laboral y la violencia”, concluye, resaltando la importancia de este esfuerzo colectivo por un cambio real y duradero en el mundo laboral chileno.