La Universidad de O’Higgins encendió una alerta frente a la creciente validación del trabajo sin remuneración, una práctica que, bajo la promesa de aprendizaje, termina afectando directamente la dignidad del trabajo y profundizando desigualdades existentes en el acceso al empleo. La institución planteó que este tipo de ofertas se presenta como una oportunidad, pero en realidad tiende a reproducir exclusión y precariedad.
Bajo discursos de autosuperación, emprendimiento o meritocracia, se instala la idea de que adquirir experiencia puede ser suficiente retribución. Sin embargo, quienes carecen de redes o respaldo económico se ven forzados a aceptar condiciones laborales sin garantías mínimas, mientras otros pueden sostener períodos sin ingresos como inversión para su futuro.
La lógica del sacrificio individual refuerza un modelo que responsabiliza a las personas por su éxito o fracaso, sin considerar los distintos puntos de partida. De este modo, la supuesta “oportunidad” termina precarizando el trabajo e impidiendo que este sea un espacio de justicia, reconocimiento y desarrollo real.
Aceptar un empleo sin paga, lejos de ser una opción libre, es en muchos casos una imposición estructural disfrazada de mérito. La práctica afecta especialmente a jóvenes y personas en procesos formativos, quienes muchas veces se enfrentan a un mercado laboral que no ofrece condiciones básicas para comenzar su trayectoria.
Desde la universidad se insistió en la necesidad de recuperar el valor del trabajo como una actividad que debe estar siempre vinculada a derechos y dignidad. Promover una ética laboral que respete a quienes trabajan, incluso en etapas iniciales, es clave para frenar la expansión de estas formas de exclusión encubierta.