El Global Justice Report, presentado en el sitio del Global Justice Project, proyecta entre 2025 y 2100 una transformación profunda del trabajo a escala mundial, en la que las horas laborales anuales por persona empleada caerían desde aproximadamente 2.100 hasta cerca de 1.000, como parte de una estrategia que busca combinar bienestar, igualdad y habitabilidad planetaria mediante productividad, reducción de la huella material y cambios en la estructura económica.
La reducción propuesta equivale, en términos generales, a trabajar cerca de la mitad de las horas actuales. El escenario sostiene que los incrementos de productividad podrían hacer posible esta disminución y recuerda que, históricamente, distintos países han destinado parte de esas ganancias a disponer de más tiempo libre, en lugar de utilizarlas exclusivamente para aumentar el consumo de bienes.
Sin embargo, el documento advierte que la viabilidad económica de una jornada más corta no significa que el cambio ocurra de manera automática. Las experiencias históricas de reducción del tiempo de trabajo estuvieron asociadas a una fuerte movilización colectiva y a la acción legislativa, factores que el informe considera probablemente necesarios también para avanzar hacia transformaciones similares durante las próximas décadas.
Menos trabajo
La disminución de las horas laborales forma parte de un concepto más amplio de suficiencia planteado en el escenario. Este enfoque propone reducir tanto el tiempo dedicado al trabajo como la huella material de la economía y modificar los patrones de consumo, bajo la premisa de que el bienestar no depende únicamente de producir y consumir una mayor cantidad de bienes.
En ese marco, el tiempo libre adquiere un valor específico dentro de la medición del bienestar. El escenario calcula que cerca del 89% de la población mundial podría más que duplicar sus ingresos monetarios anuales entre 2025 y 2100. Cuando se incorpora además la valoración del mayor tiempo libre y de la habitabilidad planetaria, más del 99% de la población estaría en una mejor situación que en la actualidad, de acuerdo con sus proyecciones.
El cambio también estaría acompañado por una transformación de la distribución del trabajo entre hombres y mujeres. Para 2100, el escenario plantea una convergencia en las tasas de empleo, en las horas destinadas tanto al trabajo económico como al doméstico y en las remuneraciones promedio. Entre las herramientas propuestas figuran permisos parentales igualitarios, reglas contra la discriminación y cuotas de género en las promociones.
La propuesta conecta así la reducción de la jornada laboral con una discusión más amplia sobre cómo se distribuyen el tiempo, los ingresos y las responsabilidades dentro y fuera del mercado laboral. El documento señala que alcanzar la igualdad de género requeriría cambios de gran alcance en las instituciones, las políticas públicas y las normas sociales, además de transformaciones en la distribución de ingresos y riqueza.
Empleo futuro
Trabajar menos no implicaría, en este escenario, mantener intacta la actual composición del empleo. La reducción de horas tendría que producirse junto con un desplazamiento desde sectores intensivos en materiales hacia actividades consideradas relativamente inmateriales, principalmente educación y salud.
La magnitud proyectada es significativa: la proporción de las horas laborales mundiales destinadas a educación y salud aumentaría desde 11% en 2025 hasta 43% en 2100. El documento vincula esta expansión con necesidades futuras derivadas del envejecimiento de la población y de un mayor acceso de las generaciones jóvenes a la educación superior. Incluso plantea que ese 43% podría resultar insuficiente frente a la escala de las necesidades previstas.
Esta reorganización del empleo forma parte de una transformación económica más extensa que combina reducción del tiempo de trabajo, cambios sectoriales y una menor intensidad material. A ello se suman las propuestas de redistribución de ingresos y riqueza, consideradas necesarias para sostener el modelo y distribuir sus beneficios entre una proporción amplia de la población.
Más que una predicción sobre lo que inevitablemente ocurrirá, el escenario presenta una trayectoria posible hacia 2100 y reconoce que su implementación dependería de decisiones políticas, institucionales y colectivas. En el ámbito laboral, el planteamiento pone en el centro una cuestión que atraviesa la discusión sobre el futuro del trabajo: si las ganancias de productividad se destinarán exclusivamente a producir más o también podrán traducirse en una reducción sustantiva del tiempo que las personas dedican al empleo.
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