El llamado del canciller alemán, Friedrich Merz, a que los ciudadanos “vuelvan a trabajar más y con mayor eficiencia” reavivó un debate que supera los discursos políticos. En medio de una recesión prolongada y una presión creciente sobre el estado del bienestar, Alemania enfrenta retos estructurales en su mercado laboral: alta proporción de empleos a tiempo parcial, brechas de género, escasa infraestructura de cuidado infantil y un sistema de incentivos que debilita el trabajo a tiempo completo. Las declaraciones de Merz, registradas por El País, han sido criticadas por simplificar una problemática compleja.
Según datos de la Ocde, Alemania se ubica entre los países con menos horas trabajadas al año: 1 343 frente a las 1 632 de España. No obstante, estas cifras no reflejan con precisión la carga laboral real, ya que no distinguen entre empleos a tiempo completo o parcial, ni consideran los generosos periodos de vacaciones anuales.
Más del 70 % de las madres con hijos menores de tres años trabaja en jornada reducida, una situación atribuida en gran parte a la escasa disponibilidad de plazas en guarderías y a un sistema que perpetúa la división tradicional de roles. En paralelo, casi la mitad de las mujeres y uno de cada ocho hombres trabajan a tiempo parcial, lo que incide directamente en las estadísticas de productividad.
Expertos advierten que, lejos de tratarse de una cuestión de “pereza”, como insinuó el discurso de Merz, la baja cantidad de horas trabajadas responde a condicionantes estructurales. Holger Schäfer, del Instituto de Economía IW, sostiene que incrementar las horas de trabajo sin mejorar las condiciones que las hacen viables es contraproducente. “Expandir la infraestructura de cuidado infantil lleva tiempo y recursos; no es algo que se pueda resolver con llamados simbólicos”, declaró al medio alemán Süddeutsche Zeitung.
En la misma línea, el sociólogo Philipp Staab, de la Universidad Humboldt, interpretó las declaraciones del canciller como una estrategia discursiva para proyectar problemas económicos sobre el comportamiento individual de la población. A su juicio, se trata de una forma de evitar reformas profundas en áreas sensibles como las pensiones, los impuestos y la inclusión laboral de inmigrantes, sectores que demandan decisiones políticas complejas.
Desde la experiencia cotidiana, trabajadores como Dorothee Schultz y Alexander Eckstein, entrevistados en Berlín, rechazan la idea de que los alemanes sean poco trabajadores. “En todos los países hay personas muy trabajadoras y otras que trabajan menos. No se puede generalizar”, opinó Schultz. Eckstein, por su parte, subrayó que la mayoría ya trabaja entre 35 y 40 horas semanales, y que las diferencias no se deben a la voluntad de las personas, sino a las condiciones en las que viven y trabajan.
Uno de los grandes desafíos es la modernización del sistema de incentivos fiscales. El modelo actual penaliza a muchas parejas si ambos trabajan a tiempo completo, lo que perpetúa la dependencia económica dentro del hogar y desalienta la equidad laboral. A ello se suma una burocracia que dificulta la integración de inmigrantes cualificados, una fuerza laboral potencial clave para enfrentar el envejecimiento de la población.
Propuestas como la eliminación de un día festivo, sugerida por el Instituto IW, han sido vistas como intentos de aumentar las cifras laborales sin atender el núcleo del problema. Analistas coinciden en que lo urgente no es trabajar más horas, sino garantizar que más personas puedan trabajar en condiciones dignas y estables. Para ello, se requiere inversión pública en educación preescolar, mayor flexibilidad en el diseño de jornadas laborales, políticas de integración laboral y una reforma del sistema impositivo que premie el trabajo en lugar de castigar el esfuerzo.
El trasfondo estructural del modelo alemán de trabajo es lo que está en juego. Mientras Merz apela a la moral del esfuerzo, las cifras y experiencias del día a día sugieren que el camino pasa por transformar las bases del sistema, no solo por exigir más horas frente al escritorio.