Trabajadores: voz frente y dentro de la empresa

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Imprescindibles. Pocas palabras resumen mejor la situación de los trabajadores y las trabajadoras en estos días en nuestro país. La pandemia ha demostrado que las sociedades se mueven en torno al trabajo. Nada nuevo, pero muy fácil de olvidar: la producción no es solo cuestión de empresarios y tecnología. Sin trabajadores no hay ni producción ni bienestar posible.

Silenciados. Los trabajadores y las trabajadoras no parecen ser escuchados. Con una de las coberturas más bajas de negociación colectiva de los países de la Ocde, con pocas herramientas sindicales para enfrentar su situación de desigualdad en el trabajo, forzados a asumir la crisis con sus fondos de cesantía. Y, por si faltara algo, con un Estado que fiscaliza poco o nada.

Esta invisibilidad se debe a que, en tres décadas de democracia, las fuerzas políticas que dominaron el escenario –por convicción o inercia– mantuvieron las reglas heredadas de la dictadura, de puño y letra de José Piñera, y que pueden resumirse en: poco o nada de poder para los trabajadores ni para sus organizaciones.

¿Cómo superar esta realidad de las trabajadoras y los trabajadores chilenos? Amplificando su voz tanto frente a la empresa como dentro de ella. Potenciando al sindicato como única expresión de la representación de los trabajadores. Es decir, con la eliminación total e irreversible de los grupos negociadores.

Expandiendo la negociación colectiva. Abriendo múltiples y concurrentes espacios de negociación colectiva: en la empresa, en la rama o sector, ya sea de carácter comunal, regional o nacional.

Apuntalando la huelga como un derecho fundamental de los trabajadores, herramienta clave para dar eficacia a los otros derechos laborales. Una huelga que no quede en la ley sometida a la negociación colectiva y que pueda operar con distintas finalidades, como demandas de higiene y seguridad, cumplimientos de contratos, entre otras.

Cambiando las reglas del juego de la dictadura en el lugar de trabajo, buscamos un fin socialmente valioso para la sociedad en su conjunto –incluyendo las propias empresas–: que ese espacio tan importante para nuestras vidas sea expresión de equilibrio y de voz para todos sus actores. Nada mejor para todos que el diálogo social efectivo.

Pero esa voz no puede ser solo frente a la empresa, sino también dentro de la empresa. Parece correcto involucrar a las trabajadoras y los trabajadores en la dirección, asegurando en las medianas y grandes sociedades anónimas, su participación en los directorios respectivos. Es una potente idea, como acredita la experiencia comparada: Alemania y más de una docena de países en el mundo contemplan alguna forma de participación de los trabajadores en la gestión empresarial.

¿Y los trabajadores más allá de los sindicatos? Es necesario proponer políticas desde el Estado que ayuden a proteger efectivamente a todos los trabajadores. Es urgente poner límite a la colonización de la vida por el trabajo, lo que exige la reducción de la jornada a 40 horas. Se hace necesario también revertir la regulación en materia de teletrabajo, que permite que los empleadores impongan contratos sin limitación de jornada laboral. Las trabajadoras y los trabajadores deben tener acceso a un derecho básico desde inicios del siglo XX: tener vida fuera del trabajo.

Asimismo, es necesario dar vida a la aplicación de las normas laborales vigentes: son dictadas por los gobiernos de turno, pero carecen de eficacia. Como hemos visto en estos meses, derechos establecidos en la ley como la desconexión digital o el pago de los costos del teletrabajo por parte de la empresa, son –en la práctica– letra muerta.

Es imprescindible un sistema de fiscalización laboral radicalmente nuevo, que no dependa –como hasta ahora– del gobierno de turno y que dote a la Inspección del Trabajo de facultades vigorosas de sanción, para darle al Estado en esta materia, por fin, dientes. Todo lo anterior busca solo volver a tratar a las trabajadoras y los trabajadores a la altura de lo que aportan.

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