La terapia hormonal para la menopausia ha sido durante años un tema rodeado de miedo, confusión y desinformación. Según expertos citados por el medio La Vanguardia, este escenario se originó en gran parte por la interpretación errónea de un estudio publicado en 2002, lo que ha contribuido a la actual infrautilización de un tratamiento que, aplicado en el momento adecuado y con las condiciones correctas, puede ofrecer beneficios significativos para la salud cerebral, cardiovascular, ósea y metabólica de las mujeres.
La publicación recuerda que los estrógenos no solo cumplen funciones reproductivas, sino que actúan también en el sistema nervioso, el aparato circulatorio y el metabolismo. Su disminución durante la perimenopausia y menopausia no solo genera síntomas como sofocos o insomnio, sino también cambios en el estado de ánimo, la memoria y el funcionamiento vascular. Pese a estas evidencias, persiste lo que algunos especialistas denominan “hormonofobia”: un rechazo generalizado al uso de hormonas por temor a riesgos como el cáncer de mama, sin matizar los factores que realmente inciden en ese riesgo ni considerar los avances científicos posteriores al estudio inicial.
La médica Rita Caro, expresidenta de la Asociación Argentina para el Estudio del Climaterio, indica que la interpretación que se hizo del estudio Women’s Health Initiative (WHI) en 2002 provocó un descenso abrupto en las prescripciones de terapia hormonal, y que aún hoy es escasa la formación médica sobre el tema. “A veces, una mujer quiere hacer la consulta, pero su ginecólogo no está actualizado”, advierte. A su juicio, este vacío de información técnica impide a muchas mujeres acceder a tratamientos que podrían mejorar notablemente su calidad de vida.
Hormonofobia e ignorancia: una deuda pendiente en salud pública
Uno de los aspectos más destacados por La Vanguardia es que la desinformación no solo se da entre pacientes, sino también entre profesionales de la salud. Esto ha creado un círculo vicioso donde ni se indica adecuadamente la terapia ni se brindan explicaciones claras a quienes podrían beneficiarse de ella. Para Andrea Genazzani, expresidente de la Sociedad Internacional de Endocrinología Ginecológica y otras organizaciones científicas, esta situación debe revertirse con urgencia: la evidencia actual muestra que, cuando se inicia en el momento adecuado —idealmente durante la transición a la menopausia—, la terapia hormonal tiene un perfil de seguridad favorable.
Genazzani sostiene que la ausencia de estrógenos impacta en los vasos cerebrales, con consecuencias en la memoria, el estado de ánimo y el sistema nervioso. Subraya que los beneficios preventivos de la terapia son posibles solo si se administra en el contexto fisiológico de las primeras etapas del climaterio. Una indicación tardía, en cambio, puede no ofrecer los mismos resultados e incluso aumentar algunos riesgos.
En este sentido, el artículo advierte sobre la necesidad de actualizar las guías clínicas y los programas de formación continua, para que más profesionales incorporen estos conocimientos y ofrezcan una atención basada en la evidencia.
Educación y acceso: claves para tomar decisiones informadas
Más allá de lo clínico, el debate expone una falencia comunicacional de fondo: muchas mujeres no cuentan con información clara y actualizada sobre qué esperar de la menopausia ni sobre las alternativas terapéuticas disponibles. Esto contribuye a que el tratamiento se perciba como innecesario o riesgoso, cuando en realidad podría mejorar múltiples aspectos de la salud física y mental si se administra correctamente.
Los expertos coinciden en que no se trata de medicalizar una etapa natural, sino de ofrecer herramientas que mejoren la calidad de vida. Para ello, es crucial superar los estigmas sociales y culturales que minimizan el impacto de la menopausia y tratarla como un tema privado, invisible o inevitablemente negativo.
También se plantea la urgencia de impulsar campañas públicas de educación sanitaria, dirigidas tanto a mujeres como a profesionales, con mensajes claros, accesibles y basados en evidencia científica. Estos esfuerzos permitirían reducir la brecha de información y facilitar decisiones terapéuticas verdaderamente informadas.
Salud integral de la mujer: una responsabilidad compartida
La infrautilización de la terapia hormonal refleja una deuda más amplia con la salud integral de las mujeres en la mediana edad. La combinación de tabúes, prejuicios y falta de formación impide que millones accedan a tratamientos seguros y eficaces. Corregir esta situación implica una responsabilidad compartida entre el sistema sanitario, los equipos médicos y los propios espacios de formación en salud.
El momento para actuar es ahora: cada año, más mujeres llegan a la menopausia sin un acompañamiento adecuado, y con ello se pierde una oportunidad para mejorar su bienestar, prevenir enfermedades y promover una longevidad saludable.