Sufrimiento ético & corrupción

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“Nuestro país cambió radicalmente a partir del año 2011”, señala el académico de la Facultad de Economía y Negocios (FEN) de la Universidad de Chile, Matías Sanfuentes. Para tal afirmación, el experto considera la aparición de un cuestionamiento social a una “forma de relacionamiento de las élites en el manejo de los negocios y del poder, que ha sido puesta en tela de juicio de forma progresiva a través de numerosos escándalos financieros y de colusión que han afectado al país”. Sanfuentes viene estudiando el “sistema de corrupción de La Polar”, que coincidentemente, tiene su debacle en el mismo año del “cambio radical” anunciado por el académico de la FEN. “Lo que hoy resulta inaceptable, antes del colapso de La Polar era el estándar normal de relacionamiento. Por lo tanto, la profunda crisis de confianza que hoy vivimos manifiesta el cuestionamiento a la normalización de la corrupción que recorre en distintos grados y formas a toda la sociedad chilena”. 

El experto define la corrupción como el uso de la autoridad y de los recursos para beneficiarse personalmente de forma ilegítima a costa de los demás. Es cuando “algo bueno se degrada y contamina” y se extiende su efecto negativo al igual que una plaga. Esto convierte a todo individuo u organización en alguien corruptible. Sanfuentes agrega que para que la corrupción se haga efectiva en una organización es necesaria la acción mancomunada de un grupo de personas que a su vez, tendrán distintos grados de responsabilidad en el asunto. “Desde esta perspectiva la corrupción se define como un fenómeno colectivo que se institucionaliza y arraiga en los procesos y estructuras normales de funcionamiento de una organización. Esto hace que los funcionarios internalicen las acciones que sostienen la corrupción como algo permitido, cotidiano, y hasta deseable”. 

“Este es un caso (La Polar) paradigmático de estudio para la realidad chilena, ya que permite retratar aspectos significativos de lo que definimos como la normalización de la corrupción en el mundo corporativo chileno”, señala Sanfuentes y precisa que este segundo estudio fue financiado por el Centro de Estudios de Conflicto y Cohesión Social (COES). La primera investigación utilizó fuentes indirectas (medios de comunicación que publicaron noticias sobre el caso) y en esta segunda oportunidad, se realizaron entrevistas a trabajadores que estuvieron ese período en la empresa. “La investigación la realizamos entrevistando personas que hubiesen estado al menos un año antes de la crisis, durante la crisis y al menos dos años posteriores. Fueron 12 entrevistados y lo que pudimos rescatar de ahí, es de qué manera las personas quedan atrapadas en este sistema y toda la dimensión del sufrimiento que surgía al coludirse con este sistema corrupto. Es decir, el estar haciendo vista gorda de lo que ellos percibían en convivencia con niveles de contradicción y malestar, pero sin embargo, el ser parte de una lógica de funcionamiento institucional en que todo seguía funcionando”. 

Para Sanfuentes es “tremendamente violento” que los miembros de una organización sean apresados y terminan haciéndose parte de un sistema corrupto. “A través del uso de mecanismos defensivos inconscientes, los individuos quedan atrapados en un estado mental no reflexivo que provee un sentido de seguridad existencial, que permite evadir la angustia y la incertidumbre. Este mismo proceso colusivo ocurre con actores externos a la organización que son fundamentales para sostener el sistema de corrupción”. Otro elemento tiene que ver con el planteamiento que hace Dejours, afirma Sanfuentes, que indica que en este tipo de casos no solo hay sufrimiento emocional, sino que el psicoanalista francés habla de un sufrimiento ético, “que tiene que ver con hacerse parte de un sistema del mal, o de elementos que se perciben que son incorrectos, contradictorios, pero a los cuales terminó suscribiendo igual”. 

El académico señala que el estudio plantea que todos somos responsables de que ocurran casos como La Polar. La corrupción se sostiene porque muchas instituciones y sujetos permiten que ocurra. La sociedad chilena atraviesa una fuerte crisis de confianza que se traduce en desconfianza en los políticos, las instituciones, en los jefes, en los empresarios, etc. “Así hablan los testimonios de los entrevistados, que manifiestan que son responsables de lo que paso y son las principales víctimas. El sufrimiento ético en este caso se apreció al constatar que frente al dilema que nos despierta la realidad (corrupta) nos disociamos y llegamos incluso a hacer parte de un ánimo festivo. Somos parte de la gestión de la felicidad que en este caso, funciona distrayendo la atención y haciendo creer que es debido a ella que se obtienen los resultados y la productividad”.  

¿Qué explica que la corrupción termine normalizando y el mal consustancial al sistema corrupto se banalice de una forma en que no impide resistencia significativa? Para Sanfuentes existen factores amplificadores de la corrupción que explican su poder dentro de las organizaciones. Señala algo que se repite en casos como los de Enron o Walcom y es la forma de escalamiento de la corrupción en términos del negocio o como la dinámica del negocio, en el caso de La Polar las repactaciones automáticas, asegura que la corrupción se monte a nivel organizacional con mucha fuerza. Sanfuentes considera que el caso La Polar es interesante porque ocurre una paradoja en la que por un lado tenemos una compañía modelo en el retail, con resultados óptimos, con un liderazgo carismático de su gerente general que es premiado como ejecutivo de la década, todo acompañado de discurso altruista y repleto de valores y sentido; “ese lado luminoso, contrasta con un sistema de mucha violencia basado en presiones, amenazas y donde hay mucho conflicto oculto, mucha presión para que no se conozca la parte corrupta de los buenos resultados de La Polar”, finaliza Matías Sanfuentes. 

Este reportaje fue publicado en RHM 90, agosto de 2015. 

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