La Dirección del Trabajo presentó recientemente un análisis que desafía un supuesto común en el mundo laboral: que las grandes empresas del sector privado chileno constituyen un terreno fértil para el sindicalismo. El estudio, publicado en la revista “Trabajo en debate” (Vol. 2, No. 1, 2025), revela que si bien existe una mayor propensión a la sindicalización en empresas con más de 200 trabajadores, aún persiste un 47,9% de estas sin presencia sindical. ¿Qué factores explican esta ausencia? ¿Por qué no basta el tamaño para garantizar la asociatividad? Las respuestas están en la interacción entre características estructurales, condiciones laborales y dinámicas organizacionales que siguen restringiendo el desarrollo del sindicalismo en Chile.
Desde 1991 a 2023, el número total de sindicatos ha aumentado de 7.718 a 11.550, mientras que aquellos con capacidad de negociar colectivamente crecieron de 5.868 a 8.704. A pesar de ello, solo el 3,9% de las empresas privadas formales con más de cinco trabajadores tenía un sindicato en 2023. La cifra se eleva al 52,2% en el caso de las grandes empresas, pero también muestra el otro lado: casi la mitad no cuenta con organizaciones sindicales activas.
El estudio, elaborado por el sociólogo Sebastián Osorio, se basa en un modelo de regresión probabilística a partir de datos de la Encla 2023. La investigación identificó un conjunto de variables que influyen significativamente en la probabilidad de que una gran empresa cuente con sindicato. Entre ellas, destacan positivamente la cantidad de trabajadores, el sector económico al que pertenece la empresa, la antigüedad de su fuerza laboral, la proporción de contratos indefinidos, el capital extranjero y la adscripción a un grupo empresarial.
Por ejemplo, una empresa con más de 1.000 trabajadores tiene un 32,6% más de probabilidades de tener sindicato respecto a una que tiene entre 200 y 300. La presencia de más del 60% de contratos indefinidos o una antigüedad laboral significativa (más del 20% con más de cinco años) también aumentan entre un 20% y un 23% la probabilidad de sindicalización. Asimismo, pertenecer al sector secundario o contar con capital extranjero genera un efecto positivo estadísticamente relevante.
Pero no todo favorece la asociatividad. El modelo reveló que ciertos factores reducen la probabilidad de existencia sindical. El más significativo fue el uso del 25% del sueldo como modalidad de pago de la gratificación, que disminuye en un -12,8% la probabilidad de tener sindicato. También inciden negativamente no pertenecer a un grupo empresarial (-9%) y tener entre un 20% y un 60% de mujeres en la plantilla (-10% a -11,3%). En menor medida, una proporción elevada de trabajadores menores de 29 años también se asocia a una menor probabilidad sindical.
Lo anterior sugiere que las grandes empresas no son un bloque homogéneo. Al contrario, presentan perfiles contrastantes que inciden directamente en su capacidad para desarrollar organizaciones sindicales. Las empresas con mayor probabilidad de contar con sindicatos tienden a ser intensivas en capital, grandes en número de trabajadores, formales, con trayectorias laborales estables y, muchas veces, de propiedad extranjera. En cambio, aquellas sin sindicatos suelen tener menos de 500 trabajadores, operar en sectores primario o terciario, presentar alta rotación, baja antigüedad y capital nacional. No es extraño que muchas de ellas correspondan a firmas familiares o de baja productividad.
Otro hallazgo relevante es la baja incidencia que tienen variables como la región donde se ubica la empresa, la proporción de trabajadores con sueldos altos, los despidos o los accidentes laborales. Esto pone de relieve que la sindicalización no depende únicamente de las condiciones objetivas del trabajo, sino también de factores organizacionales, históricos y estratégicos.
El estudio también plantea una interrogante clave: ¿cuál es la dirección de la causalidad? ¿Son las buenas condiciones laborales las que facilitan la sindicalización, o es la existencia de sindicatos la que genera mejores condiciones? Si bien no se resuelve esta cuestión, el autor sugiere que ambas dinámicas pueden coexistir y que futuras investigaciones deberían profundizar en esta relación.
En definitiva, el análisis revela que el tamaño no basta. Si bien las grandes empresas presentan condiciones más propicias para la sindicalización, estas deben ir acompañadas de otras características estructurales, como estabilidad laboral, trayectoria organizacional, pertenencia a grupos empresariales y entornos más abiertos a la acción colectiva. De lo contrario, incluso en escenarios con cientos o miles de trabajadores, la ausencia sindical puede seguir siendo la norma.
Este hallazgo interpela no solo a los actores del mundo sindical, sino también a quienes diseñan políticas laborales, ya que pone sobre la mesa la necesidad de pensar en estrategias diferenciadas y no asumir que el crecimiento empresarial trae consigo, de manera automática, un desarrollo de la asociatividad laboral.