Se buscan líderes con vocación de poder

Fernando Véliz Montero, destacado autor y coach ontológico, insta a una reflexión profunda sobre la necesidad de líderes auténticos y valientes, capaces de usar su poder para el bien común, desafiando la pasividad y la autocomplacencia en el liderazgo contemporáneo.

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Por Fernando Véliz Montero, PhD, autor y coach ontológico

Siempre me ha generado curiosidad los líderes que pudiendo hacer cosas, no las hacen. Líderes que pudiendo tomar decisiones, no las toman. Líderes que pudiendo innovar, crear, desafiar, transformar, educar, inspirar, movilizar y mejorar, no generan esas condiciones. Me sorprende que personas con un real poder entre las manos (político, empresarial, social, cultural…); con posibilidades efectivas de influir y producir cambios y mejoras, prefieran al final del día, evitar riesgos para así cuidar y administrar (y capitalizar también) sus propios intereses individuales, invisibilizando y esquivando pulcramente toda posible decisión o responsabilidad de bien colectivo.

Pero para ser honestos, estos supuestos líderes definitivamente no nos sirven, ya que simular un liderazgo que vive de amagues y potenciales acciones, que por lo general nunca ocurren (promesas, acuerdos, compromisos, proyectos, etc.), resultan escenarios frágiles para sociedades como las de hoy: realidades colectivas altamente estresadas y complejas y, por lo mismo, necesitadas de liderazgos eficientes, resolutivos y con coraje para así alcanzar el bien común. Es decir, si el liderazgo es decorativo y no está dispuesto a colocar su corazón -sin miedo- sobre la mesa, difícilmente podrá articular puntos de inflexión frente a reales contextos de urgencia.

El tema es simple: No se puede dar lo que no se tiene. Tal cual.

Bertolt Brecht, dramaturgo y poeta alemán, fue claro un día al afirmar: “Hay hombres que luchan un día y son buenos. Hay otros que luchan un año y son mejores. Hay quienes luchan muchos años, y son muy buenos. Pero están los que luchan toda la vida: esos son los imprescindibles”. Bajo este escenario yo me pregunto, ¿Y hoy en Chile dónde están esos imprescindibles? ¿Dónde están esos líderes verosímiles, comprometidos, valientes y abiertamente empoderados que sí están dispuestos a ejercer el poder en beneficio de otros(as)? Obviamente estas consultas se pueden aplicar a los diversos campos de la sociedad chilena (político, educativo, empresarial, sindical, científico, social, medioambiental, cultural, sanitario…).

Cuando los líderes no son generosos, cuando administran un cargo o solo ocupan el cuerpo -literal- para marcar presencia, es el día a día y la nula ejecución del poder entregado, lo que los delata. Y como dijo en su momento Voltaire, “La indolencia es dulce y sus consecuencias amargas”.

Tener vocación de poder es acceder a la toma de decisiones para así generar transformaciones reales frente a un escenario determinado. Pero cuando se simula una intensión, en este caso el de liderar, se genera una predisposición calculada para concluir en la “nada misma” (banalización del poder). Y esto por desgracia impacta en quienes sí necesitan de un liderazgo leal, oportuno y férreo, que por lo general es la gran mayoría de la sociedad… un país entero para ser exacto.

En diversas ocasiones, conversando con líderes políticos, empresariales y sociales; líderes que lo tienen todo para sumar a la buena vida de las personas, y cuando acotamos la conversación al tema del uso del poder, siempre les hago las mismas preguntas: ¿Para qué quieres poder? ¿Qué quieres hacer con ese poder? ¿Qué estás dispuesto a arriesgar por ese poder? ¿Qué te genera debilidad y dudas para ejercerlo? ¿Qué necesitas aprender para vivir en coherencia y consistencia con tu poder? ¿Qué te mueve a buscar más poder? ¿Cuáles son tus límites frente al poder? ¿Qué requieres aprender para ejercer un mejor poder?…

Reconozco que estas preguntas pueden resultar a ratos un poco incómodas, pero también es cierto que cuando se expande este diálogo desde una confianza plena, nos damos cuenta, en conjunto, de los muchos puntos ciegos que imposibilitan muchas veces el buen crecimiento consciente de estos líderes. Y como ocurre en ocasiones, al no haber una mirada profunda sobre el tema de liderar, la sordera crónica se consolida frente a los dolores de la gente y con esto, el liderazgo se opaca e impacta negativamente bajo un actuar ensimismado y forjado muchas veces desde un ego pétreo.

Es por esto por lo que se necesita a la brevedad resignificar el hacer de los líderes, ya que como es evidente, no hay tiempo para seguir contemplando lo que resulta urgente por transformar.

“Sé el cambio que quieres ver en el mundo” (Gandhi).

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