Salsa y liderazgo

Rodrigo Finkelstein, docente y autor especializado en seguridad y bienestar en el trabajo, revela cómo la salsa enseña competencias clave de liderazgo que pueden transformar los ambientes laborales en espacios de confianza, comprensión y gratificación mutua.

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Por Rodrigo Finkelstein, docente del diplomado herramientas para la gestión y promoción de ambientes laborales saludables, Universidad Alberto Hurtado. Autor de libros sobre seguridad, salud y bienestar en el trabajo.

¿Qué es lo que permite a un hombre entrar a una pista de baile junto a una desconocida y ejecutar los más sofisticados movimientos al ritmo sincopado de la salsa? En una palabra: liderazgo. A pesar del sentido común, las clases de baile latino no son lecciones coreográficas sino de liderazgo. Estas se centran en el aprovisionamiento de un arsenal de capacidades para que quien adopte el rol del líder pueda coordinar satisfactoriamente los movimientos de su pareja al ritmo de la música.

El baile latino – salsa, bachata, merengue – se caracteriza por una alta diferencia y complementariedad, plasmada en los roles de líder y seguidora. Tradicionalmente, el hombre ocupa el rol de líder y la mujer de seguidora. No obstante, en la actualidad, estos roles son intercambiables y pueden ser ocupados por cualquier género. Habiendo hecha la aclaración, utilizaré a continuación los términos líder y seguidor/a indistintamente del género.

Dada su elevada diferencia y complementariedad, las clases de baile latino se organizan según roles. Distribuidos en hileras enfrentadas, los líderes y seguidores/as reciben instrucciones específicas y diferenciadas según su rol. Esencialmente, el líder recibe lecciones para conducir los movimientos y el/la seguidor/a para ajustar sus movimientos según lo demandado por el líder. Si bien las lecciones del líder incluyen el aprendizaje de marcas o signos no verbales para coordinar los movimientos, la enseñanza apunta al desarrollo progresivo de un complejo set de capacidades para conducir el baile con éxito. Porque más que marcas no verbales, el líder se ve exigido a aprender un conjunto de facultades cognitivas y socioemocionales de elevada complejidad para guiar al/a seguidor/a.

Primero, el líder debe aprender a transmitir confianza de manera que el/la seguidor/a ceda el control. Esto pareciera ser algo redundante para un baile diseñado en base a roles complementarios, pero en realidad no lo es. El hecho que una persona asuma a priori el papel de seguidor/a no significa que con beneplácito vaya a ceder el control a otra persona para que conduzca sus movimientos en la pista de baile. De hecho, esto rara vez ocurre. Quienes bailamos en el rol de líder nos encontramos en muchas ocasiones bailando con seguidores/as que oponen resistencia a las marcas, tratan de predecir los movimientos o bien luchan por controlar, encauzar o dirigir el baile. ¿Por qué sucede esto? Básicamente, por insuficiencia en la transmisión de confianza. La resistencia que coloca el/la seguidor/a en el cumplimiento de su rol se debe a que el líder no logra generar la suficiente confianza como para que ceda el control. Sólo una vez que el/la seguidor/a siente total confianza cederá por completo el control de su cuerpo al líder. Antes, esto no sucederá y el/la seguidor/a opondrá resistencia de las más variadas y sutiles (y no tan sutiles) formas. Porque de fondo, la confianza y la cesión de control es algo que el líder debe conquistar en la pista de baile.

Segundo, el líder debe ser capaz de leer las habilidades o el nivel del/a seguidor/a. Esto constituye una competencia clave a desarrollar por parte del líder, dado que este tiene la responsabilidad de seleccionar los movimientos dentro de un repertorio de diversa complejidad. Existe un amplio abanico de movimientos de muy variada dificultad, desde los pasos básicos hasta complejas vueltas, giros y elevaciones. Ahora, lo desafiante para el líder es que dispone de menos de 30 segundos de baile para escanear el nivel del/a seguidor/a y seleccionar aquellos movimientos que puedan ser ejecutados en los 3 minutos restantes de canción, teniendo en cuenta que un tema de sala o bachata dura en promedio 3 ½ minutos. Por lo tanto, la capacidad de lectura a desarrollar por parte del líder debe ser casi inmediata, facultad que por lo general pasa desapercibida por quienes tienden a asumir el rol de seguidores/as.

Y tercero, el líder debe orientarse hacia la gratificación del/a seguidor/a a expensas de la propia gratificación y experiencia de baile. Este punto está relacionado con el anterior y es quizás uno de los más controvertidos para un líder competente. Por lo general, los líderes desean bailar para satisfacer su propia experiencia de baile, es decir, ejecutar los más variados, vistosos y complejos movimientos. Ojalá tener la posibilidad de lanzar al/a seguidor/a por los aires y cogerlo/a desde el otro rincón de la pista de baile. Pero en muchos casos, el líder se encuentra limitado por el nivel del/a seguidor/a. Existen pasos que, por muy sobresaliente que sea el líder, el/la seguidor/a jamás podrá ejecutar o aprender en los 3 ½ minutos que dura una canción. Sin embargo, muchos líderes, a pesar de haber escaneado correctamente el nivel del/a seguidor/a, imponen su deseo de gratificación forzando la ejecución de complejos pasos que el/la seguidor/a aún no está preparado para realizar. Este es un gran error, porque no sólo genera frustración en el/la seguidor/a, sino, que puede desembocar en un lamentable accidente (años atrás arrojé al suelo a una principiante por forzarla a realizar un giro doble). Por tanto, si el/la seguidor/a se encuentra en una etapa inicial, el líder debe aceptar de buen agrado su nivel y conformarse sólo con realizar los pasos básicos frontales y laterales, nada más. Los líderes deben desarrollar la capacidad de subordinar su propia gratificación a la experiencia y gratificación del/a seguidor/a. En sencillas palabras, no forzar movimientos complejos por el deseo personal de ejecutarlos y practicarlos. Porque como dice mi maestra de baile, un buen líder no es alguien que ejecuta extraordinarias coreografías, sino, alguien que puede bailar con una persona que jamás lo ha hecho y hacer de su experiencia algo inolvidable.

En conclusión, desde el baile latino podemos rescatar tres importantes nociones de liderazgo deseables a desarrollar en las organizaciones. Primero, la generación de confianza para la cesión de control por parte de los/las trabajadores/as. Segundo, la correcta lectura de habilidades y destrezas para demandar a trabajadores/as según su potencial efectivo y real. Y tercero, orientar el trabajo hacia la experiencia y gratificación de todos/as los/las trabajadores/as en contraposición a expectativas personales egoístas e irreales. Estas capacidades son claves para que el líder haga del trabajo y el ambiente laboral una experiencia participativa, grata y nutritiva para todos. Porque de fondo, todos queremos disfrutar en la pista de baile, sin importar si adoptamos el papel de líder o seguidor/a.

Las palabras tejidas en esta columna son el eco singular del autor, sin ataduras ni corsés editoriales. Aquí, la responsabilidad recae en quien escribe, no en las creencias de RH Management.

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