martes, octubre 27, 2020

Rol de la desigualdad y los salarios en el estallido de octubre de 2019 y en su canalización

El pasado jueves 7 de noviembre, y en una charla que dictó en la Facultad de Economía y Negocios de la Universidad de Chile el destacado economista chileno y profesor en UCLA, EE.UU., Sebastián Edwards, dijo: “Chile es el país de América Latina que más ha reducido la desigualdad en los últimos 20 años. El Gini pasó de 0.56 a 0.46 y ahora estamos en la mitad de la distribución de América Latina”…“Y sin embargo, Chile es el país donde la percepción de la desigualdad más ha aumentado” 1 (88% a 95% de los encuestados entre 1997 y 2015 según CEPAL).2

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El viernes 18 de octubre de 2019 explotó en Chile un levantamiento ciudadano de características inéditas en nuestra historia en términos de masividad, intensidad y duración. Si bien esta erupción es multidimensional y ofrece numerosas vías para aproximar diversas interpretaciones, para denominarla se ha ido consolidando con el paso de los días la expresión “estallido social”, que implicaría que su componente principal es de carácter social y que está asociado a un creciente agobio presupuestario en la mayoría de las familias chilenas y una percepción compartida de un nivel inaceptable de desigualdad. Por otro lado, luego de seis semanas del estallido, es posible intenta identificar los componentes básicos y la magnitud del problema social que llevó a este estallido, para desde ahí, esbozar los lineamientos centrales de un diseño urgente de política social destinado a reducir el agobio presupuestario y ya en un mediano y largo plazo lograr niveles de desigualdad mucho menores a los hoy existentes. Para iniciar este recorrido debemos comenzar preguntándonos ¿cómo se concatenaron estas dinámicas y cuáles llegaron a ser sus magnitudes?

El pasado jueves 7 de noviembre, y en una charla que dictó en la Facultad de Economía y Negocios de la Universidad de Chile el destacado economista chileno y profesor en UCLA, EE.UU., Sebastián Edwards, dijo: “Chile es el país de América Latina que más ha reducido la desigualdad en los últimos 20 años. El Gini pasó de 0.56 a 0.46 y ahora estamos en la mitad de la distribución de América Latina”…“Y sin embargo, Chile es el país donde la percepción de la desigualdad más ha aumentado” (1) (88% a 95% de los encuestados entre 1997 y 2015 según CEPAL).(2)

Esta enorme brecha entre percepción y realidad se explicaría porque la gente incluye calidad de vida y otros factores (interacciones sociales, acceso a servicios básicos y grados de justicia en los sistemas económico y político) y no se acota a una mera desigualdad de ingresos, porque no se ha dado cuenta de lo mucho que han mejorado sus condiciones de vida y, finalmente, porque creen que esta mejora ha sido muy lenta. Apreciando mucho el trabajo del profesor Edwards -y especialmente una charla que promueve el cambio constitucional y exige la urgencia de una agenda social- propongo hacerle algunos ajustes.

Es cierto que la desigualdad -medida a través de la distribución del ingreso y a través del Coeficiente de Gini- ha disminuido desde 0,52 en 2000 a 0,46 en 2017(3). Pero si se sitúa dentro de una trayectoria histórica más larga, para apreciar mejor su comportamiento, expresa una mejora muy tardía. De hecho, la evolución del Gini que recoge el Banco Mundial a través de los datos entregados por las Encuestas de caracterización socioeconómica nacional realizadas en Chile desde 1985, recuerda que todavía hacia 1998 el Gini era de 0,55 y que hacia 2000 se había reducido sólo a 0,52. Incluso hasta 2003 el valor era muy alto (0,51), de modo que valores bajo el umbral de 0,50 sólo se lograron a partir de 2006, en que el valor llegó a ser de 0,48. Chile experimentó una desigualdad brutal hasta 2000 y esto se aminoró en forma reducida desde 2006 hasta hoy. Al extender más la escala de observación, vemos que incluso ese progreso es aparente y no promueve una visión optimista.

El contundente trabajo del Dr. Javier Rodriguez, de la U. de la República (Uruguay), titulado “Desarrollo y desigualdad en Chile, 1850-2009”(4) utilizó una metodología que consistió en construir 116 categorías de renta para el período 1929-1970 en base a ingresos documentados en fuentes históricas (desde latifundistas a jornaleros) a partir de las cuales se construyeron deciles de ingreso y se calculó un Gini que incluyó las rentas de las personas más ricas del país. Según sus resultados, hacia 1969 Chile experimentó lo que hasta ese entonces fue su menor grado de desigualdad constatable en fuentes y que se expresó en un Gini de 0,47. Es decir, luego de 50 años, en 2017 Chile sólo ha recuperado el nivel de desigualdad que tenía en 1969. Pero lo peor no es eso, sino más bien cuanto empeoró la desigualdad y en que nivel medio se situó entre 1972 y 2006, último año en que logró bajar a menos de 0,50. Los únicos datos disponibles para aproximarse a la desigualdad entre 1970 y 1985 provienen de la Encuesta de ocupación del Gran Santiago, que se ha venido realizando en Chile desde 1956(5). Según esa fuente, la desigualdad en Chile se elevó a un Gini de 0,53 en 1976 -saliendo de la etapa más cruel de la Dictadura Chilena- y se empinó hasta 0,62 en 1985, cuando la Crisis de la Deuda se cobró su mayor tributo sobre la población chilena. Como el Banco Mundial, que registra el Gini desde 1987, lo situó más elevado en 1990 (0,57), es plausible que el tramo temporal 1976-2003 haya conformado -a través de un Gini superior a 0,53- un desastroso período de 27 años en materia de desigualdad y un subperíodo de 15 años (1976-1991) aún peor, en que el Gini medio fue de 0,55, una cifra de que se asemeja al nivel que Chile tenía en 1910(6). Durante casi 3 décadas, Chile retrocedió a la Era Oligárquica en materia de desigualdad.

Este terrible retroceso para la gran mayoría de la población es inaceptable si se considera que hacia 1969 Chile tenía un PIB per cápita de U$ 870 medidos en moneda constante de 2019, mientras que en 2018 ostenta U$ 16.000(7). Habiéndose multiplicado por 15 el tamaño de la economía chilena y habiéndose solo muy recientemente conseguido recuperar la desigualdad que existía 50 años atrás -que ya era muy alta en esa época y lo sigue siendo hoy- la gente no está equivocada cuando atribuye poco valor a la tardía y mezquina reducción de la desigualdad que se ha dado entre 2006 y 2017. En rigor, su percepción se acerca al fenómeno más de lo que lo hace una medición lastrada por no haber usado una perspectiva temporal extendida

Por otro lado, y siguiendo otras trayectorias en condiciones de vida y desigualdad tras la Segunda Guerra Mundial(8) se advierte que es la desigualdad la que castiga una mejor percepción de progreso en las condiciones de vida, dado que al valorar su evolución las personas la examinan a la luz de los cambios de su posición relativa en la estructura social y política. De tal modo, estando documentada una mejora sustantiva en las condiciones de vida generales en Chile en las últimas décadas, los chilenos se dejan dominar en su evaluación del bienestar por el impacto negativo que tiene una percepción de estancamiento o empeoramiento de la desigualdad.

Por otro lado, midiendo la desigualdad en términos de lo que el percentil (1%) más rico de la población captura del total de la renta, la desigualdad no solo no ha disminuido, sino que ha aumentado, a tal punto que el 2% más rico de Chile tiene un ingreso igual de alto que el 2% más rico de Alemania(9) y en 2016 el 1% más rico de Chile capturaba el 33% de los ingresos nacionales(10), la cifra más alta de todo el planeta. En cualquier caso, si sabemos que la economía chilena multiplicó su tamaño y riqueza en al menos 15 veces en los 50 años que median entre 1969 y 2019 y la desigualdad no se ha reducido netamente con relación a 1969 ¿Quién se llevó la renta generada durante estos 50 años?

Las cifras de desigualdad insinúan que es imposible que haya ido a parar a la mayor parte de la población, es decir, a sus trabajadores. Pero esto puede ser corroborado usando una serie de salarios reales robusta para Chile entre 1969 y 2019 y que tome esencialmente a los trabajadores poco cualificados del país, dado que estos aún constituyen la gran mayoría de la fuerza de trabajo existente. Así, ocupamos el tramo temporal 1969-2009 de la serie de jornales reales que construimos Nora Reyes (Dra. Historia Económica, U. de Barcelona, investigadora USACH) y yo para 1886-2009(11) y extenderemos su análisis hasta 2019 a partir de la tendencia que muestra el índice de remuneraciones reales del INE.

Según esa serie temporal, el jornal medio real en 1969 era de $ 8,11 (en pesos constantes de 2009) y hasta ese momento llegó a ser el más alto en toda la historia documentada de los salarios en Chile. A su vez, este jornal representó un crecimiento histórico neto, pues sobrepasó el anterior umbral salarial más alto ($ 7,9), alcanzado en 1904. Hacia 1973 este salario descendió a $ 1,9 debido a la hiperinflación durante la UP y luego fue recuperándose muy parcialmente hasta alcanzar en 1981 un valor de $ 5,3. Las inadecuadas políticas monetarias de los Chicago Boys previas a 1982 dejaron al país enormemente expuesto ante la Crisis de la Deuda, por lo que el jornal real volvió a caer ($ 4,1) en 1985. A partir de 1986 y hasta 2008, el jornal siguió recuperándose y recién ese último año se logró el nivel de $ 8,1 de 1969. Sólo a partir de 2009 y hasta hoy, los trabajadores chilenos han experimentado un crecimiento neto de sus salarios respecto al año 1969. De tal modo, lo que estuvo detrás del enorme empeoramiento de la desigualdad entre 1976 y 2003 (0,53) fue una gigantesca extracción de la renta de los trabajadores chilenos a través de la caída en sus salarios reales, que, en su peor momento – entre 1976 y 1991 (0,55)- se insertó durante la siniestra represión ejercida por la Dictadura y la demolición sistemática de los derechos laborales ¿Dónde fue a parar entonces la enorme renta generada en esos 50 años?

Propongo usar una aproximación basada en la Distribución factorial de la Renta, que consiste en identificar porcentualmente el peso de lo que se lleva el factor trabajo (trabajadores) y el peso de lo que retiene el factor capital (empresarios) dentro del PIB, metodología internacional en uso que sirve pesquisar si una relación desigual entre capital y trabajo -expresada en una gigantesca concentración de la riqueza- es la responsable de la pérdida sustantiva del peso de las remuneraciones y de un empeoramiento de la desigualdad. Para ello, se identifica la porción que se llevan la Participación Salarial (labour share, LS) y el Excedente Bruto de Explotación (EBE, correspondiente a empresarios). Chile habría alcanzado su mejor LS documentada en 1972, cuando retuvo el 52,2 % del PIB, mientras que el (EBE) fue de 30,9% -la diferencia responde al ingreso de Trabajadores Autónomos(12). Luego, cuando la Dictadura y la Crisis de la Deuda castigaron implacablemente los salarios hasta 1988 ($ 4,6) y generaron una desigualdad enorme (0,56 Gini ese mismo año) la LS descendió a 30,9% y el EBE subió a 42,1%. Finalmente, cuando los salarios comenzaron a recuperarse continuamente desde 1989 hasta alcanzar el nivel de 1969 en 2008, la LS se elevó a un nivel máximo 41,2% en 2003. Pero, aunque la desigualdad fue reduciéndose a alrededor de 0,47 en 2014, la LS descendió nuevamente a 39,2% ese mismo año y el EBE volvió a ascender, a 49,7%, lo que probablemente ha variado muy poco hasta 2019. Así, mientras los salarios se desplomaron y la desigualdad subió, se redujo el porcentaje de la renta retenida por los trabajadores y aumentó de modo sustantivo la renta capturada por los empresarios. En la medida que los salarios comenzaron a subir en términos netos desde 2009 y la desigualdad en 2017 recuperó el nivel de 1969, la participación de la renta de los trabajadores en el PIB ha venido mejorando tímidamente, ya que la cuota capturada por los empresarios se mantiene en un nivel muy alto. ¿Cómo probar que el ascenso de la LS ha sido tímido? Al calcular la media exhibida por 13 países que en distintos años alcanzaron el PIB per cápita de Chile (Eslovaquia, Rep. Checa, Portugal, Hungría, Nueva Zelanda, España, Corea del Sur, Holanda, Japón, EE.UU., Francia, Bélgica y Eslovenia, 13 países en adelante) -y que incluyó la Participación Salarial y el ingreso de Trabajadores Autónomos(13) (OECD, 2016)- la LS fue de 51% del PIB, sobre 10 puntos de lo que arrojó la última medición documentada para Chile (41,2%).

Dicho esto, no cabe duda, que la brutal caída de los salarios en Chile y su muy reciente crecimiento neto desde 2009 fue a la par de una enorme desigualdad -que sólo desde 2006 se redujo por debajo de 0,50- y tuvo como correlato una contracción del 40% de la renta retenida por los trabajadores hasta que en 2014 una tardía mejora en los salarios permitió que la LS recuperara la mitad de lo perdido y alcanzara un 41,2% del PIB. ¿Cómo impactaron estas dinámicas en el salario mínimo y medio que perciben los chilenos en relación con los países de similar PIB per cápita? Según los datos obtenidos del Maddison Project Database, elaborados por la Fundación Sol(14), y que se expresan en dólares constantes calculados con el método Geary-Khamis, el actual salario mínimo chileno, de alrededor de $ 300.000 es un 70% menor al que ostentan 20 países que en distintos años alcanzaron el mismo PIB per cápita. Algo similar ocurre con el ingreso medio disponible PPA en Chile, que hacia 2016 era de U$ 794 PPA mensuales ($ 681.000 pesos chilenos aprox.), apenas un 42,3% del ingreso promedio (U$ 1.880) de 13 países de la OCDE que en distintos años tuvieron el mismo el mismo PIB per cápita. (15)

Si las remuneraciones mínimas y medias estuvieron deprimidas por alrededor de cuarenta años y su crecimiento neto no lleva más de diez, la inestabilidad laboral empeoró las cosas, ya que en promedio el total de personas encuestadas por el PNUD en 2016(16) solo laboró un 42% del total de meses comprendidos en 11 años. A ello se sumó el severo desmantelamiento de las coberturas y caída en la calidad de los bienes públicos fundamentales, (salud, educación, pensiones y vivienda social), en la medida que los recursos recaudados por el Estado a través de un sistema impositivo ligero y esencialmente regresivo fueron desplazados a operadores privados, que se dedicaron al decil más rico de la población. Por esa razón, la baja carga fiscal y el cuantioso desvío de recursos públicos hacia proveedores privados determinaron que tras la aplicación de impuestos la desigualdad de ingresos sólo se redujera desde 0,50 a 0,47 de Gini (6%) en 2014, en circunstancia que tal reducción fue de 35% (0,47 a 0,30) ese año en los 13 países considerados. Bajos salarios mínimos y medios y ausencia de una seguridad social medianamente aceptable durante cuarenta años obligaron al 63% de los hogares chilenos encuestados en 2016(17) a tomar créditos de consumo para llegar a fin de mes.

Al hacer este recorrido es sencillo intuir las urgentes políticas para reducir el agobio presupuestario de la gran mayoría de las familias chilenas y el elevado nivel de desigualdad. Lo primero es armonizar el salario mínimo y mediano con el de aquellos países que ostentan un PIB per cápita similar y que debiera expresarse en un esfuerzo empresarial por remunerar un salario mínimo de $ 510.000 mensuales -con ayudas estatales para PYMES- y programar gradualmente uno medio en torno a $ 1.500.000. Lo segundo es reconstruir el sistema de entrega estatal de bienes públicos fundamentales, garantizados como derechos esenciales en la nueva Constitución Política y financiados con una mayor carga fiscal, reforzando los ingresos mínimo y medio tras impuestos. Convergiendo ambas políticas, la desigualdad debiera acercarse a 0,40 y la LS en torno a un 50%, cifras como las que ostentan países con similar renta per cápita. Con ello, Chile será una sociedad mucho más inclusiva y será extraño que alguien pueda decir en el futuro “Sabíamos que había desigualdad, pero no que les molestaba tanto”(18).


1 FEN (2019). Facultad de Economía y Negocios. Universidad de Chile. Conversatorio con Sebastián Edwards. Jueves 7 de noviembre de 2019. Disponible en: http://fen.uchile.cl/es/noticia/ver/fen-realizo-jornada-de-presentaciones-y-conversatorios. [Fecha de consulta: 31.11.2019].

2 CEPAL (2019). Cepalstat. Proporción de personas que opinan que la distribución del ingreso en su país es injusta según sexo entre 1997 y 2015. Disponible en https://cepalstat- prod.cepal.org/cepalstat/tabulador/ConsultaIntegrada.asp?idIndicador=2053&idioma=e. [Fecha de consulta: 31.11.2019]

3 Worldbank (2019) Worldbank Database, en base a Encuestas de caracterización socioeconómica de Chile (CASEN), varios años. Disponible en https://data.worldbank.org/ [Fecha de consulta: 31.11.2019].

4 Rodriguez, Javier (2017). Desarrollo y desigualdad en Chile, 1850-2009. Santiago. DIBAM.

5 Centro de Microdatos. Departamento de Economía. Universidad de Chile. Encuesta de ocupación del Gran Santiago. Disponible en http://documentos.microdatos.cl/Encuestas/Ocupacion/OcupacionDesocupacion?C=T1 [Fecha de consulta: 31.11.2019].

6 Rodriguez, 2017. Ibid. 7 Worldbank, 2019. Ibid.

8 Easterlin, Richard (2003). “Living standards”. The Oxford Enciclopedia of Economic History. Joel Mokyr, editor general. Vol. 3. New York. Oxford University Press.

9 El Mostrador (2019). Entrevista a Branko Milanovic, 27 de octubre de 2019. Disponible en https://www.elmostrador.cl/noticias/multimedia/2019/10/27/economista-del-banco-mundial-los- ricos-de-chile-tienen-el-ingreso-de-los-ricos-de-alemania-y-los-pobres-el-de-mongolia/ [Fecha de consulta: 31.11.2019].

10 Blanco Cossio, Fernando (2014). Chile. Efectos distributivos de la reforma tributaria 2014. Washington D.C. Banco Mundial.

11 Matus, Mario y Nora Reyes (2019). Precios y salarios en Chile, 1886-2009. En: Llorca y Miller (eds.). Una nueva Historia Económica de Chile. De pronta publicación.

12 Alarco, Germán (2017). “Ciclos distributivos y crecimiento económico en América Latina, 1950- 2014”. Cuadernos de Economía, 36 (72). Bogotá, pp. 1-42.

13 OECD (2016). Economic Policy Reforms 2016: Going for Growth Interim Report. Overview of structural reforms in the policy areas identified as priorities for growth. OECD. Paris.

14 Durán, Gonzalo y Marco Kremerman (2018). Mini Salario Mínimo. El salario mínimo en Chile en perspectiva comparada. Santiago. Fundación Sol. Ideas para el buen vivir, n°12.

15 OECD (2019). Society at a Glance 2019. A spotlight on LGBT people. Paris. OECD.
16 PNUD (2017). Desiguales. Orígenes, cambios y desafíos de la brecha social en Chile.

Santiago. Uqbar Editores.

17 PNUD, 2017. Ibid.

18 Cooperativa (2019). Bienvenidos. Programa matinal de televisión, 23 de octubre de 2019. Disponible en https://www.cooperativa.cl/noticias/entretencion/tendencias/la-desafortunada- frase-de-polo-ramirez-sobre-la-desigualdad/2019-10-23/115502.html [Fecha de consulta: 31.11.2019].

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