Robert Capa: del gatillo a la obturación

Fernando Véliz Montero revisita la figura de Robert Capa a partir de la reedición de “Ligeramente Desenfocado”, un clásico del fotoperiodismo de guerra. El texto recorre la trayectoria del fotógrafo húngaro, su presencia en algunos de los principales conflictos del siglo XX y una forma de mirar que convirtió la cámara en testimonio, memoria y resistencia frente a la indiferencia.

Por Fernando Véliz Montero. PhD, autor y coach ontológico.

“Un buen fotógrafo debe ser un testigo de su tiempo”. (Robert Capa).

Cuando niño, seducido por la historia e influenciado por las inquietudes intelectuales de mi padre, tuve la suerte de conocer en profundidad múltiples conflictos de relevancia mundial. En esa época, fueron guerras brutales las que me impactaron, y muchas de éstas las conocí por las capturas visuales realizadas por Robert Capa.

Encuadres humanos que fueron enfocados y plasmados en papel opaco, gracias a la empática sensibilidad de este osado fotógrafo húngaro, cuyo compromiso con los conflictos lo hizo colocarse al servicio de tensiones históricas sin filtros ni resguardos. Siempre en la primera línea.  Su gran aliado fue un abanico de grises que impregnaron permanentemente cada una de sus fotografías, algo así como un lienzo de cruda realidad difícil de entender con argumentación racional.

Fueron estas reproducciones las que no solo capturaron mi atención de niño, sino que también articularon en mí, nuevas inquietudes y preguntas hacia la historia, la política y la condición humana en general. Fue así como cada una de estas fotografías me invitó a sumergirme en una descarnada reflexión sobre la real factibilidad de la convivencia humana. “La guerra no es solo una cuestión de armas y soldados, es también una cuestión de almas y corazones”. (Robert Capa).

Más allá que Capa es reconocido como un impulsor de la fotografía de guerra, su aporte creativo es aún más extenso, colaborando con otros géneros como la moda y el retrato de celebridades. A la vez, también son conocidas sus intervenciones en prestigiosas revistas como Vogue y Life, y sus variadas fotografías a personalidades de la época como Pablo Picasso, Ernest Hemingway, Ingrid Bergman, entre otras.

Robert Capa toda la vida fue un personaje. En su primera etapa se llamó, Endre Ernő Friedmann, para posteriormente cambiarse el nombre, por uno más artístico: Robert Capa. Este fotógrafo y periodista de guerra nacido en Budapest, Hungría (1913) y fallecido en Thai Binh, Vietnam (1954), estudió Ciencias Políticas en la Deutsche Hochschule für Politik de Berlín. Y su personalidad dinámica lo llevó a múltiples incursiones, entre estas, formarse como paracaidista.   

Y fue con su cámara Contex que graficó los principales conflictos del siglo XX, entre ellos la Guerra Civil Española, la Segunda Guerra Mundial, la Guerra árabe-israelí, la Primera Guerra de Indochina, la Guerra chino-japonesa, entre otras. Su lente jamás evadió las crisis, y su desafío siempre estuvo a foco: traspasar la genuina emoción de los seres humanos que, en su momento, eran superados por una adversidad bélica de proporciones.   

Robert Capa es hoy una leyenda para el fotoperiodismo, y su legado es indudable, como también sus múltiples esfuerzos por consolidar un aporte a su profesión. En 1947 junto a otros reporteros fundó Magnum Photos, una cooperativa internacional. Siendo la primera agencia de cooperación para fotógrafos independientes del mundo entero.

Reeditando una historia esperada

“Robert Capa, Ligeramente Desenfocado” es la reedición de una obra catalogada como un clásico súper ventas que fue editado por primera vez en 1947. Su público cautivo por décadas ha estado vinculado a los amantes de la historia y el fotoperiodismo. Esta nueva edición traspasa el alma del autor no solo como un corresponsal de guerra, sino como un legítimo testigo de hechos brutales, que fueron descritos desde una presencia activa y valiente en los campos de batalla.

A modo de ejemplo, el inicio de este libro dedica una generosa cantidad de páginas -en cuché- al desembarco de Normandía (1944), y es en esta búsqueda gráfica donde Capa traspasa, con su cámara, su absoluta inclusión en las maniobras militares, como un soldado más. Con la sola diferencia que él cambió el gatillo de un fusil por el obturador de su cámara.

“El corresponsal de guerra tiene en sus manos su mayor apuesta, su vida, y puede elegir el caballo al que apostarla, o puede guardársela en el bolsillo en el último segundo. Yo soy un jugador. Decidí acompañar a la Compañía en la primera oleada”. (Robert Capa).

Este libro publicado por La Fábrica Editorial, y que centra su discurso en la Segunda Guerra Mundial, cuenta ya con su 4ta edición. Y son sus 324 páginas encuadernadas en tapa dura, las que resguardan este legado de fotografías vivas y cargadas de contradictorias emociones.

Las palabras e imágenes de Capa narran su trayecto por una Europa exhausta de guerras y conflictos. De Londres al norte de África, de Italia a Normandía, del París liberado a Alemania y a los últimos días del conflicto. Periplo brutal en donde por suerte jamás se naturaliza la guerra, ya que su denuncia visual habla desde una destrucción crónica. Pero, a la vez, Capa también logra experimentar una relación amorosa con la seductora Pinky y una estrecha amistad con Ernest Hemingway. Para este reportero gráfico nada es binario, siempre hay texturas y gama de grises, como toda buena fotografía. 

Militares apuntando a un enemigo arrodillado, madres llorando a sus hijos acribillados, soldados planificando una acción militar, Francia recién liberada, un soldado muerto ya desangrado en el suelo, ciudadanos escarbando en edificios en ruinas, refugiados escondiéndose en los montes, un piloto observando su avión derribado… ¡y así!, la voz de la guerra no da tregua para la insaciable cámara de Capa.

Robert Capa se vivió los conflictos bélicos desde un compromiso profesional pocas veces visto para, lamentablemente, morir en 1954 mientras fotografiaba la guerra de Indochina, con la trágica acción de pisar una mina terrestre.

Este reportero gráfico murió joven, pero su legado sin filtros, evitando dramatizar o trastocar sus imágenes, lo convirtieron en un profesional consistente y honesto con su trabajo, transformándolo en un reconocido y respetado referente para el fotoperiodismo a nivel mundial.

“Mi cámara es mi arma contra la indiferencia”. (Robert Capa).

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