El informe “El entorno psicosocial en el trabajo: avances mundiales y vías de acción” publicado por la OIT, advierte que la forma en que se diseñan, organizan y gestionan los empleos se ha convertido en un factor decisivo para la salud y seguridad de las personas trabajadoras, en un contexto marcado por transformaciones laborales que obligan a fortalecer la prevención y la gestión de personas.
La publicación plantea que el entorno psicosocial de trabajo no depende solo de características individuales ni de situaciones aisladas, sino de elementos estructurales asociados al diseño de los puestos, la organización del trabajo, las formas de gestión y las políticas, prácticas y procedimientos que regulan la vida laboral. Desde esa perspectiva, la prevención deja de ser una acción reactiva frente al daño y pasa a instalarse como una responsabilidad central de las organizaciones.
El documento identifica una serie de factores de riesgo que inciden en el bienestar físico y mental de las personas. Entre ellos aparecen las altas exigencias laborales, el desequilibrio entre esfuerzo y recompensa, la inseguridad laboral, las jornadas extensas, y la violencia y el acoso en el lugar de trabajo. Estos elementos, cuando se sostienen en el tiempo o se combinan con otras condiciones adversas, pueden aumentar la probabilidad de enfermedades cardiovasculares, trastornos musculoesqueléticos y problemas de salud mental.
Riesgo organizacional
Una de las principales señales del informe es que los riesgos psicosociales deben ser comprendidos como un desafío de gestión laboral. No se trata solo de promover hábitos individuales de autocuidado, sino de revisar cómo se distribuye la carga de trabajo, cómo se toman decisiones, cómo se ejerce el liderazgo y qué nivel de apoyo reciben las personas en su entorno cotidiano.
El reporte también subraya que los efectos de un entorno psicosocial deficiente no son marginales. Sus nuevas estimaciones mundiales indican que estos factores están asociados a más de 840.000 muertes al año, casi 45 millones de años de vida ajustados por discapacidad perdidos anualmente y una pérdida económica estimada equivalente al 1,37 % del PIB mundial.
Estas cifras refuerzan la necesidad de mirar la salud laboral desde una perspectiva integral. En esa línea, el informe vincula los riesgos psicosociales con enfermedades cardiovasculares, accidentes cerebrovasculares, ansiedad, depresión y suicidios, además de otras consecuencias que afectan tanto la vida de las personas como la continuidad operacional, la productividad y la resiliencia de las organizaciones.
Nuevas condiciones
La publicación advierte que algunos riesgos psicosociales no son nuevos, pero otros se han intensificado o han adquirido nuevas formas debido a los cambios recientes en el mundo del trabajo. La digitalización, el teletrabajo y la inteligencia artificial son mencionados como transformaciones que están reconfigurando los entornos laborales y que pueden generar nuevas desigualdades o profundizar tensiones existentes.
En este escenario, la gestión de personas enfrenta el desafío de anticipar impactos. La introducción de tecnologías, la reorganización de equipos, la presión por productividad y la expansión de modalidades de trabajo más flexibles pueden aportar oportunidades, pero también demandan criterios claros de prevención, seguimiento y participación de las personas trabajadoras.
El informe propone avanzar hacia lugares de trabajo más saludables mediante una gestión proactiva de los riesgos psicosociales. Esto implica identificar factores críticos, medirlos, reconocer su impacto y actuar sobre las causas organizacionales que los generan, en lugar de abordar únicamente sus consecuencias cuando ya se expresan en ausentismo, rotación, deterioro del clima o enfermedades laborales.
Gestión preventiva
La mirada preventiva aparece como uno de los ejes centrales del documento. Para las organizaciones, esto supone integrar los riesgos psicosociales en sus sistemas de seguridad y salud en el trabajo, con el mismo nivel de relevancia que otros riesgos tradicionalmente más visibles. También exige fortalecer políticas internas, liderazgos responsables y mecanismos que permitan detectar tempranamente condiciones nocivas.
El informe enfatiza que la creación de entornos laborales saludables beneficia tanto a las personas como a las organizaciones. La prevención de riesgos psicosociales no solo protege la salud y la seguridad, sino que también puede contribuir a mejorar la productividad, la sostenibilidad y la capacidad de adaptación frente a cambios económicos, tecnológicos y sociales.
En un mundo laboral atravesado por nuevas formas de organización, el mensaje del documento es claro: la salud mental en el trabajo y la gestión de los riesgos psicosociales ya no pueden quedar al margen de la estrategia institucional. Su abordaje requiere decisiones organizacionales, evidencia, participación y una comprensión más amplia del vínculo entre trabajo, bienestar y desempeño.