Riane Eisler: mujeres, equidad de género y su rol en la historia de la humanidad

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La destacada periodista Lucía Escobar (voceriavirtual.cl) realizó una entrevista exclusiva a Riane Eisler, intelectual de clase mundial y autora de un libro icónico: El cáliz y la espada. Texto vital para entender la historia de la humanidad en clave mujer que no se cuenta y el rol de más de la mitad de la humanidad en ese proceso. Si quieres entender mejor la equidad de género, la diversidad e inclusión, no puedes dejar de leer este reportaje. Acá publicamos parte del trabajo de la colega.  

Dos años antes de la caída del muro de Berlín, la investigadora Riane Eisler derribó un muro más profundo y antiguo sobre la política mundial: el sistema dominante androcéntrico, se sostiene excluyendo y sometiendo a la mitad de la humanidad: las mujeres.


La obra académica El cáliz y la espada (1987) fue súper ventas, traducida en 23 idiomas y considerada la investigación más importante desde El origen de las especies de Charles Darwin. Un reconocimiento jamás dado a una teoría del feminismo, porque no lo era. 


A través de evidencias arqueológicas, históricas y culturales de la evolución humana, El cáliz y la espada reveló que el sistema de poder y de creencias que desarrolló la humanidad desde sus orígenes fue gilánico, centrado en principios femeninos y radicalmente distinto del sistema androcéntrico que se impuso hace 2022 años. “Nuestro pasado, nuestro futuro” escribió a modo de subtítulo, indicando que conocer la historia real abre el camino a la transformación social y cultural.


Sólo después de la profesionalización de la arqueología y al surgimiento de técnicas para fechar como el radiocarbono comenzaron a surgir evidencias que contradijeron las convenciones académicas regidas por prejuicios, que forzaban a calzar, una y otra vez, los descubrimientos con marco teórico androcéntrico. 


Las líneas de tiempo como las interpretaciones de los hallazgos comenzaron a ser cuestionadas, y la presencia de la diosa en Medio Oriente, Asia y Europa a lo largo de la mayor parte de la historia de la humanidad, no pudo ser ocultada. 


Tras el surgimiento de la ciencia fundada en evidencias, se necesitó un siglo para que las mujeres accedieran masivamente a la educación, privilegio de aristócratas, burgueses y hombres hasta mediados del siglo XX. Sólo entonces mujeres como Riane Eisler en el estudio de la evolución o Dian Fossey en la primatología tuvieron las herramientas para dar cuenta de la falsificación de nuestra historia y orígenes como el fruto de la “natural violencia humana”.


Desde el paleolítico superior, 40.000 a 10 mil años antes de nuestra era, “en cuevas-santuarios estatuillas, entierros y ritos están relacionados con una creencia: la fuente de la cual mana la vida humana es la misma que origina toda vida animal y vegetal: la gran Diosa Madre o la Dadora de Todo”.

La asociación de lo sagrado y el poder a los principios femeninos de la vida y el cuidado se extenderá durante todo el neolítico, el salto evolutivo que ocurre 10 mil años antes de nuestra era y se caracteriza por el nacimiento de la agricultura, que posibilita las primeras ciudades con su arte, ciencia y tecnología. 

“La religión neolítica – al igual que las actuales ideologías religiosas y seculares – expresaba la cosmovisión de su época. El grado de diferencia entre esta visión y la nuestra, queda demostrado al contrastar el panteón religioso neolítico con el cristiano. En el neolítico, la cabeza de la sagrada familia era una mujer: la gran Madre, la Reina del Cielo o la Diosa en sus diversos aspectos y formas. Los miembros masculinos de este panteón – su consorte, hermano y/o hijo- también eran divinos”. 

El impacto sociocultural de la diosa fue explicado por primera vez gracias a Eisler: se desarrollaron sociedades pacíficas, de cuidado, solidaridad, igualdad y conocimiento.  La agricultura prevenía el hambre, la salud prevenía la enfermedad, la paz prevenía la muerte y todo ello se lograba con educación e igualdad, ese era el mensaje de la Diosa y sus símbolos. Por ello, la superioridad de los principios femeninos se manifestó en el orden político, económico y religioso, en la creación de arte y tecnología, pero no en términos de dominio de unos sobre otros.


La igualdad entre hombres y mujeres, era seguida por la igualdad social, tumbas y construcciones no mostraban las ostentosas diferencias típicas de la era androcrática actual. Tampoco se glorifica la guerra, saqueo y matanzas.

“Una de las cosas más impactantes del arte neolítico es lo que no se representa. Aquí no hay imágenes de “nobles guerreros” o escenas de batallas. Tampoco existen huellas de “heroicos conquistadores” arrastrando a sus cautivos encadenados, u otras evidencias de esclavitud. Aún más, es impactante en el arte de este período la carencia de la imaginería gobernante/gobernado, amo/súbdito, tan característica de las sociedades dominadoras”.

Todas estas características se encontraron en la isla de Creta que albergó a la avanzada civilización minoica. Es la única sociedad gilánica conocida que sobrevivió hasta los tiempos históricos y se cree que puede ser la Atlántida de Platón. Tenían escritura, arquitectura y urbanismo y un vasto comercio marítimo, entre otros avances. El arqueólogo que la estudió por 50 años escribió:

“Toda la vida estaba impregnada por una ardiente fe en la diosa naturaleza, fuente de toda creación y armonía. Esto condujo a un amor a la paz, horror a la tiranía y respeto por las leyes. Aun entre las clases gobernantes parece haberse desconocido la ambición personal; en ninguna parte encontramos el nombre de un autor adosado a una obra de arte ni un registro de las hazañas de un gobernante”. 

“La creciente riqueza de la isla, se empleaban juiciosamente para mejorar las condiciones de vida, las que eran, aún según patrones occidentales, extraordinariamente ‘modernas'”

Aunque en estas sociedades la jerarquía de las mujeres era superior y la evidencia indica que la descendencia y la herencia se traspasaba por medio de la madre, no eran matriarcado pues ese es un término de dominación, explicó Riane Eisler, que a falta de conceptos apropiados definió este modelo como gilania, que une gy y en las raíces griegas de mujer y hombre.

“Esta visión del poder como el poder ‘femenino’ de alimentar y dar, indudablemente no siempre fue aceptado, pues éstas eran sociedades conformadas por personas de carne y hueso, y no utopías ficticias. Pero aún así, fue el ideal normativo, el modelo para ser emulado tanto por mujeres como por hombres”. 

Puedes ver el reportaje completo aquí y ver el video exclusivo de la entrevista aquí.  

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