Sumar radicalidad a la vida organizacional, ¿Por qué no? Opinión

fernando veliz

Por Fernando Véliz. Ph.D © y Magister. Autor de “Comunicar”, “Resiliencia Organizacional”, “Liderazgo Coach” (micro libro) y “101 Caminos para Sobrevivir al Mundo del Trabajo”.


A principio de los 90, recién salido de la universidad junto a un amigo estábamos trabajando en una empresa de estudios de mercado. El ambiente era tan malo, el maltrato y abuso eran tan surrealistas, que en un momento de desesperación le dije a mi compadre… “Varela, estoy desesperado en esta empresa, me siento con baja autoestima frente a estas jefaturas”. Mi amigo ya acostumbrado a ese tipo de trato, sin gran esperanza en sus ojos me dijo con una naturalidad aterradora y casi gentil… “pero Véliz, haz como yo, ¡yo no tengo autoestima!”. Al otro día renuncié a la empresa.

En esos años (principio de los 90) todo lo que hoy se publica en esta revista (RH) no existía. La comunicación, los valores, el liderazgo, la motivación, la ética, la responsabilidad social, la felicidad, las emociones eran temas exageradamente gourmet para nuestra cultura empresarial. En esa época todos estos conceptos sacaban sonrisa casi de ternura, más que de convicción en las personas… y lo entiendo. Veníamos de una época autoritaria en donde la vida se había silenciado desde un poder aterrador. ¿Quién podía hablar, expresarse o discernir? Sin darnos cuenta nos habíamos invisibilizado (y domesticado) al igual que Varela, y desde ese lugar la desesperanza aprendida de Seligman había hecho su trabajo en forma eficaz… pero nuevas distinciones con el tiempo nos sorprenderían: surge la radicalidad.

Etimológicamente la palabra “radical” viene de la voz latina, radicalls, relativo a la “raíz”. Es decir, ser radical es conectar con la raíz, con lo que somos, con los orígenes, con lo que nos importa y mueve (valores, principios, etc.). La raíz también dialoga con nuestra identidad, con el quién soy yo como ser humano y organización. Es decir, ser radical es vivir en coherencia con nuestras circunstancias fundacionales, con lo más profundo, arquetípico y significativo de la vida misma.

¿Qué aprendí de esta palabra (radicalidad) entonces? Que ya no es suficiente con simular las relaciones, conversaciones y acciones. El mundo del trabajo tiene sí o sí que levantar una autopercepción verosímil y conectada con la raíz, con el origen de lo que somos. De esta forma las culturas radicales serán culturas sólidas, honestas y empoderadas con lo que verdaderamente son, más allá de lo aspiracional, más allá de lo que “corresponde” o “merecemos” identitariamente hablando. Borges dijo un día, “Cualquier destino, por largo y complicado que sea, consta en realidad de un solo momento: el momento en que el ser humano sabe para siempre quién es”.

Culturas radicales serán entonces, culturas organizacionales enfocadas no en lo que quiero que perciban de mi como empresa, que es la clásica dinámica noventera/marketera que enfatiza en la “imagen” (lo que se percibe), sino más bien en la cultura de la “reputación”, es decir, en lo que soy verdaderamente y sostengo desde lo axiológico a lo largo del tiempo.

¿Y cómo se puede ser radical en una organización? Es decir, ¿cómo se puede vivir desde la raíz (valores, creencias y consistencias), desde lo que somos, desde lo que nos convoca como seres humanos? Ideas posibles que surgen en este momento…

· Seamos radicales con nuestros líderes, que den el ancho, que sean coherentes y consistentes, que no busquen por fuera, que sepan que lo que tenemos como cultura y seres humanos es suficiente, y desde ahí a emprender.

· Seamos radicales con nuestra gestión, entendamos que el trabajo en sí es el eje movilizador de nuestra organización, y que nuestras raíces e identidad tienen los valores adecuados para optimizar, emprender, desafiar y educar.

· Seamos radicales con nuestra ética, sostengámosla, defendámosla, démosle presencia y utilidad. La ética conecta con el bien común, ojalá que eso se vea, se viva… las puras declaraciones ya no son suficientes.

· Seamos radicales con el rol de la Gerencia de personas, salgamos de las zonas de confort, de los lugares comunes y vámonos al extremo de la innovación y el aprendizaje. Demos buena vida laboral a la gente, ¡hoy!

· Seamos radicales con las dinámicas comunicacionales, que sean de excelencia, valientes y honestas. Salgamos de las conversaciones sin vocación de poder, ya que el diálogo tiene que ser compartido, de todos.

· Seamos radicales en el cómo construir comunidad laboral. Desde lo diverso, con aceptación, sin intolerancia ni exclusión. Cuando hay trabajadores de 1ra, 2da y 3ra categoría, obviamente anomalías silenciosas se acumulan.

· Seamos radicales con los sueldos, con las promesas, con los reconocimientos, con los agradecimientos, con la excelencia, con el aprendizaje, con la responsabilidad social, con la formación, con el tiempo libre, con el cuidado del medio ambiente… y tengamos claro que todo lo dicho se sustenta en valores, que desde los principios se transforman posteriormente en acciones conductuales. Y todo esto surge de nuestras raíces.

· Seamos radicales con nuestra autopercepción y preguntas: ¿Mis valores como ser humano están en sintonía con los valores de mi empresa, con las raíces de mí organización?, ¿vivimos los valores que declaramos?, ¿hay radicalidad en nuestra autopercepción, en nuestra conexión con nuestras raíces, certezas y creencias? ¿Usted confía en el ser social que declara ser como individuo y organización?

Por último, la teoría de la resiliencia (capacidad de revertir la adversidad) se conecta en forma natural con la teoría del bambú: Planta tropical de tallo en forma de caña, alto, leñoso y resistente, hojas grandes y alargadas de color verde claro y flores en panojas derechas, ramosas y extendidas; puede alcanzar hasta 20 metros de altura. Pero lo más importante, antes de crecer el tallo de este vegetal (bambú) por aproximadamente 5 años, lo primero que crece son sus raíces. Como estas raíces son firmes y extremadamente extendidas y profundas, esta planta es fuerte, estable y flexible frente a cualquier evento que surja y exija resistir adversidad. Es decir, son las raíces las que dan vida y estabilidad al bambú, por tanto, las raíces son su radicalidad, y es lo que transforma a esta planta en un organismo conectado con posibilidades reales de sobrevivencia, no importando lo adverso de su contexto físico. Sus raíces son sus certezas para habitar el futuro, ¡así de simple!