Vivir en mundos más grandes Opinión

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Muchas empresas pueden caer en esta ilusión: creer que definir el perfil del líder y generar un plan de entrenamiento será suficiente para generar el anhelado cambio cultural que esperan

Hoy los chilenos sufrimos. La pérdida de confianza en todos los sectores políticos, la evasión de impuestos, la compra de influencias nos lleva a cuestionarnos cosas que hasta ahora eran en cierto grado espacios de certeza y hasta de orgullo nacional, como la confianza en las instituciones que hoy se ha deteriorado significativamente. Esperamos nuevos liderazgos, el gobierno promete nuevos gabinetes que calmen la ansiedad de un país que se estanca. ¿Qué esperamos que ocurra? A veces las promesas de liderazgos salvadores generan un efecto de ilusión en las masas. La creencia ilusoria que la sola honestidad de una persona o el carisma de un individuo lograrán sacar al país de dilema donde está. Eso es parte de reducir el mundo. La creencia ilusoria que la sola capacidad personal puede transformarlo todo. Sin duda que las capacidades personales son invaluables, pero no son suficientes ni para un país ni para una organización. Cambiar solo el estilo de liderazgo sin mejorar los procesos que los sustentan es lo mismo que querer mejorar el país sobre la creencia de que el carisma es suficiente, obviando el fortalecimiento de las instituciones que sustentan la transparencia y confiabilidad del sistema.

Muchas empresas pueden caer en esta ilusión: creer que definir el perfil del líder y generar un plan de entrenamiento será suficiente para generar el anhelado cambio cultural que esperan. Es parte, pero no es todo. Más aún, un cambio en los líderes que no está conectado con el gerenciamiento y el modelo de gestión (como se toman las decisiones en la empresa y cómo se administra) no tiene posibilidades reales de perdurar. Tarde o temprano el cambio será consumido por el peso de la dinámica de la empresa que toma decisiones concentradas y que cuando decide reducir sus costos recorta por parejo los presupuestos en vez de empoderar a sus ejecutivos para que ellos mismos generen propuestas de reducción y eficiencia. Pensar aisladamente en habilidades impide conectar estrategia con ejecución, es decir, la traducción de la idea en acción.

Agrandar el mundo es aceptar entonces la complejidad de que el cambio es el fruto interconectado del avance en distintos niveles simultáneos: el de los individuos y sus habilidades y capacidades; el de los líderes y los grupos y sus dinámicas funcionales o disfuncionales (como saber discutir sobre los temas difíciles de manera productiva, avanzando en el problema por sobre las diferencias o la agresividad); y finalmente el de la gestión, que implica alinear todo lo anterior con la forma en que se administra y con las estructuras, sistemas, procesos y políticas que le dan soporte. Aún los líderes más carismáticos requieren generar visiones compartidas entre los distintos actores de cuáles son los problemas y de cómo abordarlos, perseverancia y consistencia. Los cambios toman tiempo, pero hechos de manera integral pueden perdurar por largo tiempo y no son sólo una ilusión momentánea de éxito.

sergio vergaraPor Sergio Vergara Fundador y gerente general de Partners & Success. Publicado en RHM 87.