¿Satisfechos realmente? Marketing, ética y trabajo en el Chile contemporáneo Opinión

Vicente Sisto

Por Vicente Sisto Ph.D, secretario académico y director de doctorado en psicología de la Escuela Psicología en la PUCV y miembro del Núcleo Milenio Autoridad y Asimetrías de Poder.


Hace algunos días surgieron titulares muy auspiciosos: “Satisfacción laboral llega a 72% y Chile alcanza el puesto número 14 a nivel global junto a Rumania” (Radio Bíobío, 8 de noviembre de 2018); “¿Mejora ambiente en la oficina? Sube la satisfacción de los trabajadores con su empleo: Actualmente Chile ocupa la posición número 14 entre 34 países subiendo cinco ubicaciones en el Ranking Global” (Diario Financiero, 7 de noviembre de 2018). La noticia parece muy grata para todos aquellos que estamos comprometidos con una mejor gestión de personas y una cada vez mayor satisfacción en el trabajo. Sin embargo sorprende pues contrasta con una serie de otros datos disponibles acerca del trabajo en Chile.

Recordemos que la satisfacción laboral refiere a una percepción evaluativa que realiza la persona acerca de su trabajo, por lo tanto, está mediada por los criterios evaluativos que usa la persona. Estos no sólo refieren a expectativas, sino que también a marcos culturales y situacionales con las cuales el sujeto decide si está o no satisfecho, y se vincula con las condiciones de trabajo así como con la salud y conducta de la o el trabajador.

Los titulares mencionados emergen de la última edición del Workmonitor, un estudio realizado por la consultora transnacional de recursos humanos Randstad en el cual abordan satisfacción laboral. Con este estudio, la empresa alcanza relevante visibilidad conquistando titulares en diferentes medios de comunicación, como ha ocurrido en este caso. Sin embargo, hablar de satisfacción del trabajo no debiese ser un asunto meramente vinculado a visibilidad y marketing de una empresa consultora. Por el contrario, supone hablar de un indicador que debiese ser altamente relevante, ya que nos permite aproximarnos a cómo el trabajo y sus condiciones tienen efectos reales en las personas y en la sociedad en su conjunto.

Es curioso que el mismo estudio hace un año atrás señaló que Chile era el “sexto país en el mundo con menor satisfacción dentro del trabajo” (El Mercurio, 10 de septiembre de 2017). Milagrosamente hoy se logra “una de las cifras más altas obtenidas en este aspecto desde que se realiza el estudio en 2010”. ¿Cómo se explica este salto abrupto? De hecho, el salto no fue de un año a otro… El informe publicado por la misma consultora en febrero del 2018, es decir cuatro meses después, señalaba que Chile se ubicaba como uno de los países con mayor satisfacción laboral, alcanzando “un máximo histórico” (El Mercurio, 22 de febrero de 2018). Es decir, con elección presidencial mediante, Chile pasó en cuatro meses de ser uno de los países con menor satisfacción laboral, a uno de los con mayor satisfacción alcanzando máximos históricos.

Obviamente estos saltos tan abruptos no son fácilmente explicables. Como señalan incluso las notas de prensa de la propia consultora, la satisfacción labora se vincula con prácticas gerenciales que requieren una cierta estabilización en el tiempo, pero más allá de eso, responde a condiciones laborales, y expectativas que se vinculan también a condiciones de vida.

Lamentablemente la consultora entrega muy poca información metodológica (tipo de muestra, instrumento, tipos de análisis, entre otros) que permita hacer un juicio acerca de la calidad de estos resultados. Sí podemos decir que estos no son coherentes entre sí, considerando que variaciones tan abruptas no son explicables para este constructo, pero tampoco son coherentes con los resultados que han aportado diversos estudios científicamente guiados en el Chile contemporáneo en diversos grupos ocupacionales a lo largo de los últimos años. El problema de esto no sólo refiere a la incoherencia, sino al hecho de que estos grandes titulares, que buscan posicionar a una consultora en los principales medios de comunicación, tienen el efecto de encubrir situaciones relevantes que sí están afectando al trabajo en Chile y que deben preocuparnos como actores del mundo de los recursos humanos.

En efecto, si bien los estudios en satisfacción laboral llevados a cabo por diversos equipos en Chile han coincidido que esta alcanza sólo rangos medios, sí tiende a vincularse con la calidad del empleo de los grupos estudiados, la que en Chile ha sido fuertemente cuestionada. Tal como han indicado diversas estadísticas actualmente el 60,2% de los nuevos empleos de los últimos ocho años corresponde a trabajadores por cuenta propia y a asalariados externos, es decir, subcontratados, por suministro de trabajadores y enganche (Fundación Sol, 2018; INE, 2017).

Por otra parte, según datos del 2018, el 40,5% de los actualmente ocupados están vinculados laboralmente mediante formas contractuales que no están asociadas a ninguna legislación laboral (como son contrato de prestación de servicios y otros), quedando sin protección legal (Fundación Sol, 2018; INE, 2018). A esto se suman salarios bajos, poca inversión en capital humano (Gerber, Moya y Castillo, 2017) y culturas y prácticas organizacionales autoritarias (Araujo, 2016), que incluyen proporciones significativas de trabajadoras y trabajadores sujetos a diversas formas de violencia laboral (Palma, Ahumada y Ansoleaga, 2018). Los resultados de estos estudios han sido elocuentes, y deben llevarnos a una mirada más acuciosa y responsable con el trabajo en Chile, sus condiciones y prácticas de gestión, pues todo esto tiene un correlato en la vida de las personas, e incluso en sus cuerpos. En contraste con la noticia difundida por Randstad, la Superintendencia de Seguridad Social (2018) recientemente reportó que durante el 2017 se diagnosticaron 8.942 enfermedades profesionales. Lo que implica un aumento del 24% respecto de 2016, y de más de un 100% si se compara con los datos del 2012 (4.432 enfermedades). Es decir, en 5 años se duplicaron las enfermedades vinculadas al trabajo, dando cuenta de un aumento sostenido que no se correlaciona con los curiosamente auspiciosos datos de Randstad.

En efecto, mientras se da cuenta de incrementos fantásticos en la satisfacción laboral, la Superintendencia de Seguridad Social (2018), nos reporte un aumento sostenido en enfermedades laborales. Lo que va a la par del aumento del empeoramiento de la calidad del trabajo reportado por diversos estudios. Como agentes protagonistas del devenir del trabajo en Chile, a través de nuestras prácticas gerenciales, de consultoría e investigativas, estamos en una posición privilegiada, por la cual debemos responder responsable y éticamente. En esto muchos profesionales de recursos humanos en Chile dan cada día el ejemplo.


REFERENCIAS
1: Araujo, K. (2016). El miedo a los subordinados. Santiago: Lom
2: Gerber, M., Moya, C. y Castillo, A. (2017). Hacia un trato justo: percepciones de justicia en el trabajo en Chile.
3: Observatorio de Desigualdades UDP. Disponible en http:// observatoriodesigualdades.icso.cl/2017/11/ hacia-un-trato-justo-percepciones-de-justicia- en-el-trabajo-en-chile/
4: Fundación Sol (2018). Informe Mensual de Calidad de Empleo Abril 2018. Santiago Fundación Sol.
5: INE (2017) Nueva Encuesta Nacional de Empleo. Santiago: INE.
6: INE (2018) Nueva Encuesta Nacional de Empleo. Santiago: INE.
7: Palma, A., Ahumada, M., & Ansoleaga, E. (2018). ¿Cómo afrontan la violencia laboral los trabajadores/as chilenos/as? Psicoperspectivas. Individuo y Sociedad, 17(3), 1-13.
8: Superintendencia de Seguridad Social (2018). Informe anual 2017 estadísticas sobre seguridad y salud en el trabajo. Santiago: Superintendencia de Seguridad Social