“Nuestras organizaciones generan sufrimiento” Entrevista

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En esta entrevista publicada por RH Mangement, el filósofo y coach Aldo Calcagni hace un recorrido por diferentes hitos de la historia de Occidente que han marcado una forma de pensamiento que hoy se vuelve obsoleta para la continuidad de la civilización. Cree que no podemos seguir creciendo, que no es sostenible, y que necesitamos un cambio de mentalidad.

Con la idea de detenerse, mirar y escuchar nuestro modo de ser actual, su historia y sus características, el filósofo y coach Aldo Calcagni propone una “Expedición por la mente occidental”, un taller de dos días que realizó el 1 y 2 de julio pasado para comprender un poco más quiénes somos y los fenómenos en los que estamos involucrados. Esta historia, para Calcagni parte el el año 1600, cuando se produce un vacío luego de dos fuertes traumas para la civilización como fueron la caída del Imperio Romano (476), con el consecuente fin del pensamiento mítico, y luego la caída de la Edad Media (1492), que pone fin al pensamiento mítico religioso: “Desde 1600 en adelante, lo que sucede es que cae un sistema y no hay nadie que nos diga ‘vamos de aquí para acá’, hay un vacío espiritual que se llena con la Reforma y Contrarreforma de la iglesia, pero se demora en aparecer el pensamiento científico como una solución”, dice Calcagni. Explica que habíamos vivido en un palacio con el mundo griego y el Imperio Romano, “los seres humanos vivíamos en un lugar muy grande, muy seguro, incluso dentro del mundo del medioevo que esta lleno de lugares oscuros. Estábamos cuidados por Dios donde somos sus criaturas favoritas, es un lado muy luminoso, claro, amplio, donde no se necesitaba el conocimiento porque había sabiduría. Y eso se cae cuando se cae el mundo medieval, se cae la fe, este Dios que nos va a salvar, no solo porque llegan los musulmanes, también porque la peste arrasa con el 50% de Europa y las personas se mueren rezando. La fe no salva a la gente y cuando dejamos de tener fe en nuestro paradigma se nos cae nuestra creencia básica”, explica.

La humanidad vivió entonces siglos sin esas creencias, “hasta que aparece la ciencia como una choza al lado de nuestro palacio, con un conocimiento muy limitado al lado de Aristóteles o Santo Tomás. La explicación de Newton es miserable: ‘te voy a decir cómo se mueven las estrellas y como se caen las cosas en una ecuacioncita’ ”. Para el filósofo, este fue “un lugar de miseria del espíritu humano, pero también suceden cosas maravillosas como es la creación de la técnica, que estaba separada de la ciencia, empieza a funcionar la ingeniería en 1700, 1800, y aparece un nuevo lugar para los seres humanos. Esto de la ciencia genera un cuarto elemento que es el capital, donde pasamos de tener dinero a tener capital, un mecanismo para generar riqueza, y tenemos la revolución industrial”.

A medida que el conocimiento del mundo se va ampliando cada vez se pelea más con la espiritualidad: “La iglesia está literalmente centrada en sí misma, no conversa con la ciencia ni con la técnica y se produce una fragmentación donde el sufrimiento del alma humana no está recogido por ninguno. El trabajo aparece ya como algo sin sentido y hay riqueza mal repartida, por lo que comienzan los movimientos sociales”.

El siglo XVI es el siglo de la ciencia, el XVII de los derechos humanos, el XVIII de la tecnología, el XIX del capital, XX de la información y luego la gran explosión de información. “Suena raro decirlo pero con esta red mundial de conocimiento, internet y toda la tecnología asociada, todavía ni siquiera sabemos como está impactado a esta estructura de la esencia del ser humano. El avance va más rápido de lo que podemos darnos cuenta en términos de cómo nos influye”, explica el filósofo.

Tiempos post modernos

¿Y qué es lo que está pasando hoy? “Estamos en un borde súper entretenido”, dice Calcagni. Explica que, por ejemplo, el sistema feudal podría haber durado mil años más, dos mil años más, pero nuestro sistema de producción no dura mil años más, tampoco 500 ni siquiera 100: “La ecuación en la que estamos es muy rara porque si tú la escribes donde todo se sume y se multiplique, da una curva de un crecimiento exponencial que no es sostenible.

Queremos más derechos, más tecnología, más capital, más, más, más y el planeta ya no da para más. Necesitamos encontrar algo que equilibre la ecuación. Ayer escuchaba a Eyzaguirre que decía que no hay ninguna fórmula para detener la pobreza que no sea el crecimiento y no podemos seguir creciendo. Todos los años se están produciendo cien millones de autos, no podemos seguir produciendo, no hay calles. Nuestra generación, los que estamos vivos ahora, vamos a tener que encontrar la solución o no; la naturaleza no tiene mucho problemas con los cánceres ni con deshacerse de especies que no están conectadas con su medio ambiente, y nosotros no lo estamos”, sentencia el filósofo, agregando que lo que necesitamos es un cambio de la mente, que no viene de esta ecuación, viene de otro lado.

En las organizaciones

Según Aldo Calcagni, la forma en que se expresa esta crisis del pensamiento occidental en las organizaciones es a través del sufrimiento. “Nuestras organizaciones, incluso las 500 mejores, generan sufrimiento. Haz la prueba, estamos hablando de los más privilegiados y si tú les preguntas si quieren ir a trabajar el lunes, te dicen que no. Eso no había pasado nunca en la historia. Incluso los que están en un Great Place to Work (GPTW), quizás haya alguno que lo esté pasando bien, pero la gran mayoría no”, sostiene.

“Vamos a necesitar limpiar esta brújula y mi impresión es que cuando la comunidad local se conecta con su localidad empiezan a pasar cuestiones raras, aparece el lugar de la belleza, de un tiempo para la verdad y una forma de espiritualidad distinta centrada en una verdad más que en una creencia, donde tengo que estar en paz interior… Por ahí va a haber una transmutación… Lunes y miércoles soy muy pesimista, pero martes y jueves soy optimista. Creo en un salto, en una nueva concepción de la ciencia, en las nuevas tecnologías usadas sabiamente, con arraigo en lo local. Lo malo es que 147 transnacionales son dueñas de todo, entonces ¿de dónde va a venir la posibilidad de cambio? Hay empresas que no quieren seguir creciendo, como Anilinas Montblanc, una empresa familiar con la que he trabajado, que tiene el tamaño adecuado y no quieren ni crecer ni agrandar el mercado; quieren crecer en creatividad, en belleza, en crear equipo, por ahí va el tema en nuestras organizaciones. No hemos heredado el planeta de nuestros ancestros, se lo hemos pedido prestado a nuestros hijos. Vamos a necesitar un sistema de trabajo distinto”, finaliza.