¿Qué hace que la Selección chilena de fútbol sea uno de los mejores equipos del mundo? Opinión

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El alto compromiso de sus miembros es el resultado de una fuerte identificación del equipo con sus integrantes como un todo, partiendo por sus referentes y sus sueños.


avendañoRodrigo Avendaño Andrade. Psicólogo, Universidad de Chile. Director de personas, Clínica Universidad de los Andes.

 

 

 


Para responder a esta pregunta las opciones de análisis pueden ser muchas. Aquí sólo trato de aportar hablando de lo que he aprendido viendo otros equipos de trabajo desplegándose en ambientes complejos y bajo presión. De seguro la explicación será sólo parcial, pero siento la compulsión a escribir esto para intentar explicar lo que parece ser un regalo, un milagro; o para advertir un patrón a extrapolar. Tal vez sólo escribo esto para estirar la alegría y el deleite de ver al equipo de todos más alto que nunca.

Considero cinco puntos centrales. Ninguno de ellos es suficiente por sí mismo para explicar el alto desempeño del equipo chileno. Por eso, lo que hoy presenciamos es atípico, pues es un mix de diversas circunstancias que no siempre se dan juntas:

1. Capacidad técnica al servicio de la estrategia de juego: Los “cabros son buenos para la pelota”. Esto es algo que parece a veces obvio, pero muchas veces es pasado por alto. Para ser realmente bueno en cualquier actividad humana hay que tener talento, junto con eso hay que tener disciplina para llevar a lo más alto ese potencial. Por supuesto, esta característica no hace a un gran equipo, hay muchos ejemplos de equipos llenos de estrellas y escasos logros grupales. En el caso de Chile, no siendo la selección o el equipo de fútbol profesional más competente técnicamente (Brasil, Argentina o Alemania probablemente lo superan), su selección tiene excelente dominio de balón, precisión técnica en los pasases en velocidad, capacidad aeróbica y resistencia; junto a lo anterior un equipo tácticamente muy disciplinado, lo que se relaciona con una alta capacidad de concentración. Todo esto demuestra que las características de los jugadores están en absoluta sintonía con una idea de juego. Esto es central. No siempre la estrategia de los directivos tiene en cuenta las habilidades que existen en el equipo, por lo cual se generan muchos fracasos. Otras veces las habilidades están, pero la estrategia no aprovecha esas habilidades. Chile basa su estrategia de juego en las habilidades de los intérpretes: la posesión del balón, no rifar la pelota, no comprometerla; jugar adelante, pero si no se puede, el pase al lado o atrás, o al arquero, quien muchas veces es el primer volante de creación; presionar la salida del rival, y hacer buenos movimientos en línea.

2. Propósito claro y ambicioso: “ser campeones mundiales”. Claro cualquiera puede proponer para sí una meta alta, pero al mismo tiempo puede considerarla un juego, un imposible o una frase dicha al pasar. No es el caso de este equipo. Este propósito surge cuando algunos de sus referentes (Alexis, Vidal, Medel) eran juveniles. Este propósito demuestra una vez más disciplina y por sobre todas las cosas ambición, apoyada en las capacidades técnicas mencionadas. “Soy bueno para la pelota, puedo y quiero ser el mejor del mundo”. Este espíritu de lucha genera un efecto de convicción en el grupo completo, y ese es uno de los motivos por los cuales nos sorprende que los que no son jugadores de elite, aquí luchen y luzcan como estrellas mundiales (Jara, Vargas, Isla, Boseajour)

3. Complicidad y confianza: existe espíritu de equipo basado en la complicidad de sus jugadores claves y referentes (Bravo, Vidal, Alexis, Medel). Un equipo que se conoce por años y que ha logrado compenetrase tras objetivos comunes a pesar de sus diferencias individuales, y que contagia al resto del plantel. Hay signos de complicidad en los festejos (golpes de “pecho con pecho”), pero también en las derrotas, como la de Brasil 2014, con la carta de Bravo a sus compañeros y un sueño reforzado: ganar algo importante. Se nota el respeto a los referentes, pero incluso entre ellos, al referente de los referentes, una vez más, el capitán. La arenga de Bravo a sus compañeros antes de los penales frente a Portugal es tanto una muestra de liderazgo, como una prueba de compañerismo: “todos ganamos, todos perdemos, lo hemos dado todo y me saco el sombrero ante ustedes”. Toda esta complicidad se basa en la confianza mutua. Esto es complejo de lograr cuando el estándar de desempeño es alto. Cualquier error podría ser fuente de cuestionamientos y pérdida de confianza. Es que en este equipo la confianza no se basa tanto en la excelencia técnica, sino en el compromiso que cada uno exhibe por dar lo mejor de sí.

4. Identificación y pertenencia: el alto compromiso de sus miembros es el resultado de una fuerte identificación del equipo con sus integrantes como un todo, partiendo por sus referentes y sus sueños. Los rituales de ingreso a los nuevos convocados dan cuenta de eso. Esta es la segunda explicación de por qué jugadores de nivel medio en este equipo logran un desempeño sobresaliente. Pareciera que esos jugadores encuentran aquí su casa, el lugar al que pertenecen y dónde pueden dar lo mejor de sí.

Esquematizando lo dicho hasta ahora tenemos lo siguiente: capacidad técnica que alimenta un propósito ambicioso, el que a su vez genera identificación y sentido de pertenencia. Ese sentido de pertenencia refuerza el compromiso y éste a su vez respalda la complicidad del equipo.

5. Liderazgo: Se puede hablar de Bravo como el líder natural del equipo, al hacerlo queda la duda del rol de los directores técnicos (DTs) y a la larga del rol del liderazgo formal en los equipos de alto desempeño. Tiempo atrás se pensaba que el liderazgo consistía en decir para dónde ir, fijar la pauta y controlar que así ocurriera. Hoy el propósito o sentido del equipo se construye teniendo en mente el fin último de la organización, pero buscando referencias que apelen a las necesidades y sueños de cada integrante. Ese rol de articulador de sueños y esfuerzos es una tarea central del liderazgo. En la selección chilena de fútbol, esto no lo hace el DT, el equipo tiene su propio propósito y se lo recuerda siempre los referentes internos ¿Qué hace el “líder/ DT” entonces? El DT debe administrar un equilibrio de dos polos: ser directivo (fijar más claramente el rumbo y la forma de llegar a eso) cuando el equipo es nuevo o más inmaduros sus componentes, y en el otro extremo, ser un facilitador y dar mucho espacio a la auto-organización de los mismos jugadores, cuando hay más experiencia ganada en el grupo. En estos polos, algunos DTs se exceden en el protagonismo de ser directivos, por ego o inseguridad (Mourinho), otros están en un punto intermedio, dan especio al jugador, pero creen firmemente en la “mecánica” del juego, por lo cual entienden su rol de jefe como el de un administrador burocrático, que ordena procesos (Pellegrini). Otros son facilitadores, pero no consideran la madurez del equipo, y le dan más libertad que la que el mismo equipo estaba en condiciones de soportar por experiencia y “heridas de guerra” (Borgi) ¿Cómo han sido los liderazgos de Bielsa, Sampaoli y Pizzi?

Bielsa: directivo en la disciplina de juego, formador en cuanto al propósito. Él participa del “cambio de switch”, pues su discurso empatiza con los sueños y propósitos de los mismos jugadores. Sin embargo, queda la pregunta abierta: ¿habría tenido éxito Bielsa con un equipo maduro como el actual?

Sampaoli: directivo en la dinámica de juego y motivador competitivo en cuanto al propósito. Chile no conseguía congeniar el hambre de victoria de sus referentes con el mensaje idealizado del futbol de Bielsa. Sampaoli hace de puente, él muestra un camino, sin embargo, no está claro si Chile triunfaría de manera sostenida en el largo plazo con ese modelo. Con Sampaoli, se suma a la disciplina de juego, un hambre de triunfo casi sin límites que está dispuesto a hacer lo que sea por ganar, aunque en el camino queden lesionados o jugadores desgastados ¿Qué pasaría con su estilo competitivo cuando los resultados no se dieran de manera sostenida?

Pizzi: adaptativo y facilitador. Pizzi es humilde y sabe adaptar su filosofía de fútbol a lo que encuentra cuando llega a hacerse cargo del plantel. Él no impone un estilo de juego. Él ordena las piezas para que cada uno, siguiendo el propósito del grupo que él no definió, logre lo mejor de sí para bien propio y del grupo. Probablemente, Pizzi no habría sido el técnico apropiado para la etapa de formación de esta generación. Pero es un excelente técnico para la etapa de madurez del equipo y puede ser quien esté llamado a hacer prevalecer el patrón de éxito en generaciones futuras.

Como se ve el mix es complejo. Ninguno de estos cinco elementos por sí solo garantiza el éxito y tampoco se puede recrear de manera mecánica su conjunción. Eso es lo que explica lo excepcional de este equipo y la angustia de algunos fanáticos: ¿cuándo se acabe esta “generación dorada” se acabará el sueño? Puede que sea así, sin embargo, la lección que estos puntos otorgan a la gestión de equipos sigue siendo válida. A su vez, la admiración por el fútbol como deporte con infinitas posibilidades, azares y sorpresas, hacen lo suyo en vistas al futuro.

Que la esperanza por el siguiente triunfo de este hermoso equipo no se apague nunca.

Muchachos, también yo me saco el sobrero por ustedes!

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