Horizontalidad en la relación con los jefes Opinión

Felipe Landaeta

Por Felipe Landaeta. Profesor Escuela de Psicología, UAI. Mg. en Psicología de las Organizaciones, UAI. PhD en Psicología Transpersonal (CIIS, USA)


Hace aproximadamente un año escribí sobre la horizontalidad en la relación con los jefes, y a partir de nuevos reportes de clientes y lo observado en diferentes organizaciones creo importante volver a esta reflexión. En dicha columna comenté que “La horizontalidad es una conquista existencial, es un logro de reconocernos intrínsecamente iguales, sin embargo en la forma esto tiene más que ver con la cercanía y amabilidad en el trato”, agregando que “Por más horizontal que sea la relación, el jefe tiene más poder y el trato no vas a ser nunca de igual a igual en el trabajo”.

Esto es fundamental de entender. Hoy muchos jefes que tienen una forma de relacionarse vertical y dominante (que ha sido la forma de relacionarse durante su trayectoria profesional), luego de asistir a una conferencia sobre liderazgo y trabajo en equipo, o han leído algún libro sobre bienestar o felicidad en el trabajo, consideran que deben aplicar nuevas formas de relación con sus equipos. Entonces comienzan a declarar que ahora la forma de relación debe ser horizontal, que deben pasarlo mejor en el trabajo, incluso diciéndole a la gente que deben darle feedback sobre cómo lo hace como jefe.

Estos jefes pasan desde un deber a otro, en realidad no han hecho un cambio de paradigma en su forma de relación, sólo han cambiado un mandato por otro. Ahora la nueva forma de dominar e imponerse es con una tiranía de que “somos todos iguales”, de que “hay que pasarlo bien”. Esto pasa porque en el fondo consideran que aplicar estos cambios son tecnicismos, lo que es un error, pues la verdadera horizontalidad requiere un profundo trabajo interior. Consideremos que todos venimos de una cultura donde nos han formado con valores machistas y patriarcales, y de alguna forma nuestro deseo de control y de dominar a los demás va a aparecer en nuestras formas de relación y de trabajar con otros.

Muchas de las formaciones en liderazgo, de alguna forma tienden a replicar esto de forma más o menos burda, y en otros casos de forma sutil; en común tienen en su mayoría la idea de un líder que genera cambios en otros, de un individuo movilizando a un grupo, careciendo de la necesaria conexión humana, la validación de los demás, y faltando a la verdad de que gran parte del conocimiento surge en la relación con los demás y no es una idea de alguien solitario. Como dice Richard Stengel sobre Mandela: se puede liderar desde adelante, y también desde atrás. Lo que le falta en la mirada de Stengel es que también se puede liderar desde el lado, siendo uno más y permitiendo que las cosas ocurran y se desenvuelvan en los vínculos y la sabiduría colectiva; o incluso, si vamos pasos más allá en equipos desarrollados y con alta confianza, se puede liderar dejando a los demás tomar sus decisiones y eliminando los “deber ser” y los “mandatos” de cómo funcionar. Esto sería, posiblemente, una horizontalidad encarnada en todas sus dimensiones.