Fuerza laboral empobrecida Opinión, Reportaje

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Los bajos salarios en Chile impactan en la vida cotidiana de millones de trabajadores y trabajadoras. Filósofos, psicoanalistas y expertos reflexionan sobre su salud mental y calidad de vida.

En RHM 119 publicamos nuestra investigación sobre brecha salarial, sus causas, consecuencias e indagamos en algunos caminos para su mejora. Es un tema clave en nuestra línea editorial ya que entendemos que es el punto de partida para hacer mejores personas, mejores lugares de trabajo y empresas más sustentables.

En esa línea quisimos avanzar un paso más y preguntarle a intelectuales, Ph.D, filósofos, psicólogos, psicólogas y psicoanalistas qué les pasa a los seres humanos cuando el 50% de la fuerza laboral chilena, con contrato establecido, legal, trabaja arduamente, y es pobre. Los $379.673 (554,41 dólares mensuales) que reciben mensualmente no les permite superar la línea de la pobreza, fijada en $424.082 ($619,26 dólares mensuales) para un hogar compuesto por 4 personas. El INE nos dice también que el 70,9 % de los trabajadores y trabajadoras de esta larga y angosta faja de tierra recibe menos de 550 mil pesos (803,12 dólares mensuales).

Acá van algunas ideas que permiten configurar la corporalidad, emociones y psiquis de un hombre y una mujer que padece este contexto laboral. Asimismo, también nos permite develar cuál sería su subjetividad, valores, conductas, motivaciones o comportamiento.

Ignacio Fernández, escritor, speaker y consultor (ver P21), sostiene que “sabemos que los sueldos en Chile son muy malos y que la inmensa mayoría de los trabajadores gana muy mal. Entonces es muy rudo intentar meterse en el corazón en el alma, en la mente de ese trabajador. Ese trabajador que lucha por sobrevivir. Que lucha por tener las condiciones mínimas. Que está súper endeudado y que por más que reme no llega. Se produce lo que yo llamaría una dicotomía esquizofrénica. Es decir, tiene una vida personal, en la que está tratando de sobrevivir, y va a su organización que le habla de integración, de que tienen que dar lo mejor de sí mismo. Él tiene que entrar a alguna explicación para reducir esta disonancia”.

Ignacio Fernandez

Asegura que las explicaciones a esa dicotomía esquizofrénica van por dos lados. “Uno la desesperanza. Llegué tarde a esta repartición, voy a estar siempre en el lado de los que pierden, tengo que tratar de sobrevivir y se da cierta relación, yo diría de oportunismo amoral. Es decir, me pongo en el borde del sistema, estoy dentro del sistema y si alguna vez puedo pegar un manotazo para beneficiarme, lo voy a hacer. Desde esa perspectiva es completamente legítimo, además hay referentes. Lo hacen los tipos que se coluden en las empresas, se comportan como gato de campo y por qué yo no. Otro importante grupo de personas, se da cuenta de su lugar y ve este espacio como un espacio de posibilidad. Como que ellos también podrían acceder a aquello. Ahí la clave claramente es la educación. Es la formación de competencias, el hacer carrera. Lo que yo sí creo que es súper difícil, ya que esto requiere un espacio de consciencia. Cuando estás luchando con la pobreza, luchando con las necesidades básicas, es muy difícil de ver. En ese sentido, tienen un rol central las políticas públicas. Me encantaría que la mayoría de los empresarios chilenos entendieran esto. Porque también hay un rol social en generar mínimas condiciones de remuneraciones, de trabajo, para que las personas pudieran avanzar, en lógica de Maslow, salir de las condiciones de las necesidades básicas. Creo que en la mente están muy tensionados y que hay bastantes pocos espacios mentales para que puedan entender esto. Porque cuando estás cuatro horas arriba de la micro, es difícil pensarlo. Vuelvo a decir, desesperanza, solo crítica y por otro lado, también, se ve un espacio de posibilidad porque algunas organizaciones y en algunos colectivos, se ve que si tú te desarrollas un poco más allá de las necesidades básicas de tu ser, te vinculas con otros y eso te trae buenos resultados a ti también. Es dura la palabra disonancia, una cierta esquizofrenia, pero creo que es lo que viven muchos trabajadores y trabajadoras en Chile”, enfatiza.

LOS FILÓSOFOS

Carlos Sandoval

Carlos Sandoval, filósofo, consultor organizacional y autor del libro 20 filósofos visitan su empresa, opina: “Personalmente tengo una vida cómoda, me alcanza la plata para llegar a fin de mes, soy capaz de cubrir mis necesidades básicas y más. Mis hijos están sanos, soy capaz de proyectarme laboralmente, en muchos ámbitos, con las competencias que he ido adquiriendo. En fin, tengo una buena vida. Y pese a eso, siento que la vida es dura, difícil y desafiante. ¿Cómo será la vida para aquellos que no alcanzan a llegar a fin de mes? ¿Para los que no tienen la certeza de cubrir sus necesidades básicas? ¿Para los que sus competencias adquiridas con el tiempo, no les son suficientes para adaptarse al nuevo mundo laboral?

Ricardo Espinoza, Ph.D, académico PUCV, escritor, teórico crítico y filósofo chileno, nos dice: ”primero dar las gracias por la posibilidad de que exista una revista como la de ustedes. Con compromiso desde lo económico hasta lo político que es espectacular. Nada que envidiar a otras revistas anglosajonas o escandinavas de la misma línea. Pero es algo muy distinto en Chile. Acá la cosa no es así. En realidad, el management es como un aparato, es como lo psicólogos, son parte del aparato capitalista y de la normalización”.

espinoza

Respecto a los salarios y al impacto en la vida de los trabajadores y trabajadoras comenta que “el premio Nobel Joseph Stiglitz, que no pueden considerarlo un tipo de izquierda desatada, está diciendo por todas partes algo que es obvio. El salario mínimo es también un problema ideológico. Una de las mejores cosas que tiene Stiglitz, cuando le pega un palo a Picketty, es que sus libros son entretenidos. Pero al final tiene muchas soluciones concretas, exactas o algoritmos, para disputar, sacarle las lucas al 1%, a esos extractivos totales que se están devorando el planeta. Siempre está con eso.Para él el problema del capital en el siglo XXI se trata casi de un problema técnico, diría un Heideggeriano. Stiglitz dice que no, el problema no es ése. El problema del capital en el siglo XXI es un problema político. Dime tú cuál es tu concepción de sociedad, de democracia y te diré cómo trabajamos con los problemas que trae el capitalismo. Eso mismo hay que tenerlo presente para el problema de salario mínimo. A nivel planetario, en especial en Sudamérica; y en Chile es atroz”.

Entonces, qué hacemos para mejorar el sueldo mínimo y los bajos salarios en nuestro país. Para el filósofo Ricardo Espinoza. y autor del libro Capitalismo y empresa: hacia una revolución del nosotros, “pareciera que todo el mundo sabe que con 200, 250, 300 mil pesos es imposible vivir, menos en Chile que es más caro que Londres. Un supermercado en Londres es más barato que en Chile, por ejemplo. Entonces no da con 200, 300 o 500 mil pesos inclusive. Hay que pensar en 700 mil pesos hacia arriba. Y todo el mundo lo sabe. Lo saben los economistas, los ingenieros, los teóricos políticos, la gente de las ciencias sociales. La gente de los barrios. La gente de las comunidades, de las juntas de vecinos, la gente de los consejos regionales. Lo saben desde el Frente Amplio a la ultraderecha del Parlamento. La pregunta es por qué se mantiene algo como esto. Hablamos de 700 mil pesos, pensando en algo como mil dólares o mil euros, para vivir con dignidad, donde esté la salud, la alimentación, la vivienda, la educación. Una alimentación cubierta con un estándar normal del año 2018. No este ritmo de puro estrés y endeudamiento y la brutalidad de trabajar todo el día.”

Y continúa: “Cuando se negocia, se negocia un par de pesos. Después no se vuelve a discutir en dos o tres de años más. El problema es social y económico de desactivación de la economía, de desactivación de la producción, de pérdidas de miles y miles de trabajos. Así como se hacen las reformas, como la de las AFP, se anuncian pérdidas de miles de puestos de trabajo, implantando el miedo al cambio. Sabemos que es así, que estos pocos pesos mejoran mucho más las condiciones, porque antes no estaban esos pesos. Si se hace la corrección de verdad, sería como la panacea. Con 600 o 700 mil pesos para vivir más o menos con dignidad. Sin embargo, el discurso es que se acaba la productividad, que las Pymes se van a hundir, que sería la destrucción total. A este ritmo, en 100 años llegaremos a los mil dólares como salario mínimo. Es una locura que no se soporta. Es una medida para controlar a la gente, para desactivar fuerzas revolucionarias. A la gente le molesta hablar de revolución, pero se pueden llamar fuerzas emancipadoras, cuando la gente sale a la calle. Con las nuevas tecnologías se pueden muchas cosas”.

Espinoza afirma que la fijación de los salarios, del sueldo mínimo, es ideología pura y que no opera la libertad de mercado, un mito más a su juicio. “Con el trabajo de redes, con el smartphone, que es más útil que un rifle, con conversaciones transparentes. Con diputados como Karol Cariola, con gente de ese nivel, como Daniel Jadue, con trabajo de verdad en los municipios, con conectividad, con los cacerolazos. Con las tecnologías del No actualizadas en el siglo XXI se puede llegar a un proceso de decir “¿hay un miedo de subir a mil dólares?”. ¡Es ideología! “Aula Segura”, la “Araucanía Segura”, la “Inmigración Segura”, es ideología. El tema de Isapres, el estrés de los competidores, incluso los sistemas públicos compiten y se estresan, y eso ¿va a generar un mejor servicio y una mejor ética?, eso es ideología. Cuando dicen que te van a quitar la plata del bolsillo, es una ideología del “Yo” en contra del colectivo. Cuando te dicen: “usted puede hacer lo que quiere con su plata, con su voucher, en cualquier ámbito”, es ideología”, asevera.

Agrega: “Muy pocas personas pueden hacer lo que quieran y elegir. La elección está absolutamente articulada tanto en condiciones materiales como en condiciones subjetivas. Incluso en las personas que tienen mucho dinero, también su subjetividad está armada psicológica e ideológicamente. Es completamente falso. La típica libertad y el liberalismo es una libertad necesaria para la propia ideología. Si tu analizas los cambios en Isapres, los cambios en AFP, es para el 5% de la población, la propia elite. Hay que tener un doctorado, hay que tener tiempo, para mover el dinero, para mover las acciones, para aumentar el dinero en la AFP. Si tienes un hijo con una enfermedad, hay que tener plata, tiempo para poder negociar y agenciar la enfermedad de tu hijo.

Y concluye: “Respecto al salario hay que hacer un acuerdo global. Decir que hay que subir a mil dólares el salario en dos años. Esto va a salir así, va a tener este costo, va a tener un sistema de impuestos, un sistema de trabajo, de RR.SS. Además, hay que pensarlo a nivel regional. No es lo mismo mil dólares en Santiago, en Vitacura, en Arica, en Punta Arenas, etc. Hay que generar un sistema para mejorar los dineros. Y mejorar con la conectividad de todo el sistema, con las redes inalámbricas, conectividades físicas a través de trenes, por ejemplo, de consultorios, de colegios, de plazas. Todo esto asociado desde la venta de un sistema robusto, en todas las ciudades de Chile. Todo eso se debe modelar y se puede perfectamente con la gente brillante que hay en Chile. Se puede llegar a un modelo que puede mejorar la calidad de vida. Es factible. Hay que tener las ganas y los acuerdos políticos, hacer los modelos regionales, comunales. Hacer un plan de verdad para el Wallmapu. No hay que tener más miedo del supuesto caos social. Si el pueblo se activa, en un tejido sociohistórico, el pueblo puede seguir avanzando y obtener un atajo para que el salario mínimo en unos dos o tres años más esté en los mil dólares”.