El punto ciego en gobiernos corporativos Opinión

AZ

Annabella Zaccarelli, directora del Diplomado en Liderazgo y Gestión de Equipos, de la Unegocios. Facultad de Economía y Negocios de la Universidad de Chile.

Hace algunos años, fue conmovedor para mí, tener la oportunidad de escuchar a Otto Scharmer en San Diego, California, hablando del “punto ciego del liderazgo”. En aquel entonces, mi viaje se había originado como iniciativa para participar en un congreso internacional de liderazgo (ILA, International Leadership Asociation), en el cual uno de los grandes hallazgos fue el mensaje que daba Otto. Decía que, con respecto al liderazgo, hemos mirado qué hacen los líderes, qué características tienen en común, cuáles son los contextos en que habitan, etc., pero lo que no hemos mirado, nos decía, es el “espacio interior” desde el cual habita el líder.

Esto me motivó a atreverme a hablar más acerca del “espacio” y “mundo interior” de las personas, tema que ha sido de mi interés desde que tengo memoria y que me generaba un cierto pudor y aprensión por la posibilidad ser invalidado en un contexto de management. Esto también hizo que pusiera un mayor foco en la experiencia individual de las personas que se forman como líderes en el Diplomado de Liderazgo y Gestión de Equipos que dirijo en Unegocios, FEN, de la Universidad de Chile y en cada uno de los programas en los que soy parte de la formación de líderes y coaches. Esto también derivó en hacerme cargo de las diversas dimensiones de las personas que participan en nuestros programas, de manera integral, generando espacios propicios para “hablar de lo que no hablamos”, por ejemplo, el espacio energético-emocional desde el cual intencionamos la realidad y tomamos nuestras propias decisiones.

Hoy puedo decir que lo que percibo es, por un lado, una dimensión observable de cada persona (lo que hace, lo que dice, la forma en que se comporta, etc.) y una dimensión no observable, en la cual están interactuando una infinidad de creencias (supuestos implícitos que hemos ido incorporando a lo largo de la vida), con nuestras emociones asociadas a ellas, con ciertos patrones aprendidos en una dimensión inconsciente y con nuestra intencionalidad energética, que dependiendo de sus componentes, será un conjunto determinante para la realidad que vayamos configurando.

Es esta dimensión no observable, lo que llamo el “mundo interior” de cada persona y que, desde mi perspectiva, es la llave maestra tanto para los proyectos de aprendizaje y transformación que queramos realizar, como para los resultados que necesitamos obtener.

Cuando miramos desde esta óptica los desafíos que tenemos por delante, por más concretos que sean, como aumentar la rentabilidad de una compañía o desarrollar una determinada estrategia que logre el impacto que esperamos en el mercado, o cuando queremos que la visión que hemos establecido, se convierta en realidad, necesitamos mirar-nos, mirar el mundo interior desde el cual estamos vivenciando esos desafíos, mirar cuáles creencias albergamos que lo hacen posible y cuáles que no nos permiten avanzar, mirar desde qué emocionalidad nos estamos viviendo la incertidumbre y poder verbalizar lo que “nos pasa”. Poder abrir conversaciones que pongan sobre la mesa, ese diálogo interior que cada uno tiene, para poder mirar en profundidad, cuáles son las piezas claves que hay que mover, en virtud de una alta efectividad en los resultados que queremos producir.

Haciendo una analogía con los gobiernos corporativos, esta es la oportunidad que representa incorporar nuevas miradas en los directorios, que posibiliten una resignificación profunda del sentido de lo que los convoca y del camino para hacer realidad la misión y la visión establecidas y producir los resultados esperados.