Carta abierta al mundo del trabajo Opinión

fernando veliz

(Extracto del libro recién lanzado, 101 Caminos para Sobrevivir al Mundo del Trabajo)

Por Fernando Véliz. Ph.D © y Magister. Autor de “Comunicar”, “Resiliencia Organizacional”, “Liderazgo Coach” (micro libro) y “101 Caminos para Sobrevivir al Mundo del Trabajo”. Co autor de seis libros más.


Esta carta va dirigida al conjunto de las personas que trabajan en las empresas tanto públicas como privadas. Esta carta está pensada para los consultores, las escuelas de negocio y sus profesores, para los coach de empresas también. Esta carta resulta una invitación honesta al diálogo y a la reflexión colectiva sobre el cómo estamos trabajando y qué deseamos que ocurra con esto del trabajo, nuestros esfuerzos y expectativas.

Una cosa es clara: la vida no es solo trabajo y, a la vez, el trabajo sí nos ayuda para alcanzar una buena vida.

El origen de trabajar viene de la voz latina tripaliare, y este concepto viene del término tripalium (tres palos). Tripalium era un yugo que se utilizaba siglos atrás para torturar a los esclavos, ahí se les azotaba y denigraba. Es decir, el origen del trabajo es la tortura, el dolor físico y el aniquilamiento del otro.

Cuando doy conferencias y cuento esta historia del tripalium, la gente comienza a reír nerviosamente. Esto ocurre porque el concepto no les es lejano. Todos en algún momento hemos sido torturados en nuestro trabajo; este maltrato obvio es más sutil y sofisticado, pero sí nos triza en nuestra dignidad y expectativas como seres humanos. Nos reímos, pero esa sola sonrisa cruza con una mueca de dolor que habita en nuestros recuerdos más profundos.

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El título de este libro habla de “sobrevivir al mundo del trabajo”. Reconozco que hay cierta ironía y humor negro en el título y, a la vez, hay empatía y conexión con el dolor de mucha gente que no está disfrutando su trabajo, sino más bien sobreviviendo a un verdadero calvario. El desafío de este libro está en que después de su lectura, las personas den un salto en su actual oferta como trabajador y ya no busquen la sobrevivencia, sino que la buena vida en sus empresas.

Por lo mismo, lo que me inspiró a escribir este libro, es fomentar el cuidado organizacional, es decir, cómo cuidar a las personas dentro de las empresas, desde una ética realmente al servicio del conjunto de sus colaboradores. Nadie puede quedar fuera de una buena vida laboral, y el concepto que calza en forma exacta con este gran desafío que es el cuidado, es el bienestar organizacional.

Cuando se instala el concepto del bienestar surgen de inmediato los logros que este término puede generar en la rutina diaria de una compañía. Entre otras cosas, el bienestar organizacional impacta positivamente en la excelencia organizacional, en el aumento de la productividad, en la reducción del ausentismo, en la disminución de la accidentabilidad, en la reducción de la rotación, en el mejoramiento de la calidad del servicio, en el fortalecimiento de la rentabilidad, en la proyección del clima, en el incremento de la confianza, entre otras muchas variables.

Bienestar organizacional es cuidar a las personas y, a la vez, es fortalecer la vida laboral en sus múltiples desafíos y expectativas. El bienestar nos invita a mejorar como institución y como seres humanos.

Todo lo planteado tiene una sola finalidad: emprender un bello y aventurero viaje hacia la construcción de organizaciones fuertes, flexibles, empoderadas y en aprendizaje continuo.

Otro elemento a destacar: este libro habla de “101 caminos”, es decir, dar consejos ya no es suficiente para erradicar la actual cultura del tripalium. Hoy el desafío es ir por más, y esto solo ocurre cuando estamos empoderados y conscientes de que sí somos un motor de cambio frente a un camino posible. Por lo mismo, para que las cosas ocurran debemos irnos a las prácticas resueltas. Y estas tienen que estar inspiradas desde una nueva ética laboral, con nuevas preguntas y nuevos paradigmas. Es decir, lo que surja, lo nuevo que se coseche, será el resultado de una actitud abierta por aprender, desaprender y reaprender frente a la dimensión del trabajo, frente a un camino posible.

Espero también que este libro genere en las organizaciones un tránsito desde los clásicos “equipos de trabajo” hacia el logro de verdaderas “comunidades de aprendizaje”. Para eso necesitamos de nuevas preguntas frente a nuevos desafíos, y bajo esta dinámica el rol del líder es estratégico.

Los líderes tienen múltiples retos, uno de estos es resignificar la experiencia laboral con nuevas acciones, valores, emociones y compromisos. Y para que esto ocurra, se necesita también co-construir (entre todos) un nuevo relato de empresa, narrativa épica que debe estar al servicio de las dinámicas motivacionales de cada uno de los colaboradores.

El gran recurso que tendrán estos líderes para impactar en sus grupos de gestión serán las conversaciones (entendimiento). Será este diálogo continuo el que nos inducirá a escuchar y a repensar nuestros procesos educativos como organización, como de igual forma serán estas conversaciones las que articularán el sentido por lo que hacemos (el por qué y el para qué). Es decir, una conversación que no tenga vocación de poder (transformar la realidad), no es más que un diálogo administrador de lo ya existente… y ahí no hay transformación… y ahí tampoco hay camino.

Recuerdo con gran añoranza que, en mi infancia, cuando mi padre llegaba a casa en un horario muy adecuado, se cambiaba de ropa y regaba el jardín. En ese mismo instante yo me colocaba a su lado y juntos, en silencio, mojábamos el pasto. La experiencia era plena y profunda. Ya mayor observo ese momento y comprendo que mi padre, como pudo, siempre supo equilibrar su vida laboral con su vida personal. Muchos de sus compañeros nunca hicieron ese equilibrio, él con mucho esfuerzo y valentía lo logró. Y no es que su cargo se lo facilitara, ya que mi padre era cajero en un banco, solo que él tenía claro que el banco no era su vida, sino más bien una parte de su hacer diario.

Aprendizaje: mi padre nunca claudicó su profunda vocación por ser un gran padre y un responsable regador del jardín de su casa. Lo que aprendo de esta historia es que la vida que tenemos también es el resultado de nuestras prioridades y certezas de lo que en realidad definitivamente importa. Con respecto al trabajo el desafío es el mismo.

Dejo sobre la mesa estos “101 caminos” que estoy seguro pueden ser un aporte al mundo del trabajo. Quien desee dar un giro con su vida laboral puede tomarlos con absoluta confianza.

Por último, dedico este libro a las trabajadoras, a los trabajadores y a sus familias: porque otro mundo laboral, ¡sí es posible alcanzar!

¡Larga vida al trabajo con sentido!


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