Buen manejo político asegura consenso y bienestar para los trabajadores Reportaje

YL

El ex ministro de Estado sostiene que los buenos proyectos de ley, que escuchan a todas las partes, aseguran consensos amplios y permiten políticas públicas que benefician a los trabajadores y al país.

Yerko Ljubetic fue actor privilegiado de la época donde se redujo la jornada laboral de 48 a 45 horas. Durante el gobierno de Ricardo Lagos (2000 al 2006) fue subsecretario del trabajo y terminó siendo el titular de la cartera cuando Ricardo Solari se fue a la campaña de Michelle Bachelet. Hoy se desempeña como académico en derecho del trabajo en las universidades Alberto Hurtado y Central.

Durante el tiempo de las negociaciones y la tramitación (noviembre del 2000 a julio del 2001, cuando se aprueba la ley) la coalición gobernante (la Concertación) no tenía mayoría ni el la Cámara ni en el Senado. Recordemos, además, que durante esas fechas existía binominal y senadores designados. Por su parte, la economía disminuyó su ritmo de crecimiento (bajo del 6%) y la cesantía bordeaba el 10%.

Esta secuencia de hechos nos permite entender cómo se tramitan leyes cuando tienes todo en contra. Esta «gestión del conocimiento», al parecer tan ausente en nuestra clase política y empresarial, es un buen ejercicio para ver cómo avanzamos y contribuimos a generar políticas públicas que beneficien a todos y no a un grupo muy pequeño de personas.

 

Las razones del consenso

En ese escenario adverso, Ljubetic señala que hubo dos razones fundamentales para impulsar la reducción de jornada. «Estábamos en un contexto de altos niveles de desempleo, la rebaja de jornada tenía la posibilidad de presentarse como una alternativa de abrir espacios de empleo». La otra razón, argumenta, tiene que ver con las innovaciones al código del trabajo como consecuencia de los avances de la economía. «Había cierto espacio para innovar en cuestiones que tuvieran que ver con contrato individual, pero no así cuando se trataba de ideas en torno a innovar en materias de derecho colectivo, negociación colectiva».

Al respecto, el experto enfatiza lo difícil que fue (y es) avanzar hacia modelos laborales a nivel de países desarrollados. «Siempre es más fácil introducir, especialmente frente a los poderes fácticos, cuestiones que supongan modificaciones al capítulo de negociaciones individuales del contrato de trabajo. De esta forma, y por esa vía, podemos introducir esta y otras mejoras importantes, ya que en la medida que no afectáramos cuestiones relativas a las relaciones colectivas de trabajo, que han sido siempre la barrera que se ha impuesto y que se han autoimpuesto en aquellos años en los gobiernos de la Concertación y de la oposición».

Yerko rescata la capacidad de escuchar a todos, el manejo político y el pragmatismo de los principales actores en ese periodo para lograr avances. También fueron relevantes los indicadores y cifras de todo tipo que se tenían en ese momento a la hora de discutir más allá de las trincheras. «Yo creo que eso hizo que se generaran condiciones para poder avanzar rápidamente en ese proyecto. Por lo demás hubo un buen trabajo de difusión de las cifras que indicaban todo tipo de fuentes, públicas, privadas, nacionales, extranjeras, que Chile en ese tiempo (situación que mantenemos hasta hoy) es donde más se trabaja. Incluso en las normas que establece el código del trabajo hay una serie de mediciones que establecieron que Santiago era la capital mundial donde había una jornada más extensa para los trabajadores. Entonces había un conjunto de argumentos, también comparados, que hacían que entrara con cierta facilidad la idea de la reducción de jornada y esto se apreciaba como una cosa de sentido común».

Asimismo, el ex-subsecretario y ministro de Estado, valora que ese proyecto terminara con un alto nivel de consenso. No obstante, destaca que la falta de empleo y la baja de salarios fue uno de los argumentos más fuertes contra la reducción de la jornada. «Nosotros intentamos desbaratar ese argumento, y creo que es un tema que surge también con la actual proposición de reducción de jornada. En ese tiempo, nosotros sosteníamos, con toda la evidencia que podíamos tener, que esto no afectaría los salarios, incluso dentro del mismo ministerio había quienes sostenían, por ejemplo, la división del trabajo de aquel tiempo, que esto implicaría un ajuste de salarios a la baja y que los empresarios se las iban a arreglar para poder hacerlo».

Al respecto, asevera que la reforma del 2000 no estableció ni validó la rebaja de los niveles salariales. Sin embargo, acota, «hay alguna evidencia que muestra un lapso en donde los empresarios se las arreglaron, una vez más, para hacer la pérdida desde el punto de vista de la reducción de jornada y en los hechos afectar el salario».

 

Se repite la historia

La actual discusión sobre flexibilidad y reducción de jornada laboral es muy similar a la se dio bajo el gobierno de Ricardo Lagos. Dos corrientes de opinión confrontadas. Por un lado, los empresarios, con sus gremios, expertos y medios de comunicación hablando sobre lo poco conveniente de hacer cambios. Por el otro lado, la Concertación, los sindicatos, sus cuadros técnicos y el gobierno buscando contrarrestar.

Ljubetic afirma que las similitudes con el debate de hoy están en especulaciones o teorización sobre el eventual impacto en creación de empleo. «Desde el sector empresarial se hablaba del aumento del desempleo por el alza de costos. Este argumento uno los ve reiterado en el debate del actual proyecto».

Sin embargo, sostiene que existen matices. «Una diferencia quizás tiene que ver que en ese tiempo también estaba en el aire el empeño empresarial de lograr flexibilidad laboral en el manejo de la jornada. Logramos claramente mantener separados el proyecto de reducción de la jornada a 45 horas con las propuestas de los gremios empresariales y de la derecha en términos de introducir elementos de flexibilidad. Sabíamos que tal como estaban formulados, y en alguna medida eso es similar al proyecto actual del gobierno, contienen un riesgo importante de precarización de las condiciones, ya que no existen las negociaciones individuales en materia de relaciones laborales debido a la asimetría entre empleador y trabajador».

 

Rol de los sindicatos

En esa línea, el académico de la UAH asegura que en la actual discusión es clave mirar y entender el rol positivo que puedan jugar los sindicatos a la hora definir flexibilidad. «Hay que introducir en cualquier perspectiva de adaptabilidad un rol relevante de la organización sindical. De tal manera que se asegure una libre decisión de cada trabajador en función de sus propios intereses, y no solo en función de la empresa de la que forma parte».

En relación al proyecto que presentó el gobierno de Piñera agrega que «nuestra regulación laboral no contempla formas de adaptabilidad o flexibilidad de la jornada. No obstante, hay muchas maneras que actualmente están vigentes. La mayoría de ellas en uso y que dan cuenta de que nuestro marco regulatorio de la jornada no es rígido como el empresariado alega a la hora de apoyar sus proyectos de adaptabilidad y oponerse a los proyectos de reducción de jornada».


(*) Ex subsecretario y ex ministro del trabajo, abogado, egresado de la Universidad de Chile, magíster en relaciones laborales y políticas del trabajo por la Universidad de Bologna – U. Central, académico en la Universidad Alberto Hurtado.