El amor (Y otros sentimientos…) en el trabajo Opinión

AMOR EN EL TRABAJO

AMOR EN EL TRABAJO

En realidad es poco lo que conocemos del amor en el trabajo y en general de los sentimientos, incluyendo la amistad o la versión menos deseable, el odio.


Andrés Pucheu. Profesor Universidad de los Andes. Doctor en psicología, MBA. Autor de artículos y libros como “Coaching para la Eficacia Organizacional”; “Lo que cambia son las personas” y “Desarrollo y Eficacia Organizacional”.

 

 


Y no es que el tema sea poco relevante. Cuando se habla de cohesión, compromiso, vocación o “esprit de corps” estamos hablando del establecimiento de vínculos profundos, que permiten el sostenimiento del esfuerzo y sobrellevar los sacrificios que se requiere en hospitales, escuelas o comisarías, pero también cuando se busca clientes o se trabaja en turnos.

¿Qué es lo que sabemos?

Lo primero es que, contrario a lo expresado en las canciones adolecentes, los sentimientos son el resultado de un proceso de conocimiento profundo (Aron et al., 1991 y 1995). Una persona puede sentirse atraída por otra de manera instantánea, como ocurre con los enamoramientos de los quince años, pero las emociones desaparecen tan rápido como se activan. Por el contrario, el amor o la amistad, se derivan de un conocimiento de los aspectos menos evidentes del otro, acompañado de la aceptación de defectos o características que nos pueden ser menos deseables. De hecho, uno puede estar enojado, o incluso desilusionado, con alguien a quien ama y no por eso amarlo menos, como podemos observar muy frecuentemente en madres que están enojadas con el numerito que se acaba de mandar alguno de su retoños… Obviamente en las parejas o el trabajo esto tiene límites, pero quedemos en que la consecuencia es que el mejor clima no se logra cuando todos están felices, sino que cuando pueden observar los límites o debilidades de la organización y todavía sentirse comprometidos.

Lo segundo es que los sentimientos son vínculos, tal como los roles. La gran diferencia es que los roles son vínculos en que las reglas están más o menos estandarizadas, en cambio, en los sentimientos hay una preocupación por el otro que supera las reglas. Los mexicanos tiene un dicho que lo expresa muy bien: Para los amigos todo, para los enemigos la regla.

En la amistad o el trabajo en equipo, lo mismo que en el amor, existe una preocupación por el otro en tanto persona, lo que lleva a empatizar y conmoverse con él o ella. Esta intimidad es clave en el desarrollo adulto, ya que desde esta comprensión del sufrimiento del otro es que es posible desarrollar criterios que superan la mera legalidad o la búsqueda de placer inmediato, desarrollando e integrando nuestros propios principios… paradojalmente y como señaló Erickson (1994), es en la intimidad que nos individualizamos (Shea, 2003). Ahora, no es que en el amor o la amistad no existan reglas, es solo que las negociamos más fluidamente (Kernberg, 2003).


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Tercero y asociado a lo anterior. Los sentimientos son recíprocos o más bien requieren de un mínimo de reciprocidad para iniciarse (Katz y Beach, 2000) y luego mantenerse en el tiempo. Incluso en el amor a los hijos, que posiblemente podríamos considerar el más altruista, es esperable que exista respeto y cuidado por los afectos de los demás. En la familia o el amor de pareja señalamos la falta de reciprocidad con ideas como narcisismo, en el mundo del trabajo es explotación y manipulación.

Cuarto. Con los amigos, las parejas o los compañeros de equipo conversamos sobre lo que ocurre y la asignamos significado a nuestra identidad. Expliquemos esto con una ejemplo. Suponga que a un joven de 14 años su pareja le dice que se termina la relación ¿Qué es lo que ocurrió… Él es un pobre diablo que no puede hacer feliz a su pareja o ella es una bruja malvada que, injustamente, le ha roto el corazón? Bueno, eso es lo que él decidirá conversando con sus amigos. Lo mismo hacemos cada vez que hay un problema en el trabajo y lo conversamos con los demás hasta que nos haga sentido (Weik, 2005)

Quinto. Así como nuestra mamá sigue siendo nuestra mamá incluso si padece demencia y no puede reconocernos, porque es nuestra mamá no solo por lo que es, sino que por lo que fue y ha sido, en todos los sentimientos el factor determinante de la relación es el cambio que hemos experimentado con el otro. Somos con él o ella de una manera que sólo podemos ser con él o ella y no es lo que hace, sino que lo que somos con el otro lo que hace que lo amemos. Esto parece un trabalenguas y puede ser bueno mostrarlo de manera concreta:

Una persona que valora a otra por su apariencia física, sus virtudes o incluso por lo bien que lo pasa, puede reemplazar a esa persona con otra con apariencia, virtudes o hábitos similares. Pero supongamos que esa misma persona sufre la pérdida del trabajo, fracasos o desilusión. Y su compañero o pareja lo apoya. Bueno, cuando por fin salga del bajón resulta que el otro no va a ser una persona atractiva, simpática o entretenida, va a ser la persona en la que puede confiar incluso en los momentos más negros y lo que se siente con una persona con la que hemos compartido estos “ritos de pasaje”, más que lo que haga, es lo que nos lleva a considerarla un amigo o lo que define la trasformación de la pareja en familia.

El compromiso, la vocación y la amistad vienen en diferentes formatos y situaciones, así que tenemos que ponerles más atención ¿Es posible comprender lo que los otros perciben y sienten? ¿Hay un mínimo de consideración por sus necesidades y reciprocidad en las relaciones? ¿Discutimos acerca de nuestras normas y sobre cómo acerca de cómo estamos interpretando las situaciones y problemas? ¿Podemos experimentar agradecimiento? No lo dejemos pasar, es aquí que encontramos la más verdadera y profunda felicidad.

Referencias

Aron, A., Aron, E., Tudor, M. y Nelson, G. (1991). Close Relationships as Including Other in the Self. Journal of Personality and Social Psychology, 60, 241-253.

Aron, A., Paris, M., y Aron, E. (1995). Falling in Love: Prospective Studies of Self- Concept Change. Journal of Personality and Social Psychology, 69, 1102-1112.

Erickson, E. (1994). Un modo de ver las cosas. Escritos selectos de 1930 a 1980. México: Fondo de Cultura Económica.

Katz, J. y Beach, S. (2000). Looking for love? Self-verification and self-enhancement effects on initial romantic attraction. Personality and Social Psychology Bulletin, 26, 1526- 1539.

Kernberg, O. (2003). Relaciones amorosas. Normalidad y patología. Buenos Aires: Paidós.

Shea, J. (2003). The adult self: Process and paradox. Journal of Adult Development, 10, 23- 30.

Weik, K. (2005). Sensemaking in organizations. Thousand Oaks: SAGE.