Revitalizando la oficina: el camino hacia un trabajo activo

Un innovador estudio revela cómo pequeñas intervenciones en la vida de oficina pueden combatir el sedentarismo, sugiriendo prácticas sencillas para fomentar una rutina laboral más dinámica y saludable.

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La vida de oficina, con largas horas sentados frente a un escritorio, es una realidad para millones de personas alrededor del mundo, poniendo en riesgo su salud al fomentar un estilo de vida sedentario. Un reciente estudio en Sudáfrica, en el que participó Philippe Gradidge, profesor asociado en el Departamento de Ciencias del Ejercicio y Medicina Deportiva de la Universidad de Witwatersrand, arroja luz sobre cómo pequeños cambios en nuestra rutina diaria podrían mitigar estos riesgos.

La investigación, publicada en el American Journal of Lifestyle Medicine y difundida por The Conversation, analizó el comportamiento de 122 trabajadores de oficina en Johannesburgo. A través de acelerómetros de muñeca, el estudio proporcionó una visión más precisa de la actividad física y el comportamiento sedentario, en contraste con los cuestionarios autoinformados, que tendían a subestimar las horas sentadas.

Los resultados revelaron que, a pesar de pasar aproximadamente 12 horas al día sentados según sus propios informes, los dispositivos de seguimiento registraron solo tres horas de inactividad. Este desfase sugiere que el simple acto de monitorear la actividad puede motivar a las personas a moverse más. Afortunadamente, los indicadores de salud de los participantes, como la presión arterial y los niveles de colesterol, se mantenían dentro de rangos normales, posiblemente gracias a las aproximadamente dos horas de actividad física ligera diaria que realizaban.

Este estudio subraya el mensaje de la Organización Mundial de la Salud (OMS) sobre la importancia de cualquier movimiento, por mínimo que sea, en contraposición a la inactividad total. La actividad física ligera, como levantarse para hacer una pausa o caminar hacia la cafetera, puede tener un impacto significativo.

Para los trabajadores de oficina, Gradidge recomienda estrategias prácticas para integrar la actividad física en la jornada laboral, tales como utilizar estaciones de trabajo de pie, optar por escaleras en lugar de ascensores y participar en pausas activas divertidas. Fuera del trabajo, actividades recreativas como correr en parques, unirse a grupos de caminata o participar en deportes organizados pueden enriquecer la rutina diaria con movimiento significativo.

El estudio no solo ofrece pistas sobre cómo los individuos pueden mejorar su salud a través de cambios en su comportamiento diario, sino que también resalta la necesidad de que empleadores y responsables políticos fomenten un ambiente laboral que privilegie la actividad física. En un mundo donde la obesidad y las enfermedades cardíacas continúan en aumento, repensar nuestra forma de trabajar podría ser un paso crucial hacia una sociedad más sana.

Estudio

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