Más del 50 % de las pequeñas y medianas empresas (pymes) en Chile operan con menos de 10 trabajadores, y su principal desafío hacia el futuro está en el plano normativo. Así lo revela un estudio encargado por la aseguradora Chubb a la firma Artool, cuyos resultados fueron difundidos por el medio La Tercera. La investigación consultó a 400 responsables de pymes de distintos tamaños y sectores productivos, abordando aspectos como estructura laboral, antigüedad, financiamiento, digitalización y expectativas de crecimiento.
El informe detalla que el 60 % de estas organizaciones tiene entre uno y seis años de existencia, lo que da cuenta de un ecosistema empresarial dinámico, pero también de una alta rotación y vulnerabilidad. La mayoría de las pymes sigue funcionando con recursos limitados: el 57 % recurre a financiamiento propio para sostener sus operaciones, mientras que un 34 % utiliza créditos bancarios.
A esta precariedad estructural se suma una mirada crítica frente al entorno regulatorio. Consultadas por los principales desafíos que deberán enfrentar en el futuro, el 30 % de las personas encuestadas señaló como primer factor la regulación estatal. Esta percepción supera incluso a otras preocupaciones estratégicas como la demanda por productos o servicios (27 %) y el acceso a insumos o proveedores (20 %).
Esta visión pone sobre la mesa una tensión persistente en el sector: la carga normativa, tributaria y laboral que deben enfrentar las pequeñas empresas, muchas veces sin contar con equipos especializados o recursos suficientes para su cumplimiento. En este contexto, la gestión de personas aparece como un área particularmente expuesta, ya que las exigencias legales en torno a contratación, remuneraciones y seguridad laboral se aplican con el mismo rigor que en grandes compañías, pero sin los mismos medios para abordarlas.
Escenarios laborales fragmentados
La estructura laboral que predomina entre las pymes encuestadas refleja una alta fragmentación. Solo el 21 % de estas empresas tiene más de 51 trabajadores, mientras que un 29 % se ubica en el rango entre 10 y 50 colaboradores. Este dato es clave para entender el tipo de gestión interna que desarrollan: en la mayoría de los casos, no existen departamentos especializados en recursos humanos, y las funciones administrativas, operativas y de liderazgo se concentran en un número muy reducido de personas.
Este escenario limita las posibilidades de implementar políticas sostenidas de desarrollo de talento, capacitación o bienestar laboral. Además, el bajo nivel de institucionalización hace más compleja la adaptación a nuevas normativas, especialmente en ámbitos como la jornada laboral, la ley de inclusión o la fiscalización electrónica.
Digitalización e inteligencia artificial: oportunidades latentes
Pese a las restricciones, las pymes muestran disposición a innovar. Tres de cada cinco participantes del estudio reconocen a la inteligencia artificial como una herramienta clave para el futuro de sus negocios. Sin embargo, la mayoría aún se autodefine con un nivel “normal” de digitalización. Este desfase entre intención y realidad tecnológica puede ser una brecha crítica para su competitividad.
Desde la perspectiva de la gestión de personas, este aspecto es relevante porque implica una doble necesidad: capacitar a los equipos actuales en competencias digitales y, al mismo tiempo, atraer nuevos perfiles capaces de liderar procesos de automatización o adopción tecnológica. En empresas pequeñas, donde cada contratación cuenta, este tipo de decisiones puede marcar la diferencia entre crecer o estancarse.
Un ecosistema en transformación
El estudio también evidencia que las pymes están viviendo una etapa de cambio estructural. A su juventud organizacional se suma la necesidad de enfrentar desafíos regulatorios y tecnológicos en paralelo, lo que obliga a repensar su modelo de gestión, especialmente en materia de personas. La combinación entre equipos reducidos, financiamiento limitado y alta presión normativa puede derivar en una sobrecarga para quienes lideran estos negocios.
Frente a este panorama, cobra relevancia el rol de las políticas públicas y de los programas de apoyo específicos para pymes, tanto en ámbitos tributarios como en formación laboral y transformación digital. El diseño de herramientas diferenciadas para este segmento podría permitir una transición más equitativa hacia un entorno productivo más moderno y competitivo.