La regulación del trabajo en plataformas digitales se convirtió en uno de los principales ejes de las negociaciones laborales internacionales durante la 113ª Conferencia Internacional del Trabajo, realizada en Ginebra en junio de 2025, donde trabajadores, empleadores y gobiernos debatieron cómo enfrentar la desactivación de cuentas, las remuneraciones, las jornadas y la gestión algorítmica. Según una reflexión publicada el 29 de mayo de 2026 por Ford Foundation, el proceso abrió el camino hacia una eventual norma vinculante orientada a elevar la protección de quienes trabajan mediante aplicaciones y sistemas digitales.
El encuentro marcó la primera discusión normativa sobre trabajo decente en la economía de plataformas. La incorporación del tema en la agenda requirió más de una década de incidencia por parte de sindicatos, asociaciones de trabajadores y organizaciones de la sociedad civil, que debieron enfrentar objeciones de empresas tecnológicas, empleadores y grupos corporativos.
Con el paso del tiempo, distintos gobiernos también manifestaron interés en contar con orientaciones que permitieran exigir responsabilidades a las compañías transnacionales de plataformas. Las negociaciones previstas para 2026 se concentraron en una propuesta de convenio destinada a responder a problemas fundamentales del trabajo digital y que, de ser aprobada, representaría el primer acuerdo internacional vinculante para regular la gestión algorítmica.
Reglas digitales
Uno de los puntos centrales de la propuesta es establecer una presunción refutable de relación laboral. Este mecanismo trasladaría la responsabilidad de demostrar la situación contractual desde las personas hacia las plataformas que utilizan su trabajo. En la práctica, ya no serían los conductores, repartidores, trabajadores de cuidados o etiquetadores de datos quienes deberían acreditar individualmente su condición laboral, sino que las empresas tendrían que demostrar que no existe una relación de dependencia.
La discusión responde a una realidad en la que las decisiones sobre acceso al trabajo, asignación de tareas, horarios, remuneraciones y continuidad de las cuentas pueden quedar sometidas a sistemas automatizados. La gestión algorítmica aparece así como un factor capaz de deteriorar las condiciones laborales, especialmente cuando las personas desconocen los criterios utilizados por las plataformas o no cuentan con mecanismos efectivos para cuestionar una decisión.
El debate incluye a trabajadores con experiencias diversas, pero expuestos a dificultades comunes. Una trabajadora de casa particular que encuentra empleos mediante una aplicación, un conductor que debe responder a las instrucciones de un algoritmo y una persona que etiqueta datos para entrenar sistemas de IA pueden enfrentar problemas similares de representación, protección social y reconocimiento de derechos.
Informalidad digital
El trabajo en plataformas no es presentado como una realidad completamente separada de la economía informal. Por el contrario, las organizaciones de trabajadores sostienen que, en muchos casos, se trata de trabajo informal operado mediante una interfaz digital. Esta perspectiva cuestiona la idea de que la informalidad pertenece únicamente a actividades tradicionales, mientras que las plataformas serían necesariamente una expresión de modernización laboral.
La expansión de la economía de plataformas estaría generando una nueva forma de informalidad, caracterizada por vínculos ambiguos, ausencia de contratos reconocidos y exclusión de protecciones legales y sociales. La informalidad, de acuerdo con la fuente, afecta al 60% de los trabajadores en el mundo y puede alcanzar al 90% en el sur global.
Frente a este escenario, organizaciones vinculadas con trabajadores domésticos, vendedores ambulantes, recicladores y personas que desarrollan labores desde sus hogares han trasladado su experiencia de organización hacia los desafíos tecnológicos. Este proceso permitió que conocimientos acumulados durante décadas fueran incorporados a las discusiones sobre plataformas, inteligencia artificial, negociación colectiva y regulación laboral.
La participación de trabajadores de plataformas en la Conferencia Internacional del Trabajo fue acompañada por organizaciones sindicales, redes de abogados laboralistas y entidades de la sociedad civil. Su trabajo se concentró en fortalecer las capacidades de quienes etiquetan datos, realizan entregas, conducen vehículos o prestan servicios domésticos para que pudieran intervenir en las negociaciones y dialogar directamente con los gobiernos sobre sus prioridades.
Poder colectivo
La Conferencia Internacional del Trabajo opera mediante una estructura tripartita que reúne a representantes de gobiernos, empleadores y trabajadores. Este modelo de diálogo social ha contribuido anteriormente a la creación de normas internacionales sobre trabajo a domicilio, derechos de las trabajadoras domésticas y protección frente a la violencia y el acoso en el mundo laboral.
Sin embargo, la participación dentro de esta estructura continúa marcada por diferencias de poder y recursos. Alcanzar consensos resulta complejo cuando las organizaciones de empleadores disponen de equipos especializados, abogados y grupos de incidencia, mientras que las agrupaciones de trabajadores informales y de plataformas enfrentan dificultades para mantener una representación permanente y preparar propuestas técnicas.
También persisten barreras legales. Muchos acuerdos derivados del diálogo social no son vinculantes y las personas que trabajan por cuenta propia suelen quedar fuera de las normas que permiten ejercer la negociación colectiva. Además, cuando los trabajadores informales son representados indirectamente por sindicatos formales, sus demandas específicas pueden perder fuerza durante las negociaciones.
La respuesta planteada considera reformas legislativas, mecanismos sectoriales de negociación y nuevas formas de representación que reconozcan las características del trabajo no tradicional. También propone fortalecer la asistencia jurídica, la producción de datos, las alianzas transnacionales y la formación de organizaciones de trabajadores para participar en espacios de diálogo social. La regulación algorítmica, bajo esta perspectiva, no depende únicamente de soluciones técnicas, sino de la capacidad de quienes realizan el trabajo para influir en las reglas que determinan sus condiciones laborales.
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