A semanas del receso legislativo y en la recta final del actual Gobierno, la prensa informó que el próximo 5 de enero se presentará el proyecto de ley para instaurar la negociación colectiva por rama. En una carta publicada en el diario El Mercurio, Gonzalo Durán, académico de la Universidad de Chile y economista de Fundación Sol, defendió esta iniciativa señalando que podría significar un giro estructural en el debilitado modelo de relaciones laborales chileno.
Desde la dictadura, Chile adoptó un esquema centrado en la negociación por empresa, lo que implicó una descentralización radical del poder sindical. Durán sostiene que esta transformación no fue neutra ni técnica, sino una “derrota histórica del mundo del trabajo”. Según explica, este cambio limitó gravemente la capacidad de las y los trabajadores para coordinarse y actuar de forma colectiva, obligándolos a enfrentar procesos de negociación fragmentados, empresa por empresa.
Para el economista, el efecto más evidente de esta estructura es el aumento sostenido de la desigualdad. “La fragmentación de la negociación debilitó el poder de las y los trabajadores y los conminó a actuar de manera aislada”, señala. Frente a este escenario, la negociación colectiva por rama aparece como el único mecanismo capaz de generar efectos distributivos significativos y restituir el equilibrio perdido entre capital y trabajo.
Una reforma estructural necesaria
Durán cita evidencia de la Ocde que respalda el retorno a este modelo. De acuerdo con estos datos, los países que cuentan con negociación colectiva por rama presentan una mayor cobertura sindical, menor dispersión salarial y mejores resultados en términos de equidad. Esto se debe, en parte, a que las condiciones laborales dejan de depender exclusivamente de la fuerza negociadora de cada empresa individual y pasan a establecerse sobre parámetros comunes para sectores completos.
Esta perspectiva resulta especialmente relevante en el contexto chileno, donde una parte significativa de las y los trabajadores está excluida de cualquier tipo de negociación. Además, muchas micro y pequeñas empresas, al no contar con estructuras sindicales, se convierten en espacios laborales sin representación colectiva ni posibilidad real de establecer mejores condiciones contractuales.
Romper la inercia del modelo empresarial
Si bien la Ocde ha promovido ciertos grados de descentralización, el autor de la carta advierte que este proceso fue “moderado” y responde más a un avance del capital que a la búsqueda de un modelo superior. En sus palabras: “No fue porque encontrara un mejor modelo, sino porque el capital ganó terreno y el trabajo perdió capacidad de coordinarse y actuar”.
En contraste, propone que Chile no solo tiene la oportunidad de corregir el rumbo, sino también de liderar una transformación que devuelva protagonismo a la negociación colectiva como herramienta de justicia social. Esto implica superar una visión individualista del mundo del trabajo y apostar por mecanismos que favorezcan la cohesión, el diálogo sectorial y la equidad distributiva.
El rol de la política pública
La presentación del proyecto de negociación colectiva por rama abre una ventana política significativa. Implementar este cambio requerirá una revisión profunda del actual Código del Trabajo y una voluntad decidida por parte del Estado para fortalecer la organización sindical en todos los niveles. En ese sentido, Durán advierte que “conviene decirlo con claridad: está bien ir contra esa corriente”.
Lo que está en juego no es solo un ajuste técnico, sino una redefinición del modo en que se entiende la relación entre empleadores, trabajadores y Estado. A través de la negociación por rama, se podrían establecer pisos mínimos para sectores completos, reducir la competencia desleal entre empresas basada en el abaratamiento del trabajo y promover condiciones laborales más dignas en todo el espectro productivo.