Rediseño organizacional e IA marcan nueva presión sobre el empleo

La inteligencia artificial está acelerando cambios en la estructura de las organizaciones, con proyecciones de reubicación, recapacitación y reducción de dotaciones, en un escenario donde la escasez de talento y la desalineación interna agregan presión sobre las empresas.

Según el Informe de Tendencias Globales de Talento 2026 de Mercer, la irrupción de la IA ya está modificando la forma en que las empresas proyectan su operación, su estructura y su gestión de personas, al punto que una mayoría anticipa reubicaciones y recapacitación de trabajadores, mientras casi todos los altos ejecutivos prevén recortes de personal asociados a esta tecnología en los próximos dos años.

El estudio, en su decimotercera edición, reunió casi 12.000 respuestas de ejecutivos de alto nivel, líderes de recursos humanos, inversionistas y empleados a nivel mundial. Sus conclusiones muestran que las organizaciones enfrentan un escenario marcado por escasez de talento, avance acelerado de la inteligencia artificial y brechas internas que amenazan el desempeño, justo en un momento en que las compañías buscan sostener crecimiento y resultados en un contexto de volatilidad económica e interrupciones geopolíticas y de mercado.

En ese marco, el rediseño organizacional aparece como una de las principales respuestas. La encuesta muestra que 98% de los ejecutivos planea cambios significativos en la estructura de sus organizaciones durante los próximos dos años, mientras 60% proyecta que entre 11% y 20% de su fuerza laboral será reubicada o recapacitada a causa de la IA. A ello se suma otra señal de alto impacto: 98% de los ejecutivos de alto nivel anticipa que esta tecnología provocará reducciones en el número de empleados dentro de sus empresas.

La IA redefine el trabajo y la estructura empresarial

Los resultados del informe plantean que la IA dejó de ser vista solo como una herramienta de eficiencia y pasó a instalarse como un factor estructural para rediseñar el trabajo. La presión ya no está únicamente en incorporar tecnología, sino en ajustar funciones, modelos operativos y capacidades internas para responder a un entorno donde las organizaciones esperan más productividad con equipos más tensionados y, en algunos casos, más reducidos.

La encuesta también evidencia que este proceso ocurre en medio de una persistente dificultad para acceder a capacidades críticas. Más de la mitad de los altos ejecutivos, equivalente a 54%, identifica la escasez de talento como su principal desafío en materia de fuerza laboral. En paralelo, 59% de los líderes de recursos humanos afirma que atraer talento con habilidades digitales clave es hoy su mayor reto. Esa combinación empuja a las empresas a reorganizar equipos, redefinir roles y apostar por reconversión interna más que por una simple expansión de dotaciones.

Aun así, el estudio no presenta una mirada exclusivamente defensiva sobre la tecnología. Un 72% de los encuestados coincide en que las empresas que logren combinar talento humano e inteligencia artificial estarán mejor posicionadas para construir una ventaja competitiva sostenible. La señal es clara: el desafío no pasa solo por automatizar, sino por articular de mejor forma el aporte de las personas con nuevas capacidades tecnológicas.

Más presión sobre bienestar, alineación y confianza interna

Junto con el rediseño organizacional, el informe advierte una “triple desalineación” entre alta dirección, recursos humanos y empleados. Esa fractura interna aparece como un factor que podría frenar el crecimiento, en la medida en que las prioridades estratégicas, las percepciones sobre el cambio y la experiencia cotidiana del trabajo no avanzan al mismo ritmo dentro de las compañías.

Uno de los indicadores más sensibles es el deterioro del bienestar laboral. Solo 44% de los empleados declara sentirse en plenitud en su trabajo en 2026, una caída significativa frente al 66% registrado en 2024. Al mismo tiempo, el temor a perder el empleo por efecto de la IA subió de 28% en 2024 a 40% en 2026, lo que muestra que la transformación tecnológica no solo está alterando procesos y estructuras, sino también la percepción de seguridad y estabilidad entre los trabajadores.

La distancia entre liderazgo y equipos también se expresa en la dimensión emocional del cambio. El 62% de los trabajadores considera que los líderes subestiman el impacto emocional y psicológico de la IA. Sin embargo, apenas 19% de los responsables de recursos humanos incorpora esos factores en sus estrategias digitales. En paralelo, mientras 63% de la alta dirección tiene como objetivo principal rediseñar el trabajo para integrar IA y automatización, solo 46% de recursos humanos le asigna esa misma relevancia.

El estudio además muestra un deterioro en la percepción del rol estratégico del área. Apenas 8% de los ejecutivos de alto nivel considera hoy a recursos humanos como una función estratégica, mientras 56% de los profesionales del área anticipa una futura fusión entre recursos humanos y tecnología de la información. La señal refuerza que la transformación impulsada por la IA no solo está cambiando puestos y procesos, sino también el lugar que ocupan las áreas encargadas de gestionar personas dentro de la empresa.

Liderazgo, brecha digital y riesgo de rotación

La preparación organizacional para la era humano-máquina tampoco muestra una evolución lineal. Pese a las inversiones en IA, solo 51% de los líderes de alto nivel cree que su empresa está lista para triunfar en ese escenario en 2026, frente al 65% que manifestaba esa confianza en 2024. A esto se suma otra brecha: aunque 75% de las organizaciones reconoce la necesidad de ser más digital, solo 30% considera que su agilidad digital es alta.

En este contexto, el liderazgo adaptable aparece como una capacidad decisiva. Un 83% de los encuestados sostiene que las organizaciones encabezadas por ejecutivos adaptables y resilientes superarán a sus competidores en tiempos de crisis. Pero la presión no se limita al plano directivo. También alcanza la experiencia del trabajador y la capacidad de retención en un entorno de menor satisfacción laboral.

De hecho, el porcentaje de empleados satisfechos cayó de 82% en 2024 a 62% en 2026, mientras la proporción de quienes consideran cambiar de empleador aumentó de 4% en 2024 a 12% en 2025. Frente a ese escenario, la mejora de la experiencia y de la propuesta de valor al empleado se instala como prioridad estratégica para 2026, con la mitad de los ejecutivos reconociendo que estas iniciativas son clave para obtener retorno de inversión.

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