La tasa de desempleo en Chile alcanzó un 8,5% en 2024, cifra que representa un incremento de 0,7 puntos porcentuales respecto al año anterior, según informó el Instituto Nacional de Estadísticas (INE) al medio BioBioChile. A pesar del aumento del desempleo, el informe revela dinámicas significativas dentro del mercado laboral, como el fortalecimiento del empleo formal y la reducción de la informalidad, así como el liderazgo del sector público en la generación de puestos de trabajo.
El análisis anual del INE evidenció que el número de personas ocupadas aumentó en un 2,1%, impulsado principalmente por sectores vinculados al aparato estatal. En concreto, la administración pública, enseñanza y actividades de salud y asistencia social fueron los que más contribuyeron a esta expansión. De estos, el primero tuvo un crecimiento interanual de 8,6%, convirtiéndose en el principal motor del empleo en 2024.
Una de las cifras más destacadas fue el incremento de 2,2% en los asalariados formales, mientras que los asalariados informales disminuyeron en un 1,3%. Este contraste sugiere una mejora en la calidad del empleo disponible, lo cual tiene implicancias relevantes para las estrategias de desarrollo del capital humano y la sostenibilidad del mercado laboral chileno. Además, la población fuera de la fuerza de trabajo registró un descenso de 1,7%, lo que indica una mayor participación laboral, alcanzando un 60,5%.
Equilibrio precario entre empleo y desempleo
La coexistencia de un aumento en el desempleo con un crecimiento en los empleos formales plantea interrogantes sobre la capacidad del mercado para absorber nuevos trabajadores, especialmente en un contexto de reactivación post pandemia. La ocupación crece, pero no lo suficiente como para compensar el ritmo de incorporación de personas a la fuerza laboral, muchas de las cuales buscan oportunidades más estables.
Este escenario tensiona las políticas públicas en materia laboral, ya que si bien el empleo formal es positivo desde la perspectiva de la protección social y la seguridad previsional, el alza del desempleo refleja una brecha aún no resuelta. En particular, las cifras sugieren que los nuevos puestos de trabajo formales están siendo impulsados mayoritariamente desde el sector público, lo que plantea dudas sobre la capacidad del sector privado para acompañar esta tendencia.
A nivel regional, las disparidades también son evidentes. Antofagasta lidera con una tasa de desempleo de 9,5%, seguida por Coquimbo y Tarapacá. Estas cifras muestran la persistencia de brechas estructurales y la necesidad de políticas descentralizadas en materia de empleo, capaces de responder a realidades productivas y sociales distintas en cada territorio.
La disminución del empleo informal, si bien positiva en términos generales, también podría estar relacionada con una contracción en sectores que tradicionalmente absorben mano de obra en condiciones precarias. Sin estrategias activas de reconversión laboral y formación continua, existe el riesgo de que trabajadores informales desplazados no encuentren alternativas viables en el mercado formal.
Implicancias para la gestión de personas
Desde una perspectiva de recursos humanos, los datos publicados por el INE ofrecen señales importantes. El crecimiento del empleo formal está asociado con mejores condiciones laborales, mayor cumplimiento de normativas y un fortalecimiento de la relación laboral regulada. Esto, a su vez, impacta en la planificación de dotaciones, políticas de retención y estrategias de desarrollo organizacional, especialmente en sectores que dependen de financiamiento público o de regulaciones estatales.
Para los equipos de gestión de personas, entender estos movimientos del mercado es clave para anticiparse a cambios en la oferta laboral, rediseñar perfiles de cargo y reforzar políticas de atracción de talento. En un entorno donde el Estado asume un rol cada vez más protagónico como empleador, el sector privado deberá repensar su propuesta de valor laboral para no quedar rezagado.