¿Qué hay detrás del choque de titanes entre Jeannette Jara y Bernardo Larraín sobre el “paguen más”?

El enfrentamiento puso de manifiesto las profundas divisiones ideológicas y económicas, la discusión sobre la negociación colectiva ramal entre la Ministra del Trabajo y el prominente empresario reavivó el debate sobre la justicia salarial y la herencia del modelo laboral chileno.

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Gran revuelo causó la mediática discusión sobre salarios entre la ministra del Trabajo Jeannette Jara y el empresario Bernardo Larraín. ¿Por qué tanto alboroto?

En simple. En Chile es un tema invisibilizado por décadas. Una discusión central, sin tabúes, en los países Ocde, pero acá no es tema por su componente ideológico heredado a través del Código Laboral elaborado en dictadura por José Piñera. Esa generación que estuvo en el poder y se enriqueció a costa del miedo y la sangre (“Historia Oculta del Régimen Militar”, Ascanio Cavallo y Manuel Salazar y “A la sombra de los cuervos. Los cómplices civiles de la dictadura”, de Javier Rebolledo), nos legó sus traumas y sus mantras: “los sindicatos son políticos”, “el esfuerzo individual rinde frutos”, “lo privado lo es todo”, “lo público, lo colectivo empobrece”.

En la mayoría de los países de la Ocde la negociación ramal permite determinar el valor de los salarios, entre otros asuntos, de forma colectiva por sector industrial dialogando en forma equilibrada con los gremios empresariales correspondientes. En otra palabras, el eslabón más débil de la cadena productiva puede mejorar sus condiciones laborales y de vida porque van unidos con otros, no la hace solo como ocurre en Chile donde las asimetrías de poder son evidentes.

Al respecto, ¿qué dice el director académico del magíster de derecho laboral de la UAI? Sergio Gamonal sostiene que “la idea de la negociación por rama o sector no es nueva y tiene su origen en el derecho europeo. En efecto, en la Unión Europea existen mecanismos de extensión de los contratos colectivos en casi todos los países, con sólo pocas excepciones donde la negociación es a nivel de empresa (Gran Bretaña y Malta). En los 16 países con mayor productividad laboral en la Ocde, en el año 2014, existe negociación colectiva ramal siendo en algunos la forma predominante de negociar. En este contexto, el promedio de la cobertura de la negociación en los países de Europa Occidental es de alrededor del 70% y, en los 28 países miembros de la Unión Europea más Noruega, el promedio es del 62%. En algunos de estos países la cobertura supera el 80%, por ejemplo, Austria, Bélgica, Francia y Suecia”.

Parece que el grial de la mayor productividad está por ahí. Sin embargo, por años nuestros expertos económicos, políticos y gremios empresariales nos tienen discutiendo otros temas: crecimiento, inflación, impuestos, transformación digital, inversión, producir más con menos costos, eliminar regulaciones, desburocratizar los procedimientos, etc. Es decir, temas legítimos y relevantes, que son claves para los intereses de los empresarios. No obstante, los intereses de las y los trabajadores están fuera de la agenda sin mayor impacto mediático, salvo contadas excepciones, como esta.

¿Y qué significa negociación ramal?

Según la OIT, “la negociación colectiva es un proceso de negociación entre empleadores (o sus organizaciones) y trabajadores (representados por sus sindicatos) con el objetivo de establecer condiciones de empleo mediante convenios colectivos. Este proceso puede incluir la negociación de salarios, horas de trabajo, condiciones laborales, y otros aspectos del empleo y derechos y responsabilidades de las partes. La negociación colectiva es vista como un medio esencial para reducir la desigualdad y ampliar la protección laboral, asegurando condiciones de trabajo armoniosas y productivas”. Y la negociación colectiva ramal es una de las más usadas en la Ocde. La más exitosa para toda las partes y que asegura, además, progreso sostenible y paz social.

Estas miradas han sido nutridas por diversos expertos en distintos años en reportajes desarrollados por RH Management. En un breve repaso damos cuenta lo que hay detrás de las discusión entre Jara y Larraín.

Justicia salarial

En la búsqueda de soluciones para la injusticia salarial que enfrenta nuestra sociedad, la discusión se bifurca en múltiples direcciones, involucrando aspectos del mercado, políticas públicas y reformas constitucionales. Los expertos consultados aportan una variedad de perspectivas que enriquecen el debate, destacando la complejidad de esta problemática.
Agustina Bellido, Mercer Chile, destaca la necesidad de adoptar un enfoque más holístico para entender el capitalismo en este contexto, promoviendo un modelo donde las empresas actúen no solo en beneficio propio sino también en el del entorno social y ambiental. Bellido subraya la importancia de la transparencia y la equidad salarial, considerando estos elementos como esenciales para la sustentabilidad de las empresas en el largo plazo. Sin embargo, advierte sobre los desafíos inherentes a la precariedad laboral en Chile, donde la falta de visibilidad y el insuficiente énfasis en la capacitación limitan las oportunidades de las y los trabajadores para avanzar.

Por su parte, Mario Matus, desde su perspectiva histórica y económica, cuestiona la eficacia de centrar el debate en la dicotomía entre salarios justos y salarios de mercado. Propone en cambio, la construcción de una cultura salarial participativa que involucre tanto a empresas como a sindicatos. Matus enfatiza el papel del Estado en elevar los ingresos familiares a través de la provisión de bienes públicos fundamentales y una fiscalidad más progresiva, sugiriendo que la clave para reducir la desigualdad no radica tanto en el aumento de los salarios reales como en una redistribución más equitativa de los recursos.

Grandes empresas y calidad de vida

Asimismo, Alex Jaques de Korn Ferry, reconoce los esfuerzos de las empresas por mejorar las condiciones salariales, vinculando el desarrollo de carreras y la transformación organizacional con un aumento en la productividad y, por ende, en los salarios. Jaques defiende una cultura organizacional que fomente una mentalidad de crecimiento, permitiendo a los empleados asumir roles de mayor responsabilidad y contribuir más significativamente al éxito de la empresa.

En contraposición, Sergio Gamonal, UAI, expresa escepticismo respecto a la voluntad de las empresas para mejorar los salarios, argumentando que el modelo de negocio predominante en Chile favorece la maximización de las ganancias en detrimento de una remuneración justa. Gamonal critica la tendencia a justificar las brechas salariales mediante argumentos de productividad, señalando la importancia del poder negociador y la regulación en la promoción de salarios más equitativos.

El investigador y docente de la UDP, Juan Bravo, aporta una visión que retoma la clásica relación entre productividad y remuneraciones, destacando la importancia de la educación en la mejora de los ingresos laborales. Sin embargo, reconoce la necesidad urgente de abordar los casos de trabajadores cuyos salarios de jornada completa no les permiten superar la línea de pobreza, sugiriendo ajustes en las políticas públicas para garantizar un mínimo de bienestar.

Sueldos justos y éticos

Marco Kremerman, economista e investigador de la Fundación Sol, enriquece significativamente el debate sobre los salarios justos, aportando una perspectiva crítica sobre la estructura económica y laboral actual. Kremerman enfatiza el papel predominante de las grandes empresas en el mercado laboral chileno, señalando que, a pesar de que estas no generan la mayoría de los empleos, su influencia en la economía es tal que acaban por dictar las tendencias salariales en general.

Destaca la preocupación ética de cómo la búsqueda de maximizar las utilidades, a menudo, se realiza a expensas de salarios dignos para los trabajadores. Esta dinámica, según Kremerman, contribuye a una economía donde incluso empleados a tiempo completo no logran superar la línea de pobreza, lo que plantea interrogantes serios sobre la justicia social y la distribución equitativa de la riqueza.

Kremerman cuestiona también la narrativa convencional que vincula directamente la productividad y el crecimiento económico con mejoras salariales. Argumenta que, en un contexto donde la mitad de los trabajadores con jornada completa gana menos de lo que se considera el umbral de pobreza, el enfoque en la productividad omite la necesidad fundamental de garantizar un nivel de vida básico para todos.

Además, plantea que el cambio necesario para abordar estas desigualdades no se limita solo a las políticas empresariales o a las intervenciones estatales, sino que requiere también una revisión profunda del marco legal y constitucional que rige las relaciones laborales en Chile

La inclusión de las opiniones de Kremerman añade una dimensión crítica al debate, subrayando la urgencia de abordar las desigualdades salariales no solo desde una perspectiva económica, sino también desde un compromiso ético y legal con la justicia social.

Este mosaico de opiniones pone de manifiesto la diversidad y complejidad de las soluciones propuestas para abordar la desigualdad salarial, la piedra angular detrás de la discusión Jara y Larraín.

La negociación colectiva ramal, el aumento de la tasa de sindicalización, construir cultura empresarial sostenible y más humana, mejorar la capacitación apuntando a la reconversión, implementar más desarrollo de carreras, lograr un mayor compromiso del Estado y una nueva estructura jurídica laboral más ecuánime a nivel Ocde, se perfilan como elementos de una estrategia multifacética, que requiere de la colaboración de todos los actores sociales para construir un sistema más justo y equitativo.

Acá puedes mirar todo el reporteo que hemos hecho sobre salarios en 20 años.

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