martes, enero 19, 2021

Psicopatía organizacional

Publicado en RHM 65, marzo 2013.

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La psicopatía y la perversión son fenómenos tradicionalmente estudiados desde una perspectiva individual. Desde este foco se ha avanzado en la comprensión de los principales psicodinamismos que inducen al psicópata a la realización de actos de naturaleza corrupta y destructiva. A través de estos actos, este sujeto busca satisfacer sus deseos individuales a expensas de los otros, desconociendo el valor de la existencia y derechos de los demás. Reconociendo y negando simultáneamente los límites que le impone la realidad, el psicópata genera espacios de acción para realizar conductas corruptas, en las que involucra a otros como cómplices, aprovechando así las condiciones instrumentales que el sistema le ofrece.

Sin embargo, cuando estos fenómenos se analizan en el marco del funcionamiento de las organizaciones contemporáneas constatamos que el uso de un prisma individual puede resultar estrecho para entender la operación de una serie de variables contextuales que juegan un rol clave en la génesis y mantención de las conductas psicopáticas. Las organizaciones operan en el marco del sistema económico neoliberal imperante, el cual genera estímulos potentes para incurrir en comportamientos corruptos. El predominio de una cultura narcisista y maníaca caracterizada por la negación, la omnipotencia, el triunfalismo y la hiperactividad han fomentado el rol excesivo del hubris del management (confianza ciega en su capacidad de control), así como de la acción desenfrenada de la codicia (Stein, 2011). Esto ha generado condiciones propicias para el desarrollo de una ‘cultura perversa’ en el marco de las sociedades capitalistas contemporáneas (Long, 2008).

En nuestra realidad local encontramos manifestaciones explícitas de esta cultura imperante, por ejemplo, en la aguda crisis que este año ha experimentado el sistema de acreditación universitario. No obstante, el caso más emblemático se encuentra en el auge y caída de “La Polar”, que muestra crudamente los efectos devastadores que sufrió el sistema en su totalidad a partir de las acciones de una organización corrupta. El caso “La Polar” representa en el imaginario colectivo nacional los aspectos más repudiados que las personas atribuyen a una clase empresarial abusiva. 

Probablemente la tendencia natural es responsabilizar a los principales acusados en este caso de las acciones de corrupción que han sido reveladas durante la investigación. Esta línea de análisis, que a esta altura resulta difícil de negar, y que la justicia se tendrá que encargar de probar, debiese no obstante ser complementada con una perspectiva que integre una mirada más amplia del fenómeno. El sofisticado sistema de engaño creado por los ejecutivos de “La Polar” permitió que su líder y la organización que dirigía se transformaran en símbolos del poder omnipotente y maníaco del dinero y del mercado para expandirse sin conocer límites. Haciendo uso de un sistema económico altamente desregulado y del lobby político, esta ‘pandilla en el trabajo’ estableció un sistema perverso capaz de construir una cadena de negligencia, en la cual organizaciones clave tales como el directorio, empresa auditora, corredoras de bolsa, superintendencias, etc. quedaron atrapados como cómplices en su ineptitud (Long, 2008). Sumado a su identificación organizacional con los ideales de la confianza y la responsabilidad social, esta organización se arrogó el derecho de obtener beneficios especiales negando los límites de la realidad y creando sus propias normas. Al ampliar la comprensión de las acciones psicopáticas situándolos en el contexto social, político, cultural y económico obtenemos una mirada más completa del fenómeno, y también de las dificultades que existen para discriminar adecuadamente los límites de lo ético en un sistema gobernado por la irracionalidad del deseo.

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