viernes, octubre 23, 2020

Psicopatía e inconsciente organizacional

Más allá de la dimensión clínica que se refiere al individuo psicopático, existen organizaciones que no sólo los atraen, sino que crean escenarios donde son modelos de éxito. (Publicado en RHM 65, marzo 2013).

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Pocos temas como el de los psicópatas en las organizaciones provocan tanto morbo y una cierta inquietud. Acostumbrados a seguir el tema a través de noticias y películas, estamos familiarizados con los asesinos en serie y con delitos sexuales de alta connotación pública. Pero sólo imaginar que dentro de la organización existen y que incluso, pueden ser destacados ejecutivos, es algo que provoca perturbación. La siguiente investigación trata de develar un fenómeno organizacional poco descrito. 

El punto de partida, es el trabajo del doctor en psicología y máxima autoridad global, Robert Hare. En agosto de 2002, Hare ya tenía un prestigio como académico de psicología criminal de la University of British Columbia y sobre todo, como creador del Psychopathy Checklist, un test de 20 preguntas para diagnosticar personalidades psicópatas. Sin embargo, ese año se dio a conocer en el mundo corporativo al inaugurar una convención de policías en la provincia canadiense de Newfoundland. Habló primero de asesinos a sueldo de la mafia, de acosadores sexuales y luego sorprendió a la audiencia, al incluir en los ejemplos a los CEO’s de Enron y WorldCom, que acababan de cometer fraudes financieros que dejaron a miles de empleados en la calle. En la ocasión, Hare propuso incluir a los altos ejecutivos de las compañías en las evaluaciones del test del psicópata, como una forma de prever escándalos corporativos. La idea no pareció tan descabellada, si se consideraba el alto impacto financiero que hay detrás de cada operación delictiva. 

En su libro “Serpientes en traje” (2010), Hare define al psicópata como “…un sujeto superficial, locuaz y encantador; con una gran capacidad de manipulación y de control sobre las demás personas. Su emocionalidad es poco profunda, no se vincula efectivamente con nadie y tiene una manifiesta incapacidad de sentir culpa o remordimiento por el daño causado a sus víctimas”. 

La psicopatía

Jaime Coloma, es un connotado psicoanalista chileno que tiene trabajos en ética y psicoanálisis. Aceptó conversar con nosotros y nos recibió en la característica oficina con diván, ubicada en Las Urbinas, Providencia. Comienza haciendo la distinción entre psicópata y psicopatía. Esta última, para Coloma, “es un concepto que puede entramarse en la cultura, de un modo que casi no habla de una intencionalidad, de alguien a quien responsabilizar, sino que estamos frente a una intencionalidad inconsciente psicopática”. El psiquiatra no comparte la tesis que la psicopatía tiende a negar el súper yo (parte ética y moral de la personalidad, conectada con el deber ser), sino que se trataría de una articulación del súper yo: “Estamos frente a una ley muy particular. La ley para las personas siempre tiene una referencia a algún simbólico cultural más estable, trascendente; en cambio aquí, se instala una especie de paradoja legal, una ley individual, que busca satisfacer fundamentalmente el principio del placer”. 

La psicopatía es un “estilo” que tiene que ver con el uso del otro, por eso puede estar incorporado a nuestra cultura con mucha facilidad. Es común encontrar instituciones que tienen declaraciones de principios éticos y que a través de sus prácticas abusa del poder y con eso, transgrede sus valores. “Es un estilo que puede estar incorporado a una vida culturalmente no psicopática, incluso justa, pero que se entrama con hilos inconscientes del otro. El uso y abuso del otro a veces se reviste de los principios morales más dignos y son sostenidos con perfecta honestidad consciente”. En cambio el psicópata, para Coloma, es un ente clínico, tiene una particularidad, un modo de ser, es un individuo en el cual se ha instalado este súper yo particular que describe el psicoanalista. 

La psicopatía es un “estilo” que tiene que ver con el uso del otro, por eso puede estar incorporado a nuestra cultura con mucha facilidad,

Inconsciente psicopático 

Carlos Vignolo es ingeniero civil industrial de la Universidad de Chile y actualmente académico de la Facultad de Ingeniería de la misma universidad. Sus temas de interés son la innovación, la socio-tecnología y el emprendimiento. Sin embargo, a partir de su ensayo, “Ángeles y demonios en las organizaciones”, fue objeto de nuestro atención, porque plantea la necesidad de investigar las “patologías de las organizaciones”. Destaca la importancia del tema por el enorme impacto que la conducta psicopática puede tener para el futuro de una empresa y también, en la calidad de vida y salud de las personas que trabajan en ella. Además es relevante su estudio, debido a las dificultades para detectar la psicopatía y al psicópata.

“Un psicópata en la organización aparece como una persona extremadamente segura de sí misma, asertiva y transparente, por lo tanto, tiene seguidores, aliados que no sospechan que en él puede haber algo incorrecto e insincero”. Vignolo asegura que es tan complejo el abordaje, que se instala en “la inconsciencia individual y colectiva”. Lo anterior se verifica en el reciente escándalo que envolvió al ex presentador de la BBC, Jimmy Savile. Se le acusa de abusar sexualmente de cientos víctimas, hechos que sólo se conocieron una vez que Savile murió en octubre último. La compañía británica de noticias fue acusada de complicidad en casos de abuso sexual y se cuestiona que en décadas pasadas permitió una cultura abierta de acoso sexual en sus dependencias.

El poder

Coloma analiza el caso de La Polar y su impacto sobre las víctimas. Señala que es posible que su ex CEO, Pablo Alcalde, crea que lo más importante en el éxito de la compañía de retail fue la confianza que lograron con sus clientes (Alcalde fue elegido ejecutivo de la década): “pero el propósito inconsciente es psicopático, es presentar un valor individual como si fuera un bien social”. La primacía del interés personal que se entrama en la organización tiene que ver con la psicopatía. El psicoanalista agrega que los individuos son muy poderosos, “al final los propósitos colectivos terminan sirviendo siempre a propósitos individuales”.

Vignolo indica que la manipulación inconsciente del psicópata es muy difícil de detectar, a pesar que no es exclusiva de él, ya que cualquier persona con alguna alteración de la conducta o la personalidad también puede manipular inconscientemente. “Reich hablaba de la manipulación de campo, con ocurrencia en el entorno, casi a nivel energético. Esto nos lleva a pensar en el concepto de campo de distorsión de la realidad, del que Isaacson hace referencia en la biografía que hace de Steve Jobs. Son personas de alto poder de manipulación, difícilmente detectable, porque ellos mismos no tienen conciencia y esto ocurre más allá del mero poder del lenguaje. Manipulan por presencia”.

Horacio Foladori es psicólogo uruguayo, tiene estudios de maestría y doctorado en México y lleva cerca de 35 años como académico en distintas universidades. Es psicoanalista y autor del libro “La intervención institucional. Hacia una clínica de las organizaciones” (2008). Su enfoque entrega nuevos elementos para el análisis, debido a la investigación de instituciones y su aproximación desde el psicoanálisis. Afirma que hay una relación directa entre poder y psicopatía. La psicopatía tiene que ver con un “cierto placer en la manipulación de las personas”. El registro de los jefes y de los que toman decisiones dentro de organizaciones verticales, está determinada por el interés particular de progresar dentro de la empresa y ese ejercicio implica necesariamente “pisarle la cabeza al que está más abajo”.

Foladori realiza una crítica al concepto empowerment que proviene de la cultura anglosajona y refiere un acto individual. Este empoderamiento permitiría transgredir normas y aprovechar vacíos, desde la lógica de ascender y tener éxito personal. “Es una idea salvaje y empírica, trepar en la escala social pisando al otro. Es la lógica del mercado aplicada institucionalmente”.

El académico rescata al socio-psicoanalista francés, Gerard Mendel, para plantear que el empoderamiento debe ser colectivo. Mendel, indica Foladori, prefiere hablar de “actos de poder”, que son movimientos hechos por los trabajadores, en la medida que se van reapropiando de su trabajo. El acto de poder implica una limitación al dominio de los jefes. “Si los trabajadores se hacen cargo de su trabajo, tomando ciertos cuidados, revisando sus condiciones, entonces dejan menos espacio para que los jefes puedan intervenir”. Lo que plantea Foladori no es el concepto managerial de autonomía, que se asocia a creatividad y es individual; su referencia es colectiva y además, puede ser hecha sólo entre pares que realizan la misma tarea.

Jefe psicópata

Coloma establece un vínculo entre el “posicionamiento” del psicópata y las características de la empresa. “La organización en su articulación legal en amplio sentido (reglamentario), y también en su articulación funcional, acoge al psicópata. Aquí hay algo complejo de resolver. Estamos frente a una consideración excesiva, que ve al psicópata como alguien que usa a la organización o pensamos que en la institución existe algo anterior en su trama, que hace que el psicópata pueda usarla”. En la trama del deber ser institucional, existiría algo que no se hace consciente y permitiría los propósitos individuales del psicópata. 

Foladori profundiza el análisis y señala que en la medida que crece el poder del jefe, hay más posibilidades de un manejo psicopático. Muchas de las situaciones de manipulación se producen en espacios que no están normados. Se crea una especie de “chantaje”, en que se pide al trabajador una adhesión subjetiva, se le plantea una fidelidad frente a cosas que no necesariamente representan sus intereses. Está el interés del jefe y la necesidad de rentabilidad del negocio primero. Desaparece el control, que proviene de la denuncia, porque el sujeto está demasiado sometido al manejo psicopático del jefe. Foladori opone a los conceptos de motivación y sentido, que son parte de las estrategias de RH, la satisfacción. “La motivación es siempre algo externo, en cambio la satisfacción tiene que ver con el crecimiento personal, con la necesidad que todos tenemos de hacer las cosas bien”. El psicoanalista concluye: “Creo que el espacio de la psicopatía no es solo posible, sino producible por la estructura organizacional. O sea, no es que las condiciones están dadas para que el psicópata aparezca, sino que las condiciones producen psicópatas, que es una cosa diferente”.

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