La productividad laboral en América Latina y el Caribe mostró un leve avance durante 2024, con un crecimiento promedio de 2,2% por hora trabajada, según datos de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) citados por Bloomberg Línea. Sin embargo, el rezago frente al resto del mundo preocupa al organismo, que advierte que la región podría encaminarse hacia “una tercera década perdida” si no se fortalece la inversión en políticas de desarrollo productivo.
El informe “Panorama de las políticas de desarrollo productivo en América Latina y el Caribe 2025” revela que, pese a la recuperación parcial, el crecimiento de la productividad regional sigue siendo casi la mitad del ritmo mundial. José Manuel Salazar-Xirinachs, secretario ejecutivo de la Cepal, calificó la situación como “una tragedia”, al señalar que la región “no está convergiendo a la productividad de los países líderes, sino más bien alejándose de ellos”.
Guyana encabezó la lista de países con mayor crecimiento anual de productividad laboral, con un aumento de 40,1% impulsado por el auge petrolero. En contraste, Haití registró la mayor caída regional, con un desplome de 5,1% producto de su crisis económica y política.
Concentración y desigualdad productiva
El análisis de la Cepal indica que los países con mayores niveles de productividad suelen depender de sectores de alta rentabilidad, como la minería, los hidrocarburos o los servicios financieros. En Guyana, por ejemplo, cerca del 70% del PIB proviene de actividades extractivas, lo que explica el salto en su productividad por hora trabajada, aunque con bajo impacto en el empleo. “Tiene una productividad altísima debido a que lo que exporta tiene un valor enorme, pero es una actividad muy intensiva en capital y no tanto en mano de obra”, explicó Salazar-Xirinachs durante la presentación del informe.
Una situación similar se observa en economías pequeñas del Caribe, como Bahamas o Barbados, donde la productividad elevada responde a la concentración en servicios financieros. Sin embargo, otras islas de la región permanecen estancadas, con baja diversificación económica y limitadas oportunidades laborales.
Modelos que apuestan por la estabilidad
El documento destaca a Uruguay y Costa Rica como ejemplos de países que, sin depender de sectores extractivos, han logrado sostener un crecimiento productivo de largo plazo. Ambos mantienen un ambiente de negocios estable, políticas públicas coherentes y una visión estratégica de desarrollo orientada a sectores con ventajas competitivas dinámicas. Este enfoque, según la Cepal, demuestra que es posible alcanzar mayor productividad sin sacrificar empleo ni cohesión social.
En términos generales, el organismo considera que lo ideal es avanzar hacia economías diversificadas, con presencia de sectores de alta productividad pero también intensivos en empleo. Esa combinación, sostienen, es la base para construir sistemas productivos inclusivos y sostenibles.
Inversión insuficiente y políticas dispersas
La Cepal advierte que los países más productivos del mundo, como los miembros de la OCDE, destinan en promedio el 2,5% de su PIB a políticas de desarrollo productivo, mientras que en América Latina esa inversión apenas llega al 0,5%. Esa brecha limita la capacidad de los Estados para innovar, atraer talento y mejorar la formación laboral.
El informe subraya además que la región necesita abandonar los enfoques basados en subsidios o exenciones fiscales y apostar por arreglos institucionales colaborativos que integren al sector público, privado, académico y a la sociedad civil. Solo así se podrá generar un círculo virtuoso entre productividad, empleo de calidad e innovación.
Salazar-Xirinachs advirtió que los rezagos productivos y económicos pueden convertirse en una espiral descendente. “Cuando el bienestar de la población empieza a reducirse, se incrementan los conflictos políticos y sociales, lo que dificulta aún más el progreso económico”, señaló.
Evitar el sonambulismo económico
Para el secretario ejecutivo de la Cepal, el mayor riesgo es la inercia. “Si no hay un cambio de mentalidad y la llevamos a la acción, vamos como un sonámbulo hacia una tercera década perdida”, alertó. La expresión resume la preocupación por una tendencia estructural que podría consolidar el estancamiento regional si no se adoptan medidas sostenidas de desarrollo productivo y formación laboral.
El desafío para América Latina es, por tanto, doble: elevar su productividad y hacerlo con un enfoque inclusivo que genere empleo de calidad. En esa meta, las políticas de desarrollo humano y la gestión de personas en las organizaciones juegan un rol clave para alinear la competitividad con el bienestar social.