Primeros auxilios psicológicos y prevención de la conducta suicida en el trabajo

Los entornos laborales pueden ser espacios de prevención y cuidado. En esta columna, Enrique Daniel Escobar y Andrés Lucero plantean cómo los Primeros Auxilios Psicológicos (PAP) y una cultura organizacional empática pueden salvar vidas, transformando el trabajo en un lugar donde hablar del sufrimiento sea posible y seguro.

Por Enrique Daniel Escobar Gómez: máster en metodología de las ciencias del comportamiento y de la salud, psicólogo de salud ocupacional y Andrés Lucero Leiva: magíster en ciencias políticas, máster en gestión de recursos humanos, diplomado en psicología clínica, jurídica y forense. psicólogo de salud ocupacional.

La prevención del suicidio en el entorno laboral constituye hoy un desafío impostergable para las organizaciones contemporáneas, donde el bienestar psicológico ha pasado de ser un componente accesorio a convertirse en un eje estructural de la seguridad y la productividad. Tal como advierte la Superintendencia de Seguridad Social de Chile, “un entorno de trabajo seguro y saludable contribuye de manera importante al bienestar mental de las personas trabajadoras y, en consecuencia, puede contribuir a disminuir el riesgo de suicidio” (Suseso, 2025). Este reconocimiento normativo supone un cambio cultural: la salud mental ya no es solo una cuestión clínica, sino una responsabilidad organizacional y ética.

Desde una perspectiva internacional, la Organización Internacional del Trabajo (OIT) ha sostenido que los Primeros Auxilios Psicológicos (PAP) constituyen una herramienta crucial para mitigar los efectos de crisis agudas en el ámbito laboral. El programa “Apoyo psicosocial en el lugar de trabajo” de la OIT enfatiza que “los PAP son una oportunidad para reducir o prevenir los riesgos psicosociales” (Organización Internacional del Trabajo, 2023). En contextos de estrés extremo —ya sea por conflicto, reorganización o pérdida—, los PAP actúan como un primer nivel de contención emocional y de reconexión con los recursos personales y sociales de la persona. Este enfoque no pretende reemplazar la atención profesional, sino estabilizar, escuchar y vincular a la persona con apoyo especializado, siguiendo la lógica de la tríada “Observar, escuchar y vincular” propuesta por la Organización Mundial de la Salud (OMS, 2011).

En ese sentido, Hernández-Cervantes (2023) destaca que “los primeros auxilios psicológicos, como práctica basada en la evidencia, pueden contribuir a la disuasión del suicidio, siempre que se sigan sus componentes esenciales”. Este autor destaca que el PAP es una estrategia de promoción de salud sustentada en la resiliencia, con aplicaciones múltiples para prevenir secuelas psicológicas ulteriores en individuos y grupos expuestos a trauma. Su alcance trasciende el ámbito clínico para convertirse en un dispositivo comunitario y organizacional capaz de fortalecer la cultura del cuidado mutuo. Así, en los lugares de trabajo, los PAP no solo representan una técnica de intervención inmediata, sino un modo ético de reconocer la vulnerabilidad humana como parte de la experiencia laboral.

El “Manual de prevención del suicidio en el trabajo” publicado por el National Office for Suicide Prevention (HSE, 2025) enfatiza que “las estrategias de prevención del suicidio son más efectivas cuando se implementan en todos los niveles de la sociedad, y por eso las estrategias de prevención del suicidio en el lugar de trabajo son vitales”. Los entornos laborales son espacios privilegiados para la detección temprana de señales de riesgo, dado que la convivencia diaria entre colegas permite advertir cambios en el comportamiento, la expresión emocional o el desempeño. En este sentido, los programas de formación en PAP fortalecen las capacidades del personal para “identificar y responder a las personas en distrés suicida” (HSE, 2025), generando entornos más empáticos y preparados para actuar. En concordancia con la Ley 21.331 sobre derechos en salud mental, la intervención temprana se configura como un deber organizacional. Desde el primer contacto, las instituciones deben asegurar planes de intervención en crisis psicoemocionales y equipos interdisciplinarios capacitados. En el ámbito laboral, esto se traduce en la implementación transversal de protocolos de PAP, asegurando que cada nivel de la organización esté preparado para brindar apoyo inicial, reducir riesgos psicosociales y activar redes de derivación oportuna.

A su vez, la evidencia empírica muestra que los programas de prevención del suicidio en el trabajo tienen efectos positivos tanto en la reducción de muertes como en la mejora del clima organizacional. En su revisión sistemática, Milner, Page, Spencer-Thomas y LaMontagne demostraron que “las iniciativas de prevención del suicidio en el trabajo tuvieron efectos beneficiosos”, particularmente cuando se aplican en combinación con intervenciones de bienestar psicológico y campañas de reducción del estigma. Entre las experiencias más efectivas destacan programas como Mates in Construction en Australia o Working Minds en Estados Unidos, los cuales integran la capacitación en PAP con la promoción de la ayuda entre pares y la creación de sistemas de alerta temprana.

Por otra parte, la guía de la Asociación Estadounidense de Hospitales (AHA, 2022) identifica tres factores que impulsan el riesgo de suicidio en el personal sanitario: el estigma asociado a la salud mental, la falta de acceso a recursos de apoyo y los estresores laborales crónicos. Frente a esta situación, recomienda “dotar a las y los trabajadores de la salud de una formación adecuada en respuesta mental, como los primeros auxilios en salud mental y los primeros auxilios psicológicos, además de promover campañas de sensibilización que reduzcan el estigma”.

Esta orientación coincide con las estrategias implementadas en la industria minera australiana a través del programa Mates en Minería, cuyo nombre —que en inglés significa compañeros o amigos— simboliza la solidaridad y el apoyo mutuo entre trabajadores. El programa se basa en el principio de que “aumentar la capacidad de las personas y de las comunidades para reconocer, prevenir y responder ante conductas suicidas es esencial para reducir la tasa de suicidios” (Mates en Minería, 2023). En este marco, cobra especial relevancia el modelo de Gatekeepers, entendido como la capacitación de trabajadores, líderes o pares estratégicos para identificar señales de riesgo, brindar contención inmediata y activar la cadena de apoyo. La evidencia en contextos de alta demanda —como minería y salud— demuestra que estas figuras fortalecen la prevención secundaria, articulando la detección precoz de riesgos psicosociales con la intervención PAP y la derivación profesional.

Su enfoque comunitario y participativo representa una transición desde el modelo tradicional de “búsqueda de ayuda” hacia un modelo de “ofrecimiento de ayuda”, donde son los propios compañeros quienes detectan señales de riesgo, se acercan, escuchan y conectan a la persona con los recursos de apoyo disponibles. De este modo, “se refuerza la confianza para intervenir, se reduce el estigma asociado a los problemas de salud mental y se fomenta una cultura de cuidado mutuo y seguridad psicológica en los lugares de trabajo” (Mates en Minería, 2023).

Tanto en el ámbito sanitario como en el minero —dos sectores históricamente expuestos a altos niveles de estrés, responsabilidad y aislamiento—, las experiencias de formación en primeros auxilios psicológicos y en ofrecimiento de ayuda entre pares demuestran que los principios de prevención del suicidio son universales y aplicables a todo tipo de organizaciones. En cualquier entorno laboral, generar espacios seguros, romper el silencio frente al sufrimiento y fortalecer las redes de apoyo son condiciones fundamentales para cuidar la vida y promover una cultura del bienestar colectivo.

Esta recomendación es coherente con el principio de seguridad psicológica definido por Edmondson, de la Escuela de Negocios de Harvard, quien la describe como “la creencia de que nadie será castigado o humillado por plantear ideas, preguntas o errores” (Organización Internacional del Trabajo, 2023). En otras palabras, la prevención del suicidio requiere entornos donde sea seguro hablar del sufrimiento.

En Chile, la circular N° 3873 de la Superintendencia de Seguridad Social (2025) incorpora los PAP dentro del marco de asistencia técnica preventiva, estableciendo que las entidades empleadoras deben “capacitar en primeros auxilios de salud mental, talleres de prevención del suicidio y recursos de apoyo emocional”. Este avance normativo, alineado con la Ley N° 21.643 sobre violencia y acoso laboral, marca un punto de inflexión en la comprensión del suicidio como riesgo psicosocial prevenible. El texto reconoce explícitamente que “es posible desarrollar una cultura que estimule la resiliencia y evite la toxicidad psicológica en los ambientes de trabajo”, vinculando prevención del suicidio con gestión organizacional.

La articulación entre políticas públicas, formación en PAP y cultura organizacional de cuidado constituye, por tanto, la base de un enfoque integral de prevención. En este modelo, los primeros auxilios psicológicos operan como puente entre la sensibilidad humana y la respuesta institucional. Su propósito, como lo señala Hernández-Cervantes (2023), es “proveer una ayuda inmediata, práctica y no intrusiva a personas en sufrimiento o que han sido expuestas a eventos críticos”, permitiendo restaurar temporalmente el sentido de control y dignidad del individuo. Así entendidos, los PAP no solo son un protocolo técnico, sino un gesto ético que rehumaniza la gestión del riesgo en el trabajo.

El desafío de la prevención del suicidio laboral, en consecuencia, demanda una alianza entre ciencia, derecho y sensibilidad institucional. Desde el nivel macro —normativo y político— hasta el micro —las relaciones interpersonales cotidianas—, cada acción de escucha, cuidado o derivación oportuna contribuye a fortalecer el tejido protector que puede salvar vidas. Porque, como recuerda la OMS (2006), “la prevención del suicidio es responsabilidad de todos”. En el mundo laboral, ello implica construir comunidades que no solo midan el rendimiento, sino también el sufrimiento; que no solo exijan productividad, sino que habiliten humanidad.

La convergencia entre intervención temprana, formación en PAP y redes de Gatekeepers configura un nuevo estándar organizacional de cuidado. La Ley 21.331 impulsa esta transformación al exigir planes de crisis y equipos capacitados, mientras que la experiencia internacional confirma que la combinación de PAP y Gatekeepers favorece la detección temprana, el bienestar colectivo y la sostenibilidad psicosocial de las organizaciones.

Las palabras tejidas en esta columna son el eco singular del autor, sin ataduras ni corsés editoriales. Aquí, la responsabilidad recae en quien escribe, no en las creencias de RH Management

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