Por Dr. Emilio J. Compte. Profesor Asociado Escuela de Psicología UAI
El suicidio es una de las principales causas de muerte en adolescentes y adultos jóvenes, tanto en Chile como en el mundo. Se trata de una cuestión mayor de salud pública, pero que con frecuencia se enfrenta con silencio y estigma. Hablar de suicidio de manera responsable es una de las formas más poderosas de prevención.
El suicidio no es inevitable. La investigación científica muestra que reconocer señales tempranas y ofrecer apoyo oportuno puede salvar vidas. Cambios bruscos en el estado de ánimo, aislamiento social, expresiones de desesperanza o la sensación de ser una carga para los demás son signos de alerta que no deben ser ignorados. Ante estas señales, la respuesta más valiosa no es el juicio ni la prisa por aconsejar, sino la disposición a escuchar, a estar ahí de manera constante y a acompañar a la persona en el camino hacia la ayuda que necesita.
Las comunidades juegan un papel central. Por ejemplo, estudios en contextos educativos han demostrado que capacitar a pares y docentes para identificar señales tempranas aumenta la posibilidad de que alguien reciba apoyo antes de llegar a una crisis.
En Chile, si tú o alguien que conoces está pensando en el suicidio o atravesando una crisis emocional, puedes llamar gratis al 4141, disponible todos los días y donde profesionales de la salud mental entregan apoyo anónimo y confidencial. También existen opciones en línea: el chat “Hablemos de Todo” del Instituto Nacional de la Juventud (Injuv), que ofrece orientación y contención diaria, y la Fundación Todo Mejora dispone de la plataforma “Hora Segura” para acompañar a personas Lgbtiq+ en momentos de crisis.
El suicidio se puede prevenir. Hablar, escuchar y actuar puede ser la diferencia entre la desesperanza y la posibilidad de encontrar un nuevo sentido.
Las palabras tejidas en esta columna son el eco singular del autor, sin ataduras ni corsés editoriales. Aquí, la responsabilidad recae en quien escribe, no en las creencias de RH Management