¿Por qué se enferman las empresas?

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Alejarse del propósito que un día construyó el alma de una empresa, es su talón de Aquiles. Esto ocurre cuando se enfocan en desafíos que no apuntan al futuro, confiándose y descuidando elementos clave para su salud, y corriendo el riesgo silencioso de debilitarla hasta que un día es muy tarde. Si las empresas se enferman, sus indicadores, sus trabajadoras y trabajadores también lo hacen. ¿Cómo enfrentarlo desde el rol de RH para mantener una empresa sana? Rodrigo Garib, Héctor Madrid y Sebastián Conde nos ilustran con su experiencia, lee a continuación.

 

Indicadores de salud versus resultados

Una organización que mantiene su salud, comenta el socio principal de People First, Rodrigo Garib, es una organización que mantiene sus indicadores en línea con aquello que ha definido de manera estratégica. ¿Qué los desvía de eso? “La causa más habitual de eso es que nos perdemos en el día a día. No tenemos la capacidad de tomarnos los espacios para mirar hacia delante, ver los nuevos desafíos que nos plantea el mercado, y por otro lado no ser capaz de visualizar o identificar cuáles son indicadores de salud clave en la organización”.

Estos, explica, son un conjunto de indicadores de distintos ámbitos, entre ellos la productividad, eficiencia, los niveles de rotación, niveles de clima, ingresos x colaborador, etc..

“Hay varias compañías que gestionan a través de sus estados de resultado, el cual, como su nombre lo dice, es el ·”resultado”  de la gestión que se manifiesta en muchas variables (medibles en indicadores) que tienen un impacto directo e indirecto”. Las compañías pueden tener un indicador de su salud organizacional que no está funcionando bien y si no se presta atención a ello, y solo se enfocan en sus resultados, los hará creer que van bien encaminados, lo que ignoran es que llegará un momento en que se perderá rentabilidad. Y se armará una estrategia para contener los efectos, cuando aquellos indicadores ya hayan afectado a los resultados.

Esto pareciera simple y obvio, pero lo que ocurre, explica Garib, es que muchas compañías no levantan estos indicadores porque puede ser incómodo y por que no visualizan la necesidad, ya que se fijan en la ultima línea y mientras los resultados se siguien dando, para qué preocuparse.

Tratar estos temas, dice, es una tarea que RH puede poner sobre la mesa, ya que se relaciona también con el desempeño de los ejectivos, pero debe ser un compromiso que trasciende a los demás componentes de la organización, y agrega que deben comprometerse a levantar sus indicadores, y que estos varían en cada organización, por lo que se debe hacer una observación minuciosa que aplique para cada caso.

El factor humano

Héctor Madrid, PhD, es, además, psicólogo y profesor de comportamiento organizacional en el área de personas de la Escuela de Negocios de la Universidad Adolfo Ibáñez. Para él, un factor clave para mantener la salud de una empresa es el humano. Las oportunidades, vínculos y herramientas para las personas y cómo se establecen las metas en dicha compañía.

“Cuando se enfoca principalmente en los desafíos que no apuntan al futuro, se pierde el propósito”, explica Madrid, “lo que se relaciona a que se pierde de vista la escala temporal a largo plazo, y las organizaciones se enfocan en metas de corto plazo perdiendo el norte y esas metas propuestas”.

Esto, asegura Madrid, afecta a los trabajadores porque las personas trabajan por un propósito. El dinero e incentivos son solo una parte de la motivación, pero el hecho de tener impacto en el entorno, en la vida de los demás, se captura en la visión del propósito. Y “sin eso se les debilita un aspecto principal para el compromiso de los trabajadores” dice.

Pero, ¿Cómo afecta la pérdida de propósito en la salud de los trabajadores? Héctor comenta que con personas que sufren desmotivación en el trabajo, la relación con la organización tarde o temprano, se va a enfermar, pues si bien las personas pueden seguir cumpliendo con los aspectos fundamentales de sus puestos de trabajo, se alejan de otras cosas como la creatividad, la colaboración, apoyo y su rendimiento decrecerá.

Y agrega que, a ojos de su experiencia, para que esto no ocurra, en forma sistémica existen tres criterios que deben cuidarse desde las empresas: El primero de ellos es la creatividad y libertad. Estas son necesidades psicológicas básicas para el bienestar, que tienen que ver con ser capaces de tomar decisiones, pensar proactivamente, tener autonomía y participación. El segundo punto es que las personas puedan crecer y desarrollarse, lo que provoca un impacto cognitivo. El último punto es la calidad de las relaciones dentro del trabajo: contar con vínculos sanos, fuertes y constructivos, y esto es crucial, pues cuando hay mala calidad de vínculos, las personas desarrollan malestar.

La magia del propósito

Sebastián Conde, profesor adjunto y director académico del Centro de Ingeniería Organizacional del Departamento. de Ingeniería Industrial, Universidad de Chile, describe en “Desafío Local: Un Propósito que Emociona”, en la Revista Otic Sofofa, junio 2019 que “un propósito alinea a la organización y un propósito compartido inspira al equipo”. Este es un elemento de motivación, movilización, sentido y conexión. Y mantenerlo vivo es magia pura.

Pero, dice Sebastián, “si el propósito no está conectado con la cultura de la organización no aporta, confunde y aleja. El conjuro se vuelve en contra de sus creadores. Las y los integrantes de la organización descubren que lo dicho no cuadra con lo hecho y el verbo ya no incluye. El contrato psicológico entre la persona y la organización cae en el abismo entre las declaraciones y las conductas y se quiebra irremediablemente. El compromiso cae en picada. Aumentan las renuncias lamentadas” dice.

Para medir estos problemas de cómo se enferman las empresas desde su estructura no se debe olvidar algo muy simple, asegura: conversar con las personas de la organización. “La o el líder debería invertir al menos un 25% de su día, semana y mes en materias relacionadas con las personas de la organización. Podría no hacerlo, pero a su propio riesgo”.

Para Conde, una empresa sana es aquella que es fiel a su propósito. “Aquella cuyos procesos no dañan. La que se preocupa por sus personas. Aquella que se re-imagina para sorprender a sus clientas y clientes. La que contribuye al desarrollo de un mejor futuro”.

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