¿Por qué nos cuesta tanto entendernos?

En un profundo análisis sobre los desafíos de la convivencia humana, el autor nos invita a reflexionar sobre la relevancia del autoconocimiento, la empatía y el diálogo constructivo para superar diferencias y fortalecer vínculos interpersonales.

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Por Fernando Véliz Montero. PhD, autor y coach ontológico

“Todo lo que nos irrita sobre los demás, puede llevarnos a una comprensión de nosotros mismos” (Jung).

Los conflictos y las tensiones en las relaciones humanas siempre han estado presente en nuestras vidas. No es fácil ponerse de acuerdo o ceder en un punto de vista, como tampoco, controlar nuestras múltiples emociones bajo un escenario de estrés y desgaste. Lo mismo ocurre con nuestros intereses personales o las ideas fijas que muchas veces nos gobiernan, o con el manejo de nuestros egos y juicios, o el cómo visualizamos el diálogo con la otra persona bajo un contexto de continua competencia. Por lo mismo, todo lo que nos golpea a nivel individual, por lo general, impacta también en otros. Y es por esta razón que el autoconocimiento resulta una dimensión fundamental para toda buena convivencia. “El misterio final es uno mismo” (Wilde).

Somos seres emocionales y altamente complejos, a ratos volátiles y en ocasiones, factibles de ceder a la intolerancia y el menosprecio por el otro. Y no es que seamos buenos o malos, ángeles o demonios, tan solo somos seres humanos, y eso ¡ya! es mucho decir. “Por todo lo que sabemos, la única razón de la existencia humana es encender una luz en la oscuridad del mero ser” (Adler).

Ver al otro como un contrincante que hay que vencer, resulta un camino fácil de abordar, el clásico para ser honesto. Más complejo es entender que la única “gran disputa” que tengo con esa otra persona, es que tenemos ideas distintas que debemos sí o sí sostener en la relación. Frente a esta realidad forjada desde el ser, en su momento, Aristóteles desde la filosofía argumentó, “Solo una mente educada puede entender un pensamiento diferente al suyo, sin necesidad de aceptarlo”. Y es bajo este escenario, la diferencia, que muchas veces toda posible cohesión humana se transforma en una ilusión compleja de alcanzar. Y como lo diría en su momento nuestro recordado Humberto Maturana: “Cómo ver al otro como un legítimo otro en la diferencia”.

Comparto algunas dimensiones que pueden fortalecer la cohesión y el entendimiento humano al interior de los grupos de trabajo:

Sumar la confianza como agente coordinador de acciones desde la buena fe; validar el poder del diálogo como espacio de encuentro e intercambio humano; integrar la empatía a las conversaciones desde una atenta conexión emocional; fortalecer conscientemente el autoconocimiento como recurso de expansión (individual/grupal); acoplar la colaboración como dimensión cultural en el hacer diario; sostener las crisis desde conversaciones honestas, valientes, resilientes y transparentes; fortalecer la escucha sin juicios ni predisposiciones frente al otro; aceptar la diferencia y descubrir riqueza en cada una de sus instancias; indagar y acceder a la otra persona desde un conocimiento atento, profundo y curioso; levantar una ética colectiva, verosímil y compartida; mantener siempre una autenticidad válida como individuo y colectivo de trabajo; evitar el rumor, la conversación fragmentada y opaca (poco transparente); sumar una cultura organizacional transversal e inspirada en valores reales (que vayan a la conducta); entender el rol de la participación en la construcción de una comunidad laboral afiatada y proactiva; asumir un papel activo por parte de los líderes para así mantener la coherencia y la consistencia en la cultura interna (valores); dar presencia a la asertividad como recurso apalancador de un diálogo digno y respetuoso; integrar el aprendizaje continuo al conocimiento transversal; darle un verdadero sentido a las relaciones interpersonales; articular un propósito compartido (para todos y todas); fortalecer con sólidos principios la identidad corporativa (quiénes somos) y transformarse, por último, en una verdadera y viva comunidad de aprendizaje.

Finalmente, las relaciones interpersonales, los vínculos y los espacios de abierto diálogo, son la conclusión de nuestra propia cosmovisión, autopercepción, valores, emociones e historia de vida. No hay azar en el cómo nos relacionamos, solo coherencia y consistencia desde lo que creemos y sentimos. Es decir, las relaciones humanas son el resultado de una opción libre e individual por convivir de una forma y no de otra. Y en donde al final del día, la aceptación (paréntesis de encuentro) y el entendimiento humano se transforman en lo único trascendente, es decir, en lo que verdaderamente nos importa. “Casi todas las cosas buenas que suceden en el mundo, nacen de una actitud de aprecio por los demás” (Dalái Lama).

Las palabras tejidas en esta columna son el eco singular del autor, sin ataduras ni corsés editoriales. Aquí, la responsabilidad recae en quien escribe, no en las creencias de RH Management.

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