Pérdida de poder, atomización de los sindicatos, trabajos precarios: las huellas de la dictadura en el trabajo

El historiador Sergio Grez, de la Universidad de Chile; el investigador Antonio Aravena, de la Universidad Diego Portales, y la abogada laboralista Carmen Espinoza, presidenta de la Asociación de Abogados Laboralistas (Agal), analizaron las reformas laborales que se impusieron desde el golpe militar, y los que se mantienen prácticamente incólumes hasta el día de hoy.

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El gobierno militar, acompañado de los civiles, comenzó desde el mismo mes del golpe a dinamitar los principales fundamentos  del mundo del trabajo: la solidaridad, la sindicalización, la negociación colectiva  ramal y el sistema de pensiones. Además, los sindicalistas fueron perseguidos, reprimidos y hubo mártires, como Tucapel Jiménez, asesinado por la CNI en 1982, cuando era vicepresidente de la Unión Democrática de Trabajadores.

El historiador de la Facultad de Humanidades de la Universidad de Chile, Sergio Grez, desde septiembre de 1973 las nuevas autoridades adoptaron medidas que apuntaron a la destrucción del movimiento de trabajadores, como los bandos que cancelaron la personalidad jurídica de la CUT, ordenaron su disolución y la liquidación de su patrimonio, eliminaron los permisos sindicales y establecieron la suspensión de la presentación y tramitación de pliegos de los sindicatos.

Grez señala que otra medida impuesta por la dictadura fue el establecimiento de tribunales especiales con participación de un representante de la Fuerzas Armadas para examinar el término de los contratos colectivos y nuevas causales de despido, “lo que sirvió para los iniciar despidos arbitrarios e ilegales sin ningún tipo de indemnización”. Además, un decreto ley reguló el régimen sindical, restringiendo el derecho a reunión, a condición de obtener autorización previa de la policía.

El historiador agregó que el conjunto de estas medidas que regularon la vida laboral hasta 1978, junto a los despidos masivos y la desindustrialización, “provocaron una virtual destrucción del movimiento sindical, que durante varios años quedó reducido a meras coordinaciones de dirigentes que intentaron, sin éxito, hacer valer los derechos de los trabajadores ante las autoridades”.

En 1978 se sentaron las bases del Plan Laboral ideado por el entonces ministro del Trabajo, José Piñera, “que fue la viga maestra de estas transformaciones y dio comienzo a una nueva etapa a partir de su promulgación el 2 de enero de 1979. Este plan apuntaba a entregar la mano de obra a los vaivenes del mercado y a la gestación de un sindicalismo limitado y apolítico, subordinado al libre mercado”.

Otros elementos que dinamitaron la relación laboral como se conocía 1973, fueron la eliminación de la negociación colectiva, colocando en su lugar la contratación individual, y el reemplazo de trabajadores en huelga, “lo que debilitó su poder como herramienta de negociación– y se limitaron las instancias en las cuales ésta podía llevarse a cabo (solo en el contexto de la negociación colectiva)”. Grez añade que también se prohibió que la negociación colectiva –ahora fuertemente reglada– se extendiera más allá de la propia empresa y que también fue eliminada la negociación por rama, que permitía a confederaciones de sindicatos profesionales negociar conjuntamente si estaban constituidos por la misma profesión u oficio quedó excluida.

En este contexto de debilitamiento del movimiento sindical por la represión, los despidos y las nuevas leyes laborales comenzó a surgir un sector de sindicalistas partidarios del diálogo y la colaboración con la dictadura, que apoyó la política de gobierno. Pero el panorama cambió tras la crisis económica de 1982, ya que a partir de mayo de 1983 se constituyó un referente sindical unitario —el Comando Nacional de Trabajadores—, que fue el organismo que convocó a las jornadas de protesta nacional y que posteriormente serviría de base para la refundación de la CUT.

“A las medidas políticas destinadas a la desarticulación del movimiento obrero y popular, se sumaron la pérdida de derechos sociales, la desindustrialización, la terciarización de la economía, la proliferación del empleo precario, la subcontratación y la aparición de una masa gigantesca de micro emprendedores, la mayoría de ellos trabajadores cesantes. La articulación de todos estos elementos transformó la mentalidad de gran parte de la población, en primer lugar, de la clase trabajadora que fue la más afectada, redundando en la mentalidad individualista que actualmente caracteriza a gran parte de la sociedad chilena”, concluyó Grez.

La influencia de los “Chicago Boys”

En lo hay coincidencia es que las transformaciones en la economía no habrían sido posibles sin los ideólogos civiles, es decir, los egresados de economía de la Universidad de Chicago. Antonio Aravena, Investigador adjunto Programa de Estudios Psicosociales del Trabajo (Pepet) de la Universidad Diego Portales explica que si bien el neoliberalismo se impuso en la década del setenta y ochenta del siglo XX, “sus antecedentes son previos y pueden asociarse tanto a las ideas del liberalismo económico como a los hechos ocurridos previo al golpe de estado”

Por ejemplo, señaló Aravena, en la década del cincuenta el gobierno de Carlos Ibáñez del Campo contrató la asesoría de la Misión Klein Sacks que sugería la liberalización de la economía. “Pero, claro, los “Chicago Boys” fueron más influyentes y promovieron una serie de reformas que se aplicaron en dictadura. Incluso, varios de ellos asumieron cargos en el régimen militar”.

La dictadura fue un proceso histórico “donde se mezclan factores de distinto tipo. En términos políticos, el propósito de poner fin al gobierno de la Unidad Popular fue central en las acciones de los mandos militares. Y en este sentido, las reformas de los Chicagos Boys apuntaban en una dirección similar, asegurando el término del proyecto socialista. Todo esto, como sabemos, se produjo en un contexto de abusos, asesinatos y violación de derechos humanos. Por otra parte, a diferencia de lo que sucedía en los años o décadas precedentes, las ideas del libre mercado y la reducción de la intervención estatal ganaron progresivamente espacios en el mundo empresarial y militar, conduciendo posteriormente a una profunda transformación de las instituciones (que es posible constatar en el campo de la salud, la educación o la seguridad social)”.

El académico agregó que, paralelamente se produce una reconfiguración del mundo empresarial que apoyó los cambios en el modelo económico. “Finalmente, sabemos que este modelo no ha funcionado como auguraban sus precursores y tras varias décadas, la desigualdad, el endeudamiento y la baja densidad de la democracia siguen siendo temas de discusión”.

Al consultarle de qué manera la dictadura atizó el individualismo en las relaciones laborales, Aravena explicó que “junto con los cambios políticos, económicos y jurídicos durante el régimen militar se producen cambios socioculturales de gran trascendencia. Entre ellos, la difusión del individualismo y la cultura del consumismo. Esto es importante desde la perspectiva de las organizaciones sindicales que se fundan en el valor de la ayuda mutua y la colaboración. Y más ampliamente, incide en la fuerza que se asigna al trabajo en tanto espacio creador de identidad individual y colectiva, de valores que apuntan al bien común y la solidaridad”.

La desprotección de los trabajadores

También hay consenso entre los especialistas respecto a que los trabajadores quedaron en indefensión, asunto que se ha corregido muy poco. Carmen Espinoza, presidenta de la Asociación Gremial de Abogados Laboralistas de Chile (Agal) analizó este tema el viernes 1 de septiembre en un seminario del Centro de Estudios de Derecho del Trabajo y Seguridad Laboral (Centrass). El título de su exposición fue “El Plan Laboral, consecuencias que viven los trabajadores y trabajadoras hasta hoy”.

La abogada planteó que con la democracia hubo recuperación de algunos derechos , “lo que no se ha recuperado y pareciera que está muy difícil que vuelva es la participación con voz y activa de los trabajadores organizados y eso está muy relacionado con el Plan Laboral en que se mantiene en todas sus bases y sus ejes en el Código del Trabajo, pero sobre todo en la cultura de trabajo que tenemos hoy”.

De hecho, la abogada comentó que los actuales sindicatos están atomizados en una misma empresa y son muy débiles, por lo cual se mantiene “la incapacidad de negociar colectivamente con resultados que realmente signifiquen una mejora importante y sustancial a las condiciones de trabajo y al mejoramiento de las remuneraciones y beneficios para las familias”.

Agregó que hoy es difícil ejercer derechos, “no solo porque no existen condiciones legales en el ordenamiento jurídico que hagan potente los sindicatos, sino porque las personas, los trabajadores, los pobladores, la sociedad toda se quedó con el modelo neoliberal e integrado en sus genes, el individualismo, el consumo, la competencia, la falta de solidaridad, la falta de fraternidad, la falta de preocuparse por los demás”.

La irrupción digital actual también es un tema que quedó al arbitrio del mercado, de modo que aquellos que no pueden entrar, “son marginados y las distancias se agrandan. Un niño que no tiene la posibilidad de acceder a internet todo el día a un buen computador y, sobre todo, a entender estos nuevos lenguajes”. Además, ante la imposibilidad de acceder a la tecnología, las familias más precarizadas pueden quedar fuera de los beneficios a los que se postula en línea.

Agregó que lo que se vive hoy, y que partió en dictadura, es “el avasallamiento del mercado sobre las personas. Hoy día las familias se endeudan para poder comer, para parecer que les está yendo bien y luego son masacrados por el sistema de cobros, con embargos que le quita sus casas e incluso algunos que están impedidos de trabajar formalmente, porque aun cuando la legislación lo prohíbe, en muchos casos tienen dificultades para encontrar un trabajo formal por sus deudas”.

Una de las cosas que hemos perdido como sociedad ha sido la capacidad de reflexión, sobre lo que nos ha pasado y “solamente queremos competir, queremos ganar, queremos que otros, unos terceros, nos resuelvan los problemas. El tema específicamente del trabajo, la mayor dificultad es que los empleados no están dispuestos a organizarse, prefieren estar solos, prefieren hacer una “negociación” con su empleador para hacer lo que el empleador quiera a costa de lo que sea, para mantener su trabajo, sobre todo en familias que están endeudados”.

Al consultarle por qué se impuso la mentalidad en los trabajadores de aspirar a tener una pyme o un emprendimiento, en vez del Estado o una gran empresa, respondió: “Ese fue un cambio estructural y pensado, que no vino solo de la dictadura, sino que vino de los organismos financieros internacionales que instruyeron y financiaron todos los emprendimientos que significaran que los trabajadores dejaran de pensar que eran trabajadores”.

Así, cuando una persona trabaja, por ejemplo, elaborando pasteles y su único comprador es una pastelería grande, en realidad es un trabajador, “pero le hicieron creer que era un empresario, que era un emprendedor y eso forma parte del sistema neoliberal”.

La otra cara de este fenómeno es llamar a los trabajadores como colaboradores, “se les hace creer que son parte de una empresa y ellos en general, todos hablan de “mi empresa” como si fuera su propiedad y la verdad es que es simplemente un trabajador que va a ser desechado en el minuto que el empleador le parezca pertinente”.

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